Del odio al amor.
En las calles de Londres.
La noche londinense envolvía la ciudad en un manto húmedo y frío que se colaba hasta los huesos. Las farolas de gas proyectaban círculos de luz anaranjada sobre el adoquín brillante por la lluvia reciente.
Stear Corwell bostezó de manera exagerada, el vapor de su aliento formando una nube efímera en el aire.
—La ciudad es demasiado grande —se quejó, frotándose los ojos detrás de sus gafas—. Hemos recorrido todos los alrededores del colegio, los parques cercanos, incluso esa zona de almacenes que huele a pescado podrido. Y nada. Nada de nada.
A su lado, Patty caminaba con determinación, sus ojos claros escudriñando cada callejón, cada portalón cerrado.
Llevaba un fino abrigo sobre su vestido, pero tiritaba ligeramente.
—No podemos darnos por vencidos.Debemos estar pendientes de cualquier pista, por mínima que sea. Un trozo de tela, un sonido… algo.
Archie, ajustó el cuello de su gabardina. Su rostro, usualmente relajado, estaba tenso por la preocupación.
—Ya buscamos toda la tarde,Patty. Y ahora está anocheciendo. Las normas del colegio… y el sentido común, dicen que deberíamos volver.
Stear se detuvo junto a una farola, inclinando la cabeza como si escuchara algo más allá del rumor lejano del tráfico y el goteo de los canalones.
—No sé ustedes,pero yo ya puedo escuchar a los grillos del campo cantar y bailar con la melodía de mi cama calentita. Y no son metafóricos. Estoy soñando despierto.
Patty estaba a punto de regañarlo por su falta de seriedad cuando se detuvo en seco. Su cuerpo se tensó.
—Espera…—susurró, alzando una mano.
Stear y Archie se callaron al instante. En el silencio que Patty había impuesto, solo se escuchaba el viento susurrando entre los ladrillos de los edificios.
Y entonces, muy débil, como si viniera del fondo de un pozo o de detrás de un muro grueso, llegó un sonido. Una voz.
Era una voz femenina. Clara. Familiar.
—¿Qué es lo que se escucha por allá? —preguntó Stear, señalando hacia un callejón lateral que parecía conducir a la parte trasera de una hilera de edificios industriales reconvertidos.
Archie frunció el ceño, concentrándose. Su expresión cambió de perplejidad a reconocimiento.
—Esa voz…la reconozco.
Patty no esperó a más. Su intuición, esa brújula interna que rara vez fallaba, apuntaba directamente hacia ese sonido.
—¡Es una señal!¡Vamos!
Los tres se adentraron en el callejón, un pasaje estrecho y mal iluminado donde la basura se acumulaba en las esquinas.
El aire olía a humedad y abandono. Al final, el callejón desembocaba en un patio de servicio trasero de uno de los edificios más grandes. Y allí, en el suelo, junto a un montón de cajas de madera rotas, encontraron el origen de la voz. O, más bien, su mensajero.
Patty se detuvo, sorprendida. No era una persona.
Era un mapache. Un pequeño mapache que, al verlos, se puso en tensión, pero no huyó. En sus patas delanteras, sostenía con terquedad un jirón de tela.
—¿Un… mapache? —murmuró Patty, desconcertado.
—¡Clin! —exclamó Archie, reconociendo al animal. Se agachó lentamente, extendiendo una mano—. ¿Eres tú, verdad? ¿Dónde está Candy?
Clin, emitió un suave chasquido. Soltó la tela y, con una pata, la empujó hacia Patty. Luego, se levantó sobre sus patas traseras y miró hacia arriba, hacia una ventana alta y estrecha en la parte trasera del edificio. Emitió un sonido agudo, insistente.
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Del Odio al Amor
Romance(Terminada).Terry, heredero al título de Duque, y Candy White, joven de noble linaje, están unidos por un compromiso impuesto desde la infancia. Lo que comenzó como una obligación indeseada pronto los enfrentará a una convivencia forzada, donde el r...
