Capitulo 13

1.2K 103 11
                                        

Del odio al amor

El jardín botánico del Colegio San Pablo solía ser un lugar de tranquilidad casi monástica, una geometría de calma forjada en setos de boj, macizos simétricos y el susurro respetuoso de los aspersores.

Un espacio donde las tensiones académicas y sociales se disolvían entre el aroma a tierra húmeda y a flor cortada. Sin embargo, esa mañana en particular, el aire sereno parecía cargado de una electricidad sorda, como la calma que precede antes de una tormenta.

En un rincón apartado, oculto a la vista de los senderos principales por un alto muro de madreselva, Neil Leagan y sus dos compañeros se despedían con gestos torpes.
—Tenemos todo listo,tal como nos pediste —murmuró , ajustándose el cuello de la camisa con un nerviosismo que traicionaba sus palabras.

Anthony Brown , de pie junto a un rosal repleto de capullos, asintió con una calma glacial.

No miraba a Neil; su atención estaba fijada en una rosa particular, cuyos pétalos acariciaba con el dorso de un dedo enguantado.
—Bien.Ahora váyanse —ordenó, sin levantar la voz—. Lejos de aquí. No quiero que ella los vea hablando conmigo, ni cerca de este lugar. Desaparezcan.

El grupo obedeció sin protestar, deslizándose entre la vegetación como sombras , dejando al joven rubio solo en su pequeño reino floral.

Todo debe salir como lo pensé, reflexionó Anthony mientras observaba el agua deslizarse sobre los pétalos. Cada movimiento estaba calculado; cada gesto, ensayado en silencio.

Aquí, entre el orden de la naturaleza domesticada, él era el arquitecto.

---

Después de clases, Candy cerró su cuaderno con cuidado, como si temiera hacer ruido incluso al pensar.

—¿A dónde vas? —preguntó Patty, ajustándose el lazo del uniforme.

—Iré a ver las rosas de las que habló Anthony  —respondió Candy, intentando infundir a sus palabras un tono de naturalidad que no sentía—Me invitó a ver el resto de su… proyecto.

Patty arqueó una ceja, una sonrisa pequeña y comprendida asomando a sus labios.

——¿No me dirás que ahora te interesa Anthony?  —Hizo una pausa dramática—. ¿Y qué pasa con el otro candidato, el que trepa árboles y alimenta mapaches? Terry se quedará esperando en la colina.

Candy frunció el ceño, una mezcla de irritación y confusión nublando su expresión.
—No dije que meinteresara Anthony, Patty. Voy como… como amiga. Es un interés botánico. Hasta que… hasta que sepa qué pensar de Terry. Todo está demasiado… enredado.

Patty suspiró, pero su sonrisa se suavizó en una expresión de genuina preocupación.
—Está bien.No te presionaré. Pero no tardes. Tenemos clase de música en media hora, y la hermana Agnes odia las tardanzas.

—No lo haré —prometió Candy antes de alejarse—. Solo será un momento.

---

El jardín la recibió con su perfume embriagado.

Anthony estaba allí, en el corazón del pequeño invernadero anexo, regando meticulosamente cada maceta con una regadera de latón pulido.

La luz del atardecer, filtrada por los cristales empañados, le doraba el cabello y creaba un aura casi pictórica a su alrededor. Parecía una escena sacada de un cuadro prerrafaelita: el joven apuesto, el escenario perfecto, la paz laboriosa.

—Anthony —lo llamó Candy, su voz un poco más baja de lo que pretendía.

Él giró hacia ella, y su sonrisa fue inmediata, cálida, como si su presencia fuera el sol que esperaba.
—Hola,Candy. Te esperaba. Me alegra que hayas venido.

Del Odio al AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora