Capítulo 22

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La capacidad que Harry Potter tenía para cambiar mi vida como si nada había quedado más que demostrada.

Todo el curso había consistido en eso, él cambiándome la vida. Harry veía en mí cosas que ni siquiera yo veía. Él parecía ser el único, incluyéndome a mí, al que verme no le daba ganas de matarme por algún extraño motivo que, sobre todo después de aquel fatídico día, no conseguía comprender.

Mirarme al espejo cada vez era más duro. Ya no me importaba que hubiera gente gritándome que era un mortífago por los pasillos o un traidor a la sangre en mi sala común, lo único que mi cerebro parecía procesar era que Harry Potter no me hablaba ni me buscaba y que yo a él tampoco. De repente todo lo que habíamos vivido parecía no haber existido nunca y las únicas pruebas que quedaban de ello eran las velas y la cerveza de mantequilla sin abrir en la Casa de los Gritos, aquel horrible sentimiento que me embargaba y los preciosos recuerdos que atesoraba en mi memoria.

Aún podía sentir el tacto de sus labios sobre mi brazo izquierdo. Me tocaba aquella zona de vez en cuando, deseando que el recuerdo volviera a hacerse realidad, y me esforzaba por no ocultar mi cicatriz. Le debía al menos eso.

El día del baile yo me hallaba en la Casa de los Gritos. Harry parecía haber acordado conmigo implícitamente que me dejaba aquel espacio para mí porque era el único lugar en el que podía refugiarme realmente y, aunque se lo agradecía, en cada esquina había un recuerdo que se me clavaba como un puñal y que no podía evitar.

No me había ni planteado acercarme al evento, por lo que llevaba mi ropa de siempre y me lamentaba de nuevo frente al piano, con la botella de cerveza sobre él. Cuando terminé de tocar, mal como siempre, me levanté para mirar por una ventana a la que se le había caído una de las tablas de madera que la bloqueaba.

Escuché un ruido extraño y miré en su dirección, justo a la vez que una voz decía:

-Tocas muy bien.

Reí suavemente en respuesta. Qué pésimo oído.

Harry sí que estaba vestido para el baile, con su traje y su estúpida pajarita. Como no podía ser de otra forma, estaba guapísimo.

Por su mirada intuía lo que pretendía, y lo entendía. Sus enormes ojos verdes me pedían un último adiós.

Con un movimiento suave de su varita conjuró sin palabras el encantamiento amplificador y una bella música invadió de repente la habitación. Imaginé que era la que estaba sonando en aquel mismo instante en el baile, y se trataba de una canción lenta con un piano como instrumento principal.

Harry estiró la mano en una clara invitación y, de nuevo, no pude evitar reírme.

-No sabes bailar, Potter.

-Déjame intentarlo, Malfoy.

Rio también. Me acerqué al final y agarré su mano.

Cerré los ojos. Había ansiado su contacto como si fuera agua que me habían quitado. Me permití sentir su olor y su calor cuando nos acercamos para bailar, y la letra empezó a sonar cuando aún me estaba habituando a él.

You're in my arms, and all the world is calm

The music playing on for only two

So close together, and when I'm with you

So close to feeling alive

Cuando empezamos a movernos, todo resultó como había imaginado. Harry no parecía ser consciente de que tenía un pie izquierdo y otro derecho y utilizaba los dos como si fueran el mismo. Ambos sonreímos ante sus errores y yo no pude evitar poner los ojos en blanco.

A life goes by,

Romantic dreams must die.

So I bid mine goodbye

And never knew.

So close, was waiting,

Waiting here with you.

And now, forever, I know

All that I wanted

To hold you so close.

Sentí que me aferraba cada vez más fuertemente al cuerpo de Harry. En cuanto fui consciente me atemoricé, pero él me correspondió y no me dejó separarme. Suavemente, apoyé mi cabeza sobre la suya.

So close to reaching

That famous happy end.

Almost believing

This one's not pretend.

And now you're beside me,

And look how far we've come.

So far we are. So close...

Sabía que había escuchado la letra en alguna parte. Por ello, me sentí con fuerza para susurrar la siguiente línea.

Oh how could I face the faceless days

If I should lose you now?

Sentí la respiración de Harry cambiar levemente. Me pregunté si, como yo, se estaba esforzando por contener las lágrimas. Sentí que me acariciaba el pelo.

We're so close to reaching

That famous happy end,

And almost believing,

This one's not pretend.

Let's go on dreaming

For we know we are...

So close, so close

And still so far...

No quería que la canción acabara. Pero acabó.

Harry y yo nos quedamos un tiempo así, abrazados, apoyados el uno en el otro sin decir nada. No sé cuánto tiempo pasó exactamente pero, aunque no quería separarme, sabía que si no lo hacía cuanto antes no lo haría nunca. Me obligué a hacerlo y vi la mirada de Harry, ligeramente herida pero resignada.

-Me alegra haberte visto otra vez -dijo. Escuché el temblor en su voz.

-Y a mí -dije sinceramente. Se hizo el silencio de nuevo, pero él volvió a romperlo:

-¿He bailado tan mal? -sonreía. Yo no pude evitar contagiarme y respondí:

-No tan mal para ser un niño golpeado en la cabeza.

Harry rio y yo le seguí. Una vez más, el silencio cayó sobre nosotros.

-Voy a marcharme -dijo al cabo de unos breves instantes. Yo asentí, sabiendo lo que aquello significaba. Él me miraba con sus preciosos ojos verdes como esperando algo de mí, algo que si yo llevaba a cabo cambiaría la situación por completo. Yo sabía qué era. Sentí de repente la fuerza necesaria para hacerlo y moví mis labios, a punto de decir lo que Harry deseaba, pero no fui capaz.

Él lo comprendió. Estaba decepcionado, pero no parecía con intención de juzgarme. Simplemente se limitó a asentir ante mi decisión y desaparecer por el umbral de la habitación.

Ya estaba. Todo había terminado.

Volví a la ventana que me permitía mirar el cielo.

Sabía que las cosas estarían mejor así. Me alegraba que Harry no tuviera que cargar nunca más con mis problemas e inseguridades. Casi podía imaginármelo volviendo al baile y viendo allí a la Weasley. Me alegraba por él, merecía una vida normal después de todo lo que había pasado.

Pero, aunque yo no había sido capaz de expresarlo, yo lo quería de verdad.

No pasaba nada. Estaba acostumbrado a tragarme lo que sentía. Lo había hecho durante mucho tiempo.

Pero había decidido algo. Al día siguiente hablaría con la directora. Quería pedir ayuda a quien podía dármela.

Iba a permitir que mi padre decidiera por mí, pero nadie más.

No quería volver a visitar las cocinas. Iba a comer en el Gran Comedor como merecía, como había merecido desde siempre.

So close (Drarry)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora