Magali
Escucho los ladridos de mi perra Lily que vienen desde la calle, parece que está asustada, reconozco ese tono de enfado en sus ladridos, algo no está bien. Abro la puerta para buscarla y me sorprendo al ver que está corriendo hacia la calle, que está corriendo mientras gruñe y ladra sin parar. Trato de gritarle pero no me salen las palabras, no puedo decirlas, sólo logro decir entre dientes:
—Lily. —Cuando una mano me tapa la boca y siento como alguien me aprieta todo el cuerpo empujándome hacia atrás con una gran fuerza.
Trato de gritar pero no hay efecto, solo me salen ligeros gemidos que nadie puede escuchar, que nadie puede oír; todo comienza a darme vueltas, trato de mantenerme consciente, de estar alerta, pero el cuerpo se me entumece y sólo logro oír cómo un murmullo:
—Eres mía.
Todo está oscuro, trato de moverme pero no puedo, es como si estuviese atada a algo, las muñecas me arden y siento un ligero calor que se esparce por ellas, un ardor seguido de un dolor leve, un dolor que me entumece la muñecas más por la izquierda que por la derecha.
Trato de levantarme despacio, algo que se me complica por culpa de la posición en la que estoy: tengo los brazos hacia atrás y parece que están atados a un palo largo o algo por el estilo, no lo sé. No puedo ver nada por más que fuerce la vista, lo único que puedo reconocer es ese aroma ese ligero y breve a lavanda.
El suelo esta frío, lo siento en mis pies y en mis glúteos que comienzan a incomodarme
¿Dónde estoy? ¿Qué está pasando?
Pasan las horas y ya comienzo a sentir el cansancio y una gran desesperación, trato de quitarme las cuerdas de la muñecas moviendo los brazos de adelante hacia atrás, pero sólo logro que se raspen más y más las muñecas que ya hace como media hora que están sangrando, que le salen pequeñas gotas de sangre que las siento recorrer la piel muy lentamente hasta caer al suelo y escuchar el pequeño eco que forman, es el único sonido que logro escuchar además de el de mi respiración y los movimientos de mi cuerpo por tratar de escapar, por tratar de liberarme de estas cuerdas gruesas y firmes.
Logro escuchar que alguien se acerca, oigo el eco de sus pequeños pasos que hacen que tiemble de miedo, sé lo que va a pasar. Estoy perdida, este es mi fin.
Escucho el clip del interruptor que enciende una luz blanca muy potente que me ciega, que me obliga a cerrar los ojos y abrirlos de apoco muy lentamente, y para cuando ya los tengo abiertos logro distinguir una figura masculina, un hombre muy alto, vestido de traje y corbata negros y una camisa blanca, no logro verle el rostro porque tiene una máscara negra que me hace temblar aún más, me hace temerle más. En su mano derecha sostiene un vaso de vidrio con agua y en la izquierda un trozo de pan.
—Tienes que tomarte el agua —su voz es muy gruesa, no logro reconocerla y tampoco logro levantar la cabeza para tomar el agua—. Anda, tienes que hacerlo —dice mientras me agarra del cabello y me obliga a levantar la cabeza mientras pone el vaso con agua sobre mis labios secos.
Comienzo a tomar el agua de a poco, despacio para saciar esta sed que tengo desde hace muchas horas; no logro decir ninguna palabra, no me sale hablar por el miedo.
Las horas pasan y el hombre aun no vuelve. Antes de irse dejó el trozo de pan a dos metros de mí, como burlándose, si no fuera suficiente el hecho de que me tiene contra mi voluntad.
¿Qué quiere? ¿Cómo quiere que alcance el trozo de pan?
Siento que es una burla, ni aunque estirara los pies podría llegar a él y aun peor tengo las manos atadas hacia atrás en una especie de palo largo, ahora que me doy cuenta es una viga de madera muy gruesa y corrugada.
Escucho sus pasos con ese ligero eco, lo escucho claramente, pero esta vez no enciende la luz, no tiene agua y mucho menos otro trozo de pan. Él se agacha detrás de mí y parece que está cortando la cuerda, quizás con un cuchillo. Siento el movimiento que hace de arriba a abajo, ese movimiento hace que la cuerda se mueva sobre las heridas de mis muñecas, haciendo que el ardor sea más fuerte, lo suficiente para qué se me escape un "ay" que lo hacen parar por un segundo, pero después sigue más fuerte y más rápido, siento como pequeñas gotas de sangre salen de la herida de mi muñeca izquierda.
—Sería incomoda esa posición —dice mientras me toma del cuello obligándome a levantarme.
Él me recorre el cuerpo con su mirada y comienza a tocarme los senos con su otra mano, me los aprieta y los acaricia despacio. Esto me está doliendo, no quiero esto, as alguien me ayude. Es lo único que pienso mientras lloro al sentir sus grotescas manos recorrer mi cuerpo de apoco.
—Quítate la ropa —me ordena, sosteniendo mi cuello. Yo solo logro asentir con la cabeza y temblando de miedo, entre lágrimas.
Ya estoy desnuda, como Dios me trajo al mundo, tapándome con las manos mi parte íntima, como esperando que no sea más que esto, que no sea más que un susto. Veo cómo él se desabrocha su cinturón de color negro (que tiene una hebilla grande, cómo las que usan los vaqueros en las películas antiguas) con una mano y no puedo evitar llorar más fuerte, llorar sin control. Trato de correr hacia las escaleras pero él me detiene de un empujón que me hace perder el equilibrio y caer de espaldas contra el piso. Siento un golpe seco cerca de la nuca, siento el golpe y todo se vuelve oscuro, todo se desvanece como si apagaran la luz.
Abro los ojos, y lo único que logro ver son árboles, árboles y más árboles y alguna que otras plantas. Escucho de fondo el sonido de la corriente de agua, ese sonido que me obliga a levantarme o a intentar hacerlo, siento todo el cuerpo adolorido, entumecido, me cuesta ponerme de pie y caminar pero lo hago de todas formas ¿Y qué otra cosa puedo hacer? ¿Sentarme y esperar? No lo creo.
Sigo caminado con mi cuerpo desnudo y cada vez me cuesta más, la humedad hace que el dolor sea peor y más en mis muñecas que están todas llenas de heridas y de sangre. Trato de seguir el paso pero el cuerpo se me hace pesado.
Sigo caminando hasta escuchar el ruido de autos y no son muchos, solo son autos que pasan y vuelven a pasar... Es... Es la autopista que cruza por el medio de este espantoso bosque (o yo lo veo como un bosque).
Trato de aumentar el paso para llegar más rápido a buscar ayuda, y lo veo entre los árboles. Ahí está el camino por donde pasan algunos autos.
—¡AYUDA! —Es lo que grito una y otra vez mientras me acerco al camino.
Una mujer se detuvo en el camino y me subió a su auto, me dio su chaqueta de color verde, que era muy grande y me cubre hasta los muslos. Esta mujer que parece tener unos 20 a 30 años, sus ojos me miraron con una gran lástima y temor. "Le debo la vida" es lo que pienso mientras me quedo dormida en el asiento trasero de su auto, que debo decir es muy grande y cómodo.
Me levanto en lo que parece ser un hospital, lo noto por las sábanas blancas que me cubren, la aguja que conecta con el suero en mi brazo y toda las paredes de blanco, menos la parte de abajo que está pintada con un pequeño gris.
Estoy viva es lo único que pienso, estoy viva.
—Hola, soy la detective Cooper, pero tú dime Ana. —una voz suave me hace voltear hacia la izquierda y logro distinguir el uniforme de policía de color azul y a su lado cuatro mujeres más, una vestida con una bata blanca y un ambo Celeste, supongo que es doctora y las otras no logro verlas bien.
—Oficial Cooper, tiene que descansar, cuando se encuentre en un mejor estado podrá hacer sus preguntas, sé que es su trabajo. —una voz muy fuerte me hace voltear a la derecha y me sorprendo al ver a la mujer que me recogió en el camino, esa mujer que me salvó la vida.
—Si tiene razón doctora Lenor, estaré afuera, este caso es prioridad.
—Lo sabemos por eso la contactamos a usted, detective.
—Gracias —logro decir entre dientes mientras trato de levantar la cabeza.
—Despacio pequeña, no te muevas mucho, aún estas débil. —dice la mujer que me encontró en el camino mientras pone su mano en mi cabeza.
—Tranquila niña, ahora solo descansa un poco, después volveremos y hablaremos —me pide la detective Ana Cooper.
Me recuesto de nuevo y todo se torna oscuro, pero esta vez estoy tranquila, esta vez estoy a salvo.
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Relatos Perdidos
Tajemnica / ThrillerLos secretos pesan más de lo que uno se lo puede imaginar, pesan y son una carga grande para estas mujeres que aun no lo saben pero comparten algo en común, comparten su pasado, sus relatos perdidos
