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Miró su reflejo en el espejo. Harry le había dicho que se vistiera informalmente y le había hecho caso. Llevaba unos vaqueros y una blusa blanca y azul marino. En lugar de sus habituales zapatos negros se había puesto unas zapatillas deportivas blancas. Tras una última y nerviosa mirada al espejo, tomo la maleta y salió del dormitorio.

Su jefe estaba sentado a la mesa de la cocina, flanqueado por su madre y su hermano. Liam le estaba hablando de las clases a las que asistía en la universidad local.

Mientras su hermano hablaba, se tomó un momento para observar al hombre que iba a ser su supuesto marido durante la siguiente semana. Vestido con vaqueros y un polo de manga corta que enfatizaba sus anchos hombros y bíceps, resultaba demasiado masculino y viril como para dejarla tranquila.

—Parece que tienes un horario muy duro —comentó Harry cuando Liam terminó de hablar.

Joss se acercó a su hermano y le puso las manos en los hombros.

—Liam puede con él. Fue el primero de su promoción en el colegio y ha recibido ofertas de becas de las mejores universidades del país.

Janette palmeó la mano de su hijo.

—Y el año que viene irá a una de esas universidades.

—Ya veremos, mamá —dijo Liam, sin comprometerse.

Harry se levantó y miró a Joss

—Nos espera un largo trayecto. Será mejor que nos pongamos en marcha.

—Sí, claro — Joss tomó su maleta y se encaminó hacia la puerta de salida.

—Déjame —Harry le quitó la maleta de la mano y se volvió hacia la madre de Joss Ha sido un placer conocerla, señora Samuels. Me ocuparé de devolverle a su hija sana y salva el próximo domingo.

Janette sonrió,

—Muy bien. Espero que sus negocios vayan bien.

—Adiós, hermanita —dijo Liam.

—Adiós, Liam. Y no faltes a clase mientras estoy de viaje—bromeó Joss.

Una vez fuera de la casa, respiró aliviada. Harry metió su equipaje en el maletero mientras ella entraba en el deportivo rojo.

—Siento no haber estado lista cuando ha llegado. No pretendía que tuviera que charlar con mi madre y mi hermano —dijo Joss, nerviosa, mientras Harry ocupaba su asiento ante el volante.

—No me ha importador—contestó él. Tras arrancar el coche, se volvió a mirarla—. De hecho, me ha parecido bastante interesante. Este fin de semana, mientras leía el informe que me habías preparado, he comprendido que apenas sabía nada sobre ti. Y por cierto, será mejor que empieces a tutearme. Resultaría muy extraño que me trataras de usted estando casados.

Joss asintió.

—No hay mucho que saber —dijo, mientras él ponía el coche en marcha.

—Al contrario. No sabía que tuvieras familia. Siempre estás disponible para trabajar horas extra y los fines de semana. Si no recuerdo mal, la pasada nochebuena supervisaste una fiesta en mi casa durante casi toda la noche.

Joss se encogió de hombros.

—No estoy casada ni tengo hijos. Mamá y Liam saben cuánto me importa mi trabajo —se preguntó si aquel sería el momento adecuado para decirle a su jefe lo insatisfecha que estaba con su situación en la oficina, pero decidió no hacerlo. Esperaría al viaje de vuelta.

Mientras salían de la ciudad, miró a Harry de reojo, comprendiendo que, probablemente, aún no se le había pasado del todo su tonto enamoramiento de adolescente. Aunque sabía que era un playboy aparentemente incapaz de mantener una relación duradera, no podía evitar sentirse alterada por su cercanía. Y eso la irritaba.

Había algo en él que la hacía consciente de su propia feminidad, de la sexualidad que aún esperaba ser despertada. Tenía veintiocho años y todavía no la habían besado en serio.

Claro que en el colegio había tenido sus citas, e incluso se había besado con algún compañero durante el último curso, pero la realidad de la enfermedad de su madre y de las necesidades de su hermano habían hecho imposible que se relacionara.

Tenía veintiocho años y nunca había sentido la emoción de ser besada por un hombre adulto y experimentado. Y algo en Harry Styles le hacía recordar su falta de experiencia.

—¿Por qué estudia tu hermano en la universidad local si ha recibido tantas ofertes de otras? —preguntó Harry mientras entraban en la autopista que los llevaría a Mustang.

Joss agradeció poder salir de sus inquietantes pensamientos.

—Cuando llegaron las ofertas, mi madre estaba pasando una mala temporada. Está enferma del corazón y no sabíamos si iba a superar aquella crisis. Liam decidió que prefería estar cerca de casa.

— ¿Y vuestro padre? ¿A qué se dedica?

—Quién sabe —Joss reprimió el dolor y la rabia que siempre le producía pensar en su padre—. Nos abandonó cuando mamá estaba embarazada de Liam sin dejar señas en las que poder localizarlo.

—Eso es algo, que tenemos en común —dijo Harry—, Los dos hemos crecido en familias con un solo padre. Mi madre murió cuando yo tenía cinco años.

—Sí, lo sé —replicó Joss. Harry la miró, sorprendido, y ella continuó—. Averigüé todo lo que pude sobre ti antes de presentarme a la entrevista para el trabajo. Leí todos los artículos que encontré en revistas y periódicos.

Harry le dedicó una sonrisa insegura.

—Espero que no creyeras todo lo que leíste. Los periodistas tienden a exagerar, sobre todo en lo referente al dinero y al amor.

Joss se ruborizó ligeramente.

—He trabajado lo suficiente para ti como para saber que te va bien en ambos aspectos.

Harry rió.

—Eso depende de a quién se lo preguntes. Según mi contable, gasto casi lo mismo que gano, y tengo la impresión de que si le preguntaras hoy a Sheila lo que piensa de mí, no te diría precisamente cosas agradables.

—¿Problemas en el paraíso?

—El paraíso perdido —replicó Harry—. Rompí con ella anoche.

—¿Debería llamar a la floristería? —preguntó Joss en tono burlón.

—No, esta vez nos saltaremos la rutina habitual. Además, no me parecería bien mandarle flores a Sheila estando casado contigo —Harry sonrió y Joss sintió el magnetismo de aquella sonrisa recorriendo su cuerpo—. Y hablando de nuestro matrimonio, deberíamos discutir algunos detalles sobre nuestra boda.

—¿Qué detalles?

—Por ejemplo, si nos casamos con una ceremonia tradicional, o en un parque, o con un juez de paz. Si nuestro noviazgo fue un idilio arrollador, o si nos conocíamos de toda la vida...

—Pues claro, fue un idilio arrollador —dijo Joss de inmediato—. Pero nos casamos siguiendo la ceremonia tradicional —cerró los ojos por un instante, visualizando la boda con la que siempre había soñado—. Nos casamos por la tarde, y la iglesia estaba llena de velas y flores. Yo llevaba un vestido largo blanco con encaje y botones de perlas; tú, esmoquin con una faja color rosa claro y pajarita.

—Parece que has pensado mucho en ello.

La voz de Harry sacó a Joss de las agradables imágenes que poblaban su mente. Fue como despertar en medio de un sueño agradable.

—En realidad no —contestó. No quería que su jefe supiera lo a menudo que tensa aquellas ridículas fantasías—. Supongo que todo el mundo piensa alguna vez en cómo le gustaría que fuera su boda.

Perfect (Harry Styles & Joss  Samuels) FinalizadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora