26. Secreto

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James entró al comedor después que su madre, así que Scorpius se tranquilizó, que se quedara dormido en aquel lugar incómodo era algo que consideraba ajeno al chico, así que estaba preocupado, pero le había prometido a Alex que dejaría la intensidad, si quería ser amigo de James, al menos, tenía que actuar como si no le interesara, y dejar de hostigarlo, o le freiría los cables.

—Vaya, James, pensé que los aurores eran más precavidos, pero tú te duermes en el primer lugar que vez y ni te fijas ¿y si te hubiésemos intentado hechizar?

—Los niños pequeños, no pueden hacer magia fuera del colegio –comentó Lily en un tono meloso de niñita fastidiosa, pero con una mirada aguda y afilada a Albus.

—Yo no soy un niño pequeño –gruñó Albus.

—No puedes hacer magia fuera del colegio –batió sus largas pestañas pelirrojas –significa que lo eres.

—Basta, Lily, no pelees con tu hermano –la reprendió su madre.

—Solo los niños pequeños no saben defenderse, mami –sonrió la niña.

—Pues el imbécil a tu lado...

—Basta, Albus –soltó extrañamente enfadada Ginevra.

La mesa se quedó en silencio, James no abrió la boca para nada más, ni siquiera probó bocado alguno y la cena olía y sabía delicioso, tanto que todos repitieron plato, menos Ginevra y James, la primera observaba preocupada a su primogénito, que parecía ausente de todo a su alrededor.

—Yo le ayudo con los trastes, señora Potter –comentó Alex, alegre, o eso pretendió.

—Gracias, Alex, eres un encanto –sonrió, y observó a James.

Scorpius subió las escaleras de la casa Potter siendo jalado por Albus, que estaba enfurecido con Lily Luna por lo que había dicho a la hora de la cena, pero no prestó mucha atención.

Scorpius se quedó sentado en la cama de su mejor amigo, y ni siquiera se dio cuenta de en qué momento lo había dejado solo, el ruido de un golpe y un llanto lo hicieron ponerse de pie, así que salió apresurado de la habitación, la puerta del cuarto de Lily estaba un poco abierta y era quien lloraba.

La abrió preocupado, desvió la vista hasta su mejor amigo, que tenía la respiración agitada y una cara de miedo que no supo distinguir.

—Lily... cállate, no le digas a mamá –soltó asustado.

—Albus ¿qué rayos hiciste? –Cuestionó consternado.

—Nada, no hice nada ¿verdad, Lily?

La niña lo observó desde el suelo, se enjuagó las lágrimas y negó, haciendo que Albus se relajara y saliera de la habitación llevándose a su amigo de ahí.

—Tú tampoco vas a decirle nada a nadie –soltó Albus.

—Pero ¿qué rayos le hiciste a tu hermana? –Bufó.

—Sólo tuve una charla con ella, nada fuera del otro mundo, es una niñita al final de cuentas –arrojó una revista al suelo y se dejó caer sobre la cama.

Scorpius restó importancia, si hubiese hecho algo serio, Lily no se hubiese quedado callada, más bien hubiese gritado a todo pulmón lo que le había hecho, como la vez en que Albus se comió su caldero de chocolate y comenzó a gritar por su madre para que castigara el acto imperdonable de su hermano.

Además, sus pensamientos rondaban todos sobre James y su extraño comportamiento, si fuesen amigos, podría ir con él y preguntarle la razón de su conducta, ofrecerse como su guardador de secretos, pero ese era Alex, y dudaba que algún día cambiara.

Love Too Much || JamiusDonde viven las historias. Descúbrelo ahora