-¿Entonces no vendrás a celebrar con nosotros?- Observa al albino a su lado que hace un gesto resentido, sin detener su paso a la salida del edificio.
No evita soltar una baja risa mientras niega con la cabeza haciendo una ademán con la mano.
-Lo lamento, Grey, es solo que le prometí a mi familia que celebraría con ellos cuando el caso acabara.- El mencionado rueda los ojos pasándole un brazo por los hombros mientras suspira en gesto abatido.
-No es justo, tu tienes una familia, yo tengo que beber solo.- Ambos se detienen en la entrada, antes de comenzar a bajar las escaleras. Se miran breves segundos en silencio, hasta que ambos sueltan una baja carcajada.
Sus ojos viajan hasta el borde de la calle, donde frente a las oficinas del juzgado, está aparcado un coche negro, y recargado contra él, cierto pelinegro que le dedica una sonrisa apenas verle. -Hablando del rey de Roma.- Le da un suave empujón a su amigo, antes de salir de su abrazo.
-Me retiro entonces. Prometo acompañarte en otra ocasión.- Grey corresponde haciendo un gesto con la mano mientras le despide.
Coge su maletín con la otra mano, antes de bajar en un suave trote hasta la acera donde su pareja le espera.
Cuando está frente a él, Sebastian estira sus brazos, y se hunde en su pecho soltando un cansado suspiro. Se aparta un poco, dejando un corto beso en sus labios antes de sonreír.
-¿Que tal ha ido?- Sebastian le acomoda un mechón de cabello tras la oreja, y el se muestra orgulloso, sin borrar su alegre sonrisa.
-¿Con quién crees que estás hablando? Por supuesto que el mejor abogado de la ciudad ha ganado el caso. Ha sido todo un éxito.- Sebastian se inclina a su rostro, rozando la punta de narices en un tierno besito esquimal, y cierra los ojos disfrutando de tan dulce caricia.
-Ah, por favor, sabía que lo harías, no cualquiera es adelantado un año en una carrera de derechos por ser tan inteligente.- Ciel suelta una baja risilla, y se aparta ligeramente cuando el de ojos rubí abre la puerta del vehículo para él. Deja su maletín en el asiento trasero, y sube, dejando que el mayor cierre la puerta, esperando a que suba del lado del piloto.
El tiempo no espera a nadie, siempre había sabido eso.
Te deja atrás, nadie espera por ti, nadie tiene tiempo de tenderte la mano porque el tiempo corre rápido y todos quieren alcanzarlo.
Pero hay quienes se resignan. Y aguardan, y se detienen, miran al pasado, al futuro, y tienden una mano en tu presente, ayudándote a levantar, animandote a avanzar juntos, aún si no alcanzan nunca el tiempo, al menos habrán avanzado juntos.
Mira el anillo en su dedo, jugando con él mientras dibuja una sonrisa tranquila, sintiendo a la brisa que se cuela por la ventana abierta del vehículo revolverle el cabello.
No sabía cuanto tiempo había pasado. Creyendo que alguna vez esa llama se acabaría, terminó descubriendo que incluso seis años después todo sigue siendo como un maldito cuento de hadas junto aquél hombre al que puede llamar su prometido, y aquella niña que suele llamarle papá.
Suspira, cerrando sus ojos, echando la cabeza hacia atrás, disfrutando la calma y la paz que le brinda la brisa fría y la suave música de la radio del vehículo.
Todo es perfecto, mejor aun, puede llamarlo suyo, y eso es lo que mas le reconforta.
pertenece a un lugar, y ese lugar le pertenece a él. No necesita, solo desea.
Le es un poco vergonzoso darse cuenta de que le llevó veintiocho años darse cuenta que necesitar y amar no es lo mismo, le tomó veintiocho años aprender que el amor se disfraza y que las percepciones son tan diferentes que pueden hacerte crecer un enorme hueco en el pecho al punto de causar que te consumas a ti mismo.
O eso es lo que usualmente discute con su terapeuta.
La forma en que a noches se había aferrado a pesadillas dándose cuenta de que no necesitaba a Sebastian para conciliar el sueño, simplemente disfrutaba del abrazo de apoyo de sus cálidos brazos.
Comprendió la delgada línea que existe en amar por necesitar y necesitar por amar, de cultivar, de proteger. De dar todo aquel amor que poseía en su ser, simplemente por darlo, sin esperar algo a cambio mas que ver una sonrisa en el rostro de aquellos a quienes tanto adoraba, y a quienes secretamente envidia por comprender mejor el complicado sentimiento de amar. aunque tampoco podía culparlos, llevaban mucho mas tiempo practicándolo que él. Amando por gusto y no por deber.
Sabe que el amor siempre será un profundo enigma, para genios, para filósofos, para escritores, aun si desean plasmar en papel una simple palabra como "amar" el sentimiento se siente mucho mas fuerte cuando el puño y letra posee la gracia de tenerlo, y lo experimenta, y se arriesga tanto a disfrutarlo como a estudiarlo meticulosamente. pues no hay mejor prueba que la experiencia propia.
ESTÁS LEYENDO
Reflejo-Sebasciel.
FanfictionDicen que nuestras decisiones reflejan lo que somos. Que nuestro anhelo es el reflejo de lo que creemos merecer. Tan sediento de amor, roto y temeroso. Aferrándose a la primera muestra de cariño que el mundo le entrega. Ciel solo se envuelve en el...
