10 de junio
Querido Papaíto:
Ésta es la carta más difícil que he escrito en mi vida, pero ya he decidido lo que voy a hacer y no habrá ningún cambio de idea. Es dulce, generoso y bueno de su parte querer mandarme a Europa este verano, y por un momento casi me enloquezco de alegría y digo que sí. Pero, pensándolo mejor, la prudencia me índica decir que no. Sería muy ilógico no aceptar su dinero para mi educación y luego gastarlo en diversiones. No debe acostumbrarme usted a tantos lujos. Uno no extraña lo que nunca ha tenido, pero es duro pasarse sin ciertas cosas una vez que se ha habituado a ellas, más aún si se ha llegado a sentir que le corresponden por derecho. Ya el hecho de vivir con Julia y con Sallie representa una gran prueba para mi filosofía estoica. Ellas han tenido de todo desde que nacieron y aceptan la felicidad como lo más natural del mundo. Creen que el mundo les debe todo lo que ellas puedan desear. Y quizá se lo deba, ya que, por lo pronto, se hace cargo de la deuda y paga.
En cuanto a mí, el mundo no me debe nada y desde el primer momento se encargó muy bien de hacérmelo saber. No tengo ningún derecho a pedir prestado a crédito porque llegará un día en que el mundo no va a reconocer mi pretensión.
Parece que me sumerjo en un mar de metáforas, pero tengo esperanzas de que comprenda lo que le quiero decir. Sea como fuere, tengo la fuerte convicción de que lo único honrado que puedo hacer este verano es dar clases y empezar a ganarme la vida.
Magnolia Cuatro días después
Había llegado a ese punto de la carta y ¿qué cree usted que sucedió? Apareció la mucama con la tarjeta del niño Jervie. Él también se va al extranjero este verano, no con Julia y su familia sino por su cuenta. Le conté que usted me había invitado a ir a Europa con una señora que lleva a un grupo de chicas. Jervie conoce su existencia, Papaíto. Es decir, sabe que mis padres han muerto y que un bondadoso caballero me costea la universidad. No he tenido nunca valor para contarle del asilo John Grier y todo lo demás. Cree que usted es mi tutor y un viejo amigo de la familia y que todo es perfectamente adecuado y normal, y jamás le he dicho que no lo conozco, cosa que le parecería muy rara.
¡Hay que ver cómo insistió para que aceptara el viaje a Europa! Dice que eso constituiría una parte de mi educación y que no debo negarme ni soñando. También me dijo que él estará en París al mismo tiempo que yo y que de vez en cuando podría escapar de la chaperona y comer con él en pequeños restaurantes extranjeros pintoresquísimos.
Bueno, Papaíto... Todo era muy tentador y casi aflojo. Si Jervis no hubiera estado tan mandón, probablemente habría cedido. A mí se me puede engatusar poquito a poco, pero me niego a que me fuercen. Me dijo que era una chiquilina estúpida, necia, irrazonable, quijotesca, idiota y testaruda (son algunos de sus adjetivos, el resto no los recuerdo), que no sabía lo que me convenía, que debía dejar a los mayores que decidieran por mí... ¡Casi nos peleamos! No estoy muy segura de que no haya sido precisamente lo que ocurrió.
De cualquier modo, hice mi baúl y me vine aquí. Me pareció mejor quemar las naves antes de ponerme a escribirle. Las pobres están ahora reducidas a cenizas y aquí estoy, en La Cima (que es como se llama el chalet de la señora Paterson), con la ropa toda guardada y Florencia (la chica menor) luchando ya con los sustantivos de la primera declinación. Me parece que va a ser una lucha sin cuartel, ya que es una niña horriblemente mimada y sé que me va a dar mucho trabajo. Primero tendré que enseñarle a estudiar, pues en su vida se ha concentrado en nada más complicado que un ice-cream soda.
Como aula de clase utilizamos un rincón tranquilo de las rocas —la señora Paterson prefiere que las tenga al aire libre el mayor tiempo posible—, y debo confesar que a mí también me cuesta concentrarme con el mar frente a mí y los barcos navegando por delante. ¡Cuando pienso que yo podría estar en uno de esos barcos, viajando a tierras extranjeras! ¡Pero no dejaré que eso me distraiga ni me permitiré pensar en otra cosa que no sea la gramática latina!
Las preposiciones ab, a, absque, coram, cutn, de, e, or, ex, prae, pro, sine, tenus, subter, sub y super rigen el ablativo.
Como verá, Papaíto, estoy sumergida en el trabajo y bien pertrechada contra la tentación. No esté enojado conmigo, por favor, y no crea que no sé valorar su bondad, porque la valoro y la valoraré siempre. El único modo de compensarle es convirtiéndome en un ciudadano muy útil.(¿Las mujeres son ciudadanos? Me parece que no.) Digamos entonces una persona muy útil. Y más adelante, cuando me contemple, podrá decir: Yo fui quien dio esta persona útil al mundo. Suena bien, ¿no? No quiero que se engañe, sin embargo. A menudo me asalta la idea de no ser ya en modo alguno notable. Es divertido proyectar una carrera y soñar con el éxito, pero lo más probable es que no resulte yo un ápice distinta de la persona común. Puedo terminar casándome con un empresario de pompas fúnebres y ser para él una inspiración en su trabajo.
Siempre suya,
Judy
ESTÁS LEYENDO
Papaíto piernas largas
Fiksi Remaja¡Libro de la magnífica Jean Webster! Judy Abbott es una muchacha alegre, inteligente, amable y trabajadora que no conoce el mundo más allá de los muros del orfanato donde se ha criado... hasta que su vida da un vuelco cuando un misterioso millonario...
