Ése no es Devon, pienso a medida que me despierto del coma del que acabo de ser inducida. Al mirar a mi alrededor adolorida, veo que no soy la única que parece estar volviendo de la muerte. Isaac se incorpora con una mueca, Jackson tiene la cabeza entre las manos, Derek parece que va a vomitar y Boyd sí está vomitando.
—¿Qué demonios...? —pregunto en voz baja e intento ponerme de pie, pero mi cuerpo no parece ser capaz de encontrar mi centro de gravedad, así que me quedo acuchillada en el suelo antes de irme de lado.
Con cuidado alzo la cabeza para que no me comience a girar otra vez, y miro mis alrededores. Estamos en medio de un círculo perfecto de tierra quemada, árboles caídos y algunos despojados de sus hojas, como si una bomba hubiera explotado desde el hoyo putrefacto que tenemos junto a nosotros y tenido la amabilidad de no matarnos. Devon no está a la vista, lo que me preocupa más de lo que me tranquiliza.
Pronto, mi mente se plaga de los sucesos de la última hora... creo, no sé cuánto tiempo llevamos inconscientes. Apenas quitamos el sello de tierra y el entramado de ramas, lo vimos al fondo del hoyo, desnudo, cubierto de tierra y en un ovillo, parecía dormido. El olor que emitía era suficiente como para marear a cualquiera. Entonces abrió los ojos y todos los demonios se salieron del Infierno.
De repente, todos los colores se volvieron brillantes y pude sentir todos los olores, todos los sonidos del planeta, podía escuchar a cada ave en el bosque, podía oler la tierra mojada del río a varios kilómetros, después de eso una rafaga de viento me estampó contra un árbol y no recuerdo más.
—¿Qué carajo fue eso? —aunque Isaac está lo suficientemente recuperado como para gritar, nosotros no lo estamos para escuchar un sonido tan fuerte.
—Sí, Derek —acota Jackson—, ¿qué era éso de que el espíritu no iba a estar adherido a Devon?
—Dije que era posible —corrige el Alfa.
—Jackson, Lyanna, con todo respeto —interviene Boyd en la discusión—, voy a asesinar a su primo, ¿dónde está ese bastardo?
—No sé —respondo con la voz ronca—. No está aquí.
—Tenemos que encontrarlo —determina Derek, logrando ponerse de pie, pero trastabillando hacia atrás hasta apoyarse contra un árbol.
—¿A dónde iría un espíritu oscuro druida medio apegado a un chico de catorce años? —murmura Isaac.
—Con la persona que lo invocó, el Darach —respondo siguiendo el ejemplo de Derek—, el cual también es un misterio.
—Entonces vayamos con Deaton —propone. Se incorpora y da un par de pasos en una dirección cualquiera, antes de parar y mirar a su alrededor perdido—. ¿Dónde están los autos?
—¿Dónde estamos nosotros?
Nos toma varios minutos ponernos de pie sin tener que apoyarnos en un árbol o entre nosotros, incluyendo los que tardan Boyd y Jackson en dejar de vomitar (al final resultó que lo estaban haciendo empáticamente así que pudieron parar cuando los separamos). Una vez estamos todos en pie, vuelve a nosotros el primer problema, no tenemos idea de dónde estamos.
Intentamos hacer uso de todas las habilidades que tenemos los lobos para orientarnos, escuchar el camino, olfatear nuestro propio aroma para saber cómo llegamos aquí, incluso se nos ocurre hacer sonar la alarma de los autos para que el sonido nos guíe, pero todos nuestros sentidos siguen confundidos entre todos los estímulos que están recibiendo, así que decidimos usar la habilidad que Argent nos dio: seguir huellas.
Aún así, nos toma un par de horas encontrar nuestro camino fuera del bosque, e incluso entonces quedamos bastante lejos de donde dejamos los autos. A pesar de la prisa que tenemos, caminamos a paso lenta en la dirección que se siente correcta, tal vez nuestros cuerpos simplemente no dan para más.
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[2] Still ↭ || Isaac Lahey ||
FanfictionLos meses han pasado y el tercer año de preparatoria está dando comienzo. A pesar de que Lyanna y Jackson se han vuelto como uña y carne, van de rodillas ante el peso de todos los problemas que enfrentan. Su padre se fue, se llevó consigo todo el di...