19.- Chaeyu

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Chaeyoung podía sentir el estrés que emanaba Tzuyu desde su cuerpo. No sabía si era miedo, rabia o algún otro sentimiento que no podía descifrar. La japonesa dejó que Tzuyu fue al baño y que se demorara todo lo que quisiera, después de todo, sabía que su chica necesitaba tiempo a sola.

El cuarto que había elegido para dormir tenía un piano antiguo tapado con una manta blanca. El primer recuerdo que se le vino a la cabeza a Chaeyoung, fue el de la fiesta de matrimonio que había organizado el padre señor Im para Sana. Sonrió frente al recuerdo de Tzuyu tocando junto con ella el piano de la casa mientras el resto de las personas las miraban y aplaudían. Desde ese momento, Chaeyoung se dio cuenta que lo único que quería mirar en toda su vida, era esa sonrisa.

-¿Chaeyoung? – la voz de la taiwanesa la volvió a al realidad - ¿Estás bien?

-Sí, lo siento.

-¿Por qué sonreías?

-¡Oh! Me viste.

-Claro que lo hice. ¿Por qué sonreías?

-¿Quieres tocar el piano conmigo? – Tzuyu sonrió, la fotógrafa pensaba que Chaeyoung no se acordaba de ese momento – Me encantaría decirte que sí, pero no estoy de ánimo – Chaeyoung estiró su labio inferior – No, no seas tierna.

-Ok, entonces tocaré para ti.

-Es exactamente lo que necesito – en ese momento, Tzuyu abrió la bata y la dejó caer al suelo. Chaeyoung levantó la vista y recorrió las hermosas curvas que adornaban el cuerpo de Tzuyu que las ocultaba la seda de su pijama.

-Ese color te queda muy bien.

-No es un color feliz, es beige.

-Dije que te quedaba bien.

-Ok, lo que diga señorita – Tzuyu se acercó a Chaeyoung y dejó un beso rápido en sus labios – toca para mí Chaeyoung.

-Lo haré.

Tzuyu se sentó en la silla que había en el cuarto, tomó la copa de vino que había servido en la cocina antes de subir y comenzó a relajarse, necesitaba hacerlo o su cabeza iba explotaría en cualquier momento.

La taiwanesa observó como Chaeyoung reveló el piano que se encontraba debajo de una manta y sonrió al notar el buen estado en el que se encontraba. Era el mismo órgano que habían tocado juntas hace 7 años atrás, pero que habían decidió subir al cuarto, porque ya nadie lo tocaba. La japonesa se sentó, desabrochó los botones de la blusa que estaba ocupando, se arremangó las mangas, corrigió su postura y comenzó a tocar. Lo primero que sintió Tzuyu fue un escalofrío que se apoderó de ella desde los dedos de sus pies, hasta los pequeños bellos que tenía detrás de su nuca. Cerró los ojos y dejó escapar un suspiro cuando abrió los ojos y notó que Chaeyoung estaba tocando sin dejar de mirarla. Sus mejillas se ruborizaron y le regaló una sonrisa enorme.

En cuestión de minutos su cuerpo estaba algo más relajado, sólo eran ella y Chaeyoung en ese cuarto disfrutando del arte, el arte siempre las había unido. La taiwanesa recordó esos días en el instituto donde sólo se preocupaba de que nadie le quitara el puesto de las mejores notas y alumna preferida de los profesores, pero al poco andar, se dio cuenta que era una estupidez. Chaeyoung era la primera persona que conocía, que no le importaba hacer las cosas bien por una nota o para recibir elogios, ella simplemente vibraba con cada cosa que hacía y que hace hoy en día. Siempre encontró que era la mejor característica de Chae.

-¿Por qué sonríes?

-Me trae muy lindos recuerdos escucharte tocar.

-Hubiese sido más lindo si me acompañabas.

A Merced Tuya/ 2da temporadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora