20 de diciembre
Querido Papaíto-Piernas-Largas:
Dispongo de sólo un momento, pues debo asistir a tres clases, hacer un baúl y una valija, y alcanzar el tren de las cuatro. Pero no podía marcharme sin enviarle una palabra para agradecer mi "cajón" de regalos de Navidad.
Estoy encantada con las pieles, el collar, la echarpe (los guantes, los pañuelos, los libros y la cartera) y, más que nada, lo adoro a usted. Aunque, de veras, Papaíto, no tiene por qué mimarme tanto. Después de todo, soy humana... una chica, para peor, y corro peligro de echarme a perder para siempre. ¿Cómo quiere que me concentre en mi carrera, que exige tanto estudio, cuando usted me desvía la atención con tantas frivolidades mundanas?
Ahora tengo fuertes sospechas de cuál era el tutor que regalaba al asilo el árbol de Navidad y los helados de los domingos. No sabíamos su nombre, pero "por sus obras, lo conozco", como dice la Biblia. Merece usted ser muy feliz por todo el bien que hace a los demás.
Adiós. Le deseo una muy venturosa Navidad.
Siempre suya,
Judy
P. D. Yo también le envío un pequeño obsequio. ¿Cree usted que le gustaría si me conociera?
ESTÁS LEYENDO
Papaíto piernas largas
Ficção Adolescente¡Libro de la magnífica Jean Webster! Judy Abbott es una muchacha alegre, inteligente, amable y trabajadora que no conoce el mundo más allá de los muros del orfanato donde se ha criado... hasta que su vida da un vuelco cuando un misterioso millonario...
