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—No volví a verlo ni a saber nada de él desde aquel día. Se fue sin mirar atrás... y siempre me pregunté si se habría quedado si yo hubiera sido más lista, más guapa, mejor.

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire, revelando los anhelos y la tristeza de una niña abandonada.

—Dile a Joss lo que sientes, Harry —dijo Bárbara con suavidad—. Dile lo que sientes respecto a lo que te ha contado.

Harry miró a Joss a los ojos, vio su necesidad de consuelo y comprendió que no podía bloquear su corazón contra el dolor que ella sentía.

—Lo siento por ella. Me duele el corazón. Desearía que nunca hubiera tenido que pasar por algo así.

—Díselo a ella, no a mí.

—Lo siento por ti —corrigió Harry—. Ojalá hubiera estado allí, ojalá te hubiera conocido entonces para haber podido decirte que fue él quien más perdió, porque no llegó a saber que tenía una hija maravillosa, con un gran corazón.

Y era cierto. A pesar de no conocerla bien, Harry intuía que su capacidad de amar era enorme. Lo había notado cuando había hablado de su hermano.

Se preguntó qué se sentiría siendo el objeto de tanto amor. Sin duda, sería algo espectacular.

—¿Y tú, Harry? —preguntó Barbara—. Comparte con Joss el peor día de tu vida.

Harry frunció el ceño pensativamente unos momentos. Luego se encogió de hombros.

—Me temo que soy una de esas personas cuya infancia fue común y corriente.

—¿Y la muerte de tu madre? —preguntó Joss.

Harry volvió a fruncir el ceño.

—Sé que suena terrible, pero solo tenía cinco años entonces. No tengo muchos recuerdos del día de su muerte. Estuvo hospitalizada tanto tiempo durante mi infancia que era poco más que una desconocida para mí cuando murió —miró a Joss y luego a Barbara—. Creo que no tengo la clase de recuerdos traumáticos que me pides que comparta.

—¿Y la venta del rancho? —preguntó Joss, haciendo que Harry lamentara al instante haberle contado aquello.

—Sí, tienes razón —asintió—. Ese fue un día duro.

—Profundiza en él, Harry —dijo Barbara—. Deja que Joss sepa cómo te sentiste ese día, tu decepción, tu dolor.

«Miente», ordenó una voz interior a Harry. «Inventa algo para satisfacer a Barbara, simula que estás compartiendo, pero guárdate tus sentimientos y emociones para ti». Sin embargo, mientras pensaba aquello, la verdad surgió de sus labios.

—Mi padre no pudo hacer frente a la hipoteca y el banco sacó el rancho a subasta. Aquel fue el día más terrible de mi vida.

Su padre y él vieron cómo el equipo del rancho, los muebles, los animales, todo lo que había sido su vida hasta entonces, era vendido por mucho menos de su valor.

A pesar del tiempo transcurrido, Harry sintió en aquellos momentos la misma rabia que entonces, la misma impotencia.

—Incluso Bandida fue subastada —su voz se cargó de emoción mientras recordaba cómo se llevaron a su caballo a un tráiler.

Solo había sentido aquel dolor otra vez en su vida, cuando tenía veinte años y Sarah Washington le dijo que ya no lo amaba.

—Oh, Harry, cuánto lo siento —dijo Joss, emocionada. Se inclinó hacia él, como queriendo tomarlo entre sus brazos.

—Adelante —dijo Barbara—. Abrazaos. Durante los próximos minutos quiero que os abracéis y os consoléis mutuamente.

Antes de que Harry se diera cuenta de cómo había pasado, Joss estaba en su regazo, con los brazos en torno a su cuello y el rostro enterrado en este.

Harry cerró los ojos y respondió abrazándola. Los senos de Joss presionaron contra su pecho mientras se sentaba a horcajadas sobre él. Era una posición muy provocativa, y Harry trató de distanciarse de ella. Pero era imposible.

Su pelo olía a flores recién cortadas y su cuerpo le ofrecía la calidez del sol. La presencia de Barbara quedó olvidada, así como el juego al que estaban jugando. Harry se negó a pensar y se centró exclusivamente en el placer de tenerla entre sus brazos.

 Harry se negó a pensar y se centró exclusivamente en el placer de tenerla entre sus brazos

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Joss alzó el rostro y lo miró.

—Siento que perdieras a Bandida —dijo, con dulce sinceridad—. No hay nada peor que perder algo que amas.

Incapaz de reprimir el impulso, Harry alzó una mano y acarició un mechón suelto del pelo de Joss

—Y yo siento que tu padre fuera tan estúpido —replicó—. Y lo era, porque si no te habría dejado.

—Me gustaría que siguierais consolándoos durante unos minutos. Después, el ejercicio habrá acabado —Barbara se encaminó a la puerta y sonrió—. Nos veremos esta tarde a la hora de cenar —añadió antes de salir de la biblioteca.

En cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, Harry supo que debía soltar a Joss De momento, el juego había terminado. Sin la presencia de Barbara ya no tenían por qué fingir.

Pero soltar a Joss en aquellos momentos parecía imposible. Quería sentir su calidez. Quería que siguiera rodeándolo con sus brazos. Quería que siguieran consolándose mientras las heridas que habían abierto sanaban lentamente.

Mirando a la mujer que sostenía entre sus brazos, comprendió que no tenía intención de soltarla hasta haber hecho una cosa más. Era una locura, pero no iba a permitir que algo tan ridículo como el sentido común lo refrenara.

Respiró profundamente, se inclinó hacia delante y tomó los labios de Joss entre los suyos....

Perfect (Harry Styles & Joss  Samuels) FinalizadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora