Ketsueki se encontraba caminando con total calma hacia su objetivo, el frío había dejado de ser tan fuerte y su ropa era lo suficientemente abrigada como para brindarle calor. También se había despedido de la familia que la había ayudado, no quería molestarlos así que se fue después de comer.
Le habían ofrecido pasar la noche en su casa pero se negó amablemente y ahora estaba donde estaba, caminando por medio de un pequeño pueblo con poca gente que la miraba de manera extraña, bueno, no era normal llevar una katana pegada a la cintura.
La verdad ya se estaba cansando de caminar y se le ocurrió la idea de robar un auto pero no quería tener a la policía pegada a ella tan pronto.
Se detuvo y observó un pequeño restaurante que se ubicaba justo en la esquina de la calle, no parecía muy lleno y necesitaba tomar algo caliente.
Al entrar pudo ver a todos los presentes hablando y riendo con sus respectivos amigos o familia, se sintió solitario no estar con Misaka, Kuroko, Saten y Uiharu. A lo mejor podrían haber ido a comer a Joseph's.
Suspirando tomó asiento en una mesa vacía y espero a que el mesero se acercará, no pasó mucho hasta que una mujer joven, rubia de ojos celestes y piel clara se acercará a ella luciendo su delantal blanco y traje de mesera.
"¿Que se le ofrece? Tenemos...". "Un café está bien". Ketsueki interrumpió y la mujer asintió para dar media vuelta y dirigirse a la cocina dejando a una pensativa azabache.
No pasó ni una semana desde que se fue y ya extrañaba a sus amigas como si no las hubiese visto por un año. De repente vio como un hombre alto y robusto entraba sosteniendo la mano de una pequeña niña que parecía triste, como si no le hubiesen comprado su juguete favorito.
El hombre tenía el pelo negro bastante corto, ojos negros y piel morena con algunas arrugas, vestía una camisa blanca debajo de una campera gruesa azul, llevaba pantalón de mezclilla azul y botas café. Si bien su expresión era amenazante a Ketsueki no le aterraba, después de todo no era un esper y tampoco un mago por lo que dejaba ver.
Por otro lado la niña era pequeña, como 1,50. Su cabello castaño era corto llegándole hasta el cuello y sus patillas eran largas redondeando su cara la cual era algo regordeta, no tanto para decir que era gorda, más bien era normal y la hacía ver adorable. Su piel era como la porcelana y lo que más llamó la atención de Ketsueki eran sus ojos. Ojos castaños opacos que reflejaban gran tristeza y miedo.
Vestía una remera blanca de manga larga, una campera gruesa de color verde, un pantalón de mezclilla negro y botas rosas. La niña a ojos de Ketsueki era muy adorable, pero su expresión era lo que preocupaba a la azabache.
No era la primera vez que veía una expresión así, además no ayudaba que el hombre la tomará de la mano y la acercará tanto, como si estuviera insinuando que la niña es de su propiedad, tratándola como un objeto.
"Tomé linda, provecho". La mesera habló atrayendo la atención de Ketsueki quien vío a la mujer colocar un plato con su taza de café y un sándwich de queso con lechuga. "No pedí el sándwich". Ketsueki informó observando a la mujer con extrañeza.
"La casa invita, buen provecho". La mujer se despidió con una dulce sonrisa para volver a su trabajo. Ketsueki simplemente suspiro y disfrutó su merienda pero en ningún momento quitó su mirada de la niña y el hombre.
El hombre y la niña tomaron asiento en una mesa algo apartada de todos, la niña se sentó a un lado del hombre con una expresión de nerviosismo. Sin saberlo ketsueki comenzar a enojarse viendo como el hombro colocaba una mano en la pierna de la niña mientras alzaba su brazo izquierdo para llamar a la mesera quien se acercó con una dulce sonrisa.
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A Certain Time Controller
FanfictionEn un mundo como éste es necesario proteger a las personas que amas, pero nadie sabe cómo hacerlo y si lo supieran varios se negarían a hacerlo. Ketsueki era un caso distinto, no le importaba su vida, no le importaba dañar a las personas con tal de...
