CAPÍTULO 11

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Edgard Wirz :

Las patrullas rodean el hospital, su ruido hace que todas las personas y el personal medico se alteren un poco más de lo común.
Esto debe ser por Ámbar, seguro el padre ya se entero de la situación.
Las sirenas se apagan y todo parece estar tranquilo, pero de un momento a otro se escucha un gran estruendo, es el ruido de las puertas de la entrada golpear contra la pared demasiado fuerte, un golpe seco que genera un ruido que aturde a todos.
Se logra ver a simple vista al padre de Ámbar, ese hombre que tiene unos 67 años y aún así se niega a dejar su trabajo, algo muy peculiar. Su uniforme es diferente al de los demás. Mientras que el resto tienen el uniforme de color azul, el tiene uno de color gris ocre, algo desgastado por el paso del tiempo, tiene puesto un sombrero de color negro, un sobrero Cowboy también desgastado por el tiempo. Sin dudas su estilo es muy diferente al del resto del pueblo, sus botas de color marrón hacen un ruido fuerte en cada paso, cada paso que hacen que se agiten sus dos armas que están en esas fundas de color marrón, dichas fundas cuelgan de su cintura.
sus dos mágnum 357. De color gris, con un mango negro. Lo sé porque tuve la dicha oportunidad de verlas cuando Ámbar me presento con su familia, eso ya hace unos años, siempre fui bien recibido por ellos, no por caerles bien, si no por mi familia, mi adinerada familia.
De tras de el, logro ver al hermano de Ámbar, este hombre que tiene unos 35 años, bastante alto, muy corpulento. Su uniforme de color azul hacen juego con sus ojos celestes. Y su cabello oscuro hacen juego con sus borcegos de color negro.
El camina casi con el mismo andar de su padre. Una mano sobre la funda de su arma, que está en el lado derecho y el otro brazo bien estirado, con una postura firme y bien recta, que hace que sobre salga del  resto de sus compañero e incluso que su padre que tiene un uniforme diferente, algo digno del futuro jefe del departamento cuando su padre deje el lugar.
Me pregunto como hubiese sido mi vida si hubiese seguido la carrera de policía, seria algo totalmente diferente y quizás más emocionante que este hospital, aunque debo admitir que salvar vidas es algo satisfactorio, me gusta hacer esto. Pero aveces es aburrido y no presentan ningún reto, no como los de hoy, donde más de 30 personas llegaron de un accidente y la poca mayoría fue de gravedad, pero los que si fueron de gravedad, fueron algo diferente a lo que me acostumbraba, especialmente el hombre alto que llego con un brazo salido de lugar, que nos costo demasiado devolver a su lugar, por su musculatura casi similar a la del hermano de Ámbar. Fue un pequeño desafío, pero no tanto como el caso de la chica de ayer, esa pequeña joven que seguramente sufrió mucho, pero al final en el quirófano fue todo un éxito, sin perder tiempo en hacer estudios preliminares logramos quitar cada uno de esos pequeños fragmentos de vidrio.
Mi compañera Lenor Miller fue de gran ayuda en ese momento junto con Luana, y los demás del grupo médico.
Resalto siempre a Luana, porque es una enfermera muy sensible, algo poco común en este lugar, siempre esta entre llantos con cada paciente, algo que es sumamente raro.
Esta carrera no era para ella, pero tuvo que hacerla casi por obligación, su madre es una de las mejores cirujanas de todo el pueblo, y es reconocida en otras partes del mundo, digamos que con esa presión, más puesto que su familia es una de las más ricas junto con la mía.
Este pueblo nos obliga a hacer cosas que quizás no queremos, yo quería ser policía, pero mi familia me presionó y obligo a estudiar medicina, que debo decir no esta nada mal, pero no es lo mío.
Con Luana es lo mismo, no tengo mucha relación con ella, pero recuerdo que una vez me menciono que quería ser maestra de nivel inicial. Algo que sin dudas le quedaría bien por su comportamiento compasivo y paciente.

Los oficiales de policía me ven y siguen de largo. Incluso el padre y hermano de Ámbar, es como si no fuese nada para ellos, ni una pequeña mirada me echan.
Caminan directo hacia la doctora Lenor Miller que esta junto a la oficial Cooper, que desde ayer que no se va del hospital. Bueno hoy se fue corriendo a la casa de los Gratha.

No logro escuchar bien el intercambio de palabras entre el padre de Ámbar y la oficial Cooper. Pero sin dudas se siente la tensión en el ambiente.
El padre de Ámbar recorre despacio el pasillo, muy lentamente, con pasos fuertes y duros. Camina por el pasillo y golpea la pared del lado derecho, le da dos o tres golpes secos seguidos de un grito de angustia.
La doctora Lenor camina hacia el junto con la oficial Cooper.
No escucho nada de lo que dicen pero sin dudas están tratando de calmarlo.
Y debo decir calmar a este hombre es algo muy difícil de lograr, pero no imposible.
Yo solo me quedo viendo esta desgarradora imagen de un padre que sufre por su hija, de un padre que siente dolor, que de seguro no puede entender el porque alguien haría esto, y no lo culpo, ni yo entiendo porque estas cosas pasan.
Los gritos de apoco se apagan, los oficiales de policía rodean a el padre de Ámbar, entre ellos esta el hermano de Ámbar. Que, no muestra ni una gota de angustia, ni tristeza, ni nada por el estilo, se lo ve tranquilo y con el rostro calmado.

—Por esto odio trabajar en el hospital — comenta Luana cruzando los brazos.

—No te culpo...

—Iré a la habitación de la chica de ayer, quizás se este asustando por todo este estruendo — confiesa, mientras comienza a caminar.

—Te acompaño —  le digo, y solo le sigo los pasos.

En el camino pasamos por al lado de todos los oficiales de policía, yo miro intrigado por todo esta escena y pienso un poco en que cuando los padres de la chica de ayer vengan, todo esto sera una escena de dolor.
Yo no puedo imaginar el dolor que deben sentir, lo que deben estar sufriendo, lo que deben estar sintiendo, cómo les debe quemar el pecho y cómo la respiración se les hace lenta y dolorosa.

Entramos en la habitación donde se encuentra esta chica que tiene un cierto parecido a Ámbar. La chica esta durmiendo, y no por el efecto de los sedantes que le dieron anteriormente.
Los ruidos de esa escena tan triste comienzan a apagarse y se escucha claramente la voz de la oficial Cooper, esa voz tan calmada.

—Estamos contigo — es lo que dice la oficial.

Esto sin dudas será todo un escandalo en el pueblo y hasta que no encuentren al culpable no van a parar, no importa si les lleva años, el padre de Ámbar no se de tendrá hasta que el que le hizo esto a su hija lo pague.

Relatos PerdidosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora