Del Odio al Amor
La catedral de St. Margaret, en lo alto de la colina de Grandchester, llevaba engalanada desde el amanecer.
Cintas de seda blanca y ramos de lirios y rosas perfumaban cada rincón, mientras los vitrales teñían el suelo de colores que parecían sacados de un sueño.
Afuera, una multitud de lugareños se había congregado para ver salir a la novia, pero adentro, en la penumbra sagrada, solo había familia y amigos.
Los padrinos, Archie y Stear, esperaban junto al altar con una mezcla de nervios y orgullo mal disimulados.
Stear no dejaba de ajustarse el puño de la camisa, a pesar de que el sastre le había asegurado que le quedaba perfecta.
—Deja de moverte —murmuró Archie sin mover los labios—. Pareces un pollo nervioso.
—Tú no sabes lo que es ponerse esto —respondió Stear en el mismo tono—. Me aprieta en sitios que no sabía que tenía.
Detrás de ellos, en el banco de los invitados, el señor Albert Andlye observaba la escena con una expresión serena.
A su lado, George mantenía la espalda recta como un militar, aunque sus ojos se posaban de vez en cuando en la puerta principal, donde la novia aún no aparecía.
Habían viajado desde Chicago expresamente para la ocasión, y Albert había insistido en llevar un regalo especial: un juego de copas de cristal grabadas con las iniciales de los novios, un detalle que a la futura duquesa Grandchester le había hecho saltar las lágrimas cuando lo vio.
—Es una hermosa ceremonia —comentó Albert en voz baja.
George asintió —Después de todo lo que pasaron para llegar a este día, se lo merecen.
En la primera fila, la tía abuela Elroy secaba una lágrima furtiva con su pañuelo de encaje.
Llevaba un vestido de color lavanda y un sombrero con plumas que casi rozaba el banco de delante.
A su lado, el Duque Richard mantenía una compostura impecable, pero sus manos, apoyadas sobre el bastón, temblaban ligeramente. No de frío. De emoción.
—Está preciosa —susurró la tía Elroy, sin apartar la vista del altar—. Su madre estaría tan orgullosa.
Y entonces, las notas del órgano cambiaron.
El murmullo se apagó.
Todos los presentes se pusieron de pie y se giraron hacia el fondo de la iglesia, donde la gran puerta de roble comenzaba a abrirse lentamente.
Candy apareció en el umbral, y por un instante, el mundo entero pareció contener la respiración.
Llevaba un vestido de satén blanco, de corte imperio, con mangas largas de encaje que se ajustaban a sus brazos y un escote modesto pero sugerente que dejaba ver la delicada curva de sus hombros.
El velo, largo como una cascada de nubes, caía desde una corona de azahares y perlas que sujetaba su cabello rubio, recogido en un elaborado moño bajo con rizos sueltos enmarcando su rostro.
En sus manos, un ramillete de lirios blancos y rosas.
Pero lo que realmente robaba la atención no era el vestido ni las joyas —heredadas de su madre, unas perlas que brillaban con luz propia—, sino su sonrisa. Candy sonreía con una mezcla de alegría desbordante y esa chispa traviesa que la había caracterizado desde niña, esa que decía que, aunque ahora fuera una dama, seguía siendo ella, la misma que trepaba árboles
Sus damas de honor la seguían: Patty, radiante con un vestido azul celeste, y Annie, la doncella y amiga de la infancia, que llevaba un rosa pálido y bajaba la mirada tímidamente cada vez que Archie la miraba desde el altar.
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Del Odio al Amor
Romance(Terminada).Terry, heredero al título de Duque, y Candy White, joven de noble linaje, están unidos por un compromiso impuesto desde la infancia. Lo que comenzó como una obligación indeseada pronto los enfrentará a una convivencia forzada, donde el r...
