Capítulo 25: "Códigos"

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Me pongo los auriculares.
La voz de Calero, me cala.

Siento su dolor.
Siento su amor.

Tú y yo, nos entendemos con miradas.
Ni códigos, ni palabras.
Pero...

Estamos a una semana del Pregón

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Estamos a una semana del Pregón.
¿No sabéis qué es verdad? O quizás si.
Igualmente, explicaré brevemente.
Es una fiesta para los alumnos de 2° de bachillerato.
Bailamos, reímos, imitamos a profesores.
Requiere ensayo, y aún apenas hicimos nada.

Me he levantado con unas ganas increíbles de practicar nuestra breve actuación.

Y aunque aún son apenas las siete de la mañana, quiero que sean las tres y media.

Sí, ya lo dije anteriormente. Soy muy impaciente.

Pero, ¿sabes? El hecho de saber que después de clase , pasaríamos un buen rato, me motivaba más.

Y al fin, llegó el momento.
"E", "N" y yo nos fuimos a comer.
De nuevo, con su cigarrillo en la mano.

Una pizza.
Sí, eso pedimos en el bar de al lado.

Luego, tuve una larga charla con "E".
Sentados en la entrada del colegio.
En parte, estábamos matando el tiempo.
Los ensayos empezaban a las cinco y yo, vivo lejos.
No puedo ir y volver en una hora, ya que el bus, tarda eso mismo. Una hora en llegar.

Nos sentamos en las escaleras, y entre risas, recordamos nuestra primera conversación.
Hablamos de todo y de nada a la vez.

Pero... Si es que en ocasiones no hace falta de hablar nada en concreto.

Finalmente comenzaron los ensayos.
Increíble.
Increíbles todos.
Inigualables.
Impresionantes.
Talentosos.

No os podéis imaginar lo mucho que reímos esa tarde y las siguientes.

Salí de allí a las siete y media de la tarde, pero ya era de noche.
El bus, como de costumbre, tardaba en llegar.
Igual, te vas acostumbrando a esperar.
Cerca de las ocho y cuarto iban a dar.

Finalmente me monté en un bus, que, ni siquiera me dejaba dónde quería.
Tendría que andar veinte minutos, subir una cuesta y bajar otra.

Te mentiría si te digo que no sentí miedo.
No acostumbro a salir de noche.
Ni de fiesta.
Ni con amigos.
Salgo muy poco.
Y si lo hago, es para ir a clases y poco más.

Me puse los auriculares, me ayudan a echarle valor a caminar.
Aunque por aquel callejón, mis piernas temblaban.

Aunque por aquel callejón, mis piernas temblaban

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Estaba vacío, al parecer.
Llámame idiota por andar por allí, si quieres.

Bueno, empecé a acelerar la marcha cuando ví que un coche me seguía.
Pensé que eran paranoias mías.
Pero no, no lo eran.

Con miedo, porque no sabía a quién acudiría, me metí en una calle sin salida.

Para mi fortuna, todo estaba oscuro y el coche, pasó de largo.

Hacía rato que mi música se paró.
Al igual que el infarto que me iba a dar allí mismo.

Permanecí un rato de pie.
Sin moverme.
Pude ver cómo el coche volvía a recorrer la calle.
De arriba a abajo.
Cómo si se le hubiese perdido alguien.

Mis latidos iban a mil.
Mi corazón parecía desbocarse.
Creía que eso no tendría final feliz.

Pero se fue.
Al fin.

No os podéis imaginar el miedo que pasamos nosotras a veces.

Y no importa cómo vistas.
De verdad.

Siempre hay alguien esperando para hacer daño.

Ley de vida.

"IMPOSIBLE"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora