Capítulo 15

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La comida con Ginny fue maravillosa. Ella seguía tan encantadora como siempre, estuvo hablándome largo y tendido de todos los equipos de Quidditch a los que aspiraba a entrar ese año cuando terminara el curso, explicándome en qué consistían las pruebas y animándome a que me presentara con ella, aunque yo le contaba que mi gran aspiración era ser Auror, como ella ya sabía, y que me iba a centrar en eso, pero que me encantaba la idea de conocer a una futura jugadora profesional de Quidditch.

Ginny, además, era muy graciosa. Me contaba anécdotas muy divertidas sobre Ron y el resto de sus hermanos y nunca se le acababan puesto que, aunque yo ya las supiera, su forma de teatralizarlas era realmente divertida. Al cabo de poco tiempo ya me sentía de nuevo como antes, relajado y tratando de olvidar lo último que había pasado entre nosotros. Era por eso, imaginé, que Ginny no tardó en decirme pícaramente, con los mismos gestos de mi amigo:

-Dicen por ahí que estás saliendo con alguien.

-Pues se equivocan -dije con una risita nerviosa.

-¿En serio? -replicó ella. -Es que me han dicho que desapareces muy frecuentemente. ¿No lo dirán por algún motivo en concreto?

Respiré profundamente ante una decisión. No podía mentirle, debía decirle la verdad. Ocultarle esa clase de información sería feo para todos, aunque me daba un miedo horrible reconocer la verdad ante ella.

-Sí -confesé finalmente. -Hay una persona que me gusta.

-Oh... -ella pareció decepcionada, lo cual me agradó y asustó a partes iguales. Pero antes de que se hiciera ideas que no eran quise detenerla y le toqué la muñeca de forma suave, diciendo:

-No es eso exactamente. Hay... dos personas que me gustan. ¿Entiendes lo que quiero decir?

Ella me miró con sus profundos ojos castaños y asintió con una sonrisa, volviendo a enderezar la espalda. Ésa era la gran verdad, la verdad que sólo yo, y ahora ella, sabíamos.

-Así que tienes un cacao -resumió ella con una risita. Yo asentí con desgana y ella continuó: -Vale, sólo quiero decirte que si al final vas al baile, yo estaré encantada de ir contigo.

Sospechaba que aquella afirmación implicaba más cosas y creí confirmarlo cuando, de pronto, me agarró la mano suavemente, con dulzura. -Pero no voy a presionarte. Prefiero que tengas las cosas claras, ¿vale?

Yo asentí de nuevo y le sonreí, agradeciendo su comprensión y lo directa y sincera que era.

No volvimos a hablar de ello, a pesar de que nos permitíamos pequeños gestos íntimos como rozarnos las manos o acariciarnos el pelo. El encuentro fue muy divertido y se me pasó rápido, y durante todo él me olvidé completamente de Draco.

Sin embargo al caer la noche, cuando las clases terminaron, salí con el Mapa del Merodeador en el bolsillo de mis vaqueros y la capa de invisibilidad en mi mochila. Llevaba ciertas cosas que imaginaba que nos harían falta y así llegué, en silencio y a hurtadillas, a la Casa de los Gritos, pero Draco no estaba allí.

Lo esperé durante varias horas pero no apareció.

Cuando me rendí volví al dormitorio, sintiéndome derrotado y sin ganas de poner ninguna excusa para Dean y Seamus. Me preguntaba por qué no habría acudido con gran tristeza y dudaba de si habría hecho algo que le sentara mal. Me senté sin ánimo delante de mi escritorio y volví a escribir una nota para él que decía algo como: "¿Estás bien? ¿Por qué no has ido?" y Ron me permitió enviársela con Pigwidgeon, pero tampoco respondió.

No saqué el Mapa del Merodeador para ver dónde estaba porque era evidente que no quería que lo supiera. Yo sabía que debía preguntarle a Ron qué tal estaba con Hermione, pero no me sentía con ganas, así que simplemente me acosté en mi cama y esperé a que el cansancio llegara tras las lágrimas.

So close (Drarry)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora