Capitulo 9

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Del odio al amor.

La biblioteca del Colegio San Pablo era una catedral de silencio y conocimiento.

En una mesa apartada, cerca de una sección de geografía, Candy y Patty estaban sentadas, un libro de botánica abierto entre ellas como pantalla. 

Candy, con los ojos brillantes de una mezcla de duda y nerviosismo, se inclinaba hacia su amiga.

—…y entonces, cuando me dejó en la enfermería, dijo que cuidaría de Clin como si fuera suyo —sus palabras casi ahogadas por el peso del silencio circundante—. Y me miró de una forma… diferente. No como antes. Como si finalmente me estuviera viendo a mí, no a la prometida  con la que tiene que casarse.

Patty, con los ojos redondos como platos tras sus lentes, dejó escapar un pequeño jadeo que sonó como un cañonazo en la biblioteca.
—¿Qué dices?¿Que Terry literalmente se te... ?

Candy, alarmada, extendió la mano y le tapó la boca con suavidad pero firmeza.
—¡Patty!¡Más bajo!

Ambas se quedaron inmóviles, escuchando. Desde una esquina cercana, detrás de una estantería , llegó el leve rumor de risas ahogadas., reconoció la voz aguda y falsamente dulce de Eliza  , que parecía estar mostrando alguna novedad a su corte de admiradoras.

—Mejor vámonos a otro lugar —susurró Candy, comenzando a recoger sus cosas con movimientos rápidos—. Aquí hay demasiados… oídos.

Patty asintió con rapidez, y las dos se deslizaron entre las mesas , saliendo de la biblioteca hacia la relativa libertad de un pasillo lateral, menos transitado.

Una vez a salvo, apoyadas contra la fría pared de piedra, Patty recuperó el aliento y la capacidad de asombro.
—Me cuesta creerlo—dijo, mirando a Candy como si la viera por primera vez—. ¿Por qué? Si hace apenas unos días decías que lo odiabas, que era un engreído insufrible, que no querías saber nada de él. Y ahora… ahora estás interesada en saber de él, conocer sus intenciones. ¿Qué ha cambiado?

Candy bajó la mirada, jugueteando con el borde de su vestido.

La pregunta era justa, y la respuesta, incluso para ella, era un enredo de emociones contradictorias.
—Ni yo misma lo sé con certeza—admitió, su voz más baja—. O quizá sí, pero me da miedo decirlo en voz alta. —Alzó los ojos, verdes y llenos de una perplejidad sincera—. Pero después de ese día , … hay algo que no cuadra. El Terry que conocí en el baile … el que cuidó de Clin… no es el mismo que el chico burlón que me llamaba Tarzán. O quizá sí lo es, pero hay… más. Y necesito saber. Necesito saber qué pasó después, en el Festival de Mayo, cuando yo me fui. Me dejé llevar por la rabia y el dolor, pero… ¿qué ocurrió con él? Mi tía abuela y el Duque estaban allí. Sé que su padre… no es un hombre que tolere escenas. ¿Le habrá causado problemas? ¿Le habrá regañado, castigado? No puedo sacarme esa pregunta de la cabeza.

Patty la observó, y una comprensión lenta iluminó sus ojos avellana. 

Candy, a pesar de todo, se preocupaba por las consecuencias que sus acciones (y las de Terry) hubieran podido tener para él.

—Ya veo—dijo Patty, su tono más suave—. Entonces no es solo saber «qué piensa», es saber «qué le hicieron». —Una sonrisa astuta, muy propia de ella, se dibujó en sus labios—. Bueno, intentaré averiguarlo. A través de Stear.

Candy parpadeó.
—¿Te refieres al hermano de Archie?¿El de las gafas y los inventos?

—El mismo —confirmó Patty, y un leve rubor tiñó sus mejillas, tan sutil que Candy casi no lo notó—. Y como Archie es el mejor amigo de Terry, y comparte dormitorio con él… Stear podrá sonsacarle información. Archie es un charlatán encantador, pero Stear tiene una manera de… hacer las preguntas correctas. Y de escuchar sin ser tan obvio.

Del Odio al AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora