Del odio al amor
El tiempo, aquel arquitecto silencioso e implacable, había levantado sus muros entre las visitas.
Ya no se medía en estaciones juntos, sino en cartas intercambiadas entre mansiones, en rumores que viajaban por los salones de Londres, y en los lentos pero inexorables cambios que la adolescencia avanzada trazaba en dos rostros que apenas se reconocían en breves encuentros protocolarios.
En la biblioteca de Grandchester , una estancia donde el aire parecía haberse espesado con el polvo de siglos y el peso de las decisiones, el Duque Richard estudiaba unos informes de la hacienda.
La luz del atardecer, anaranjada y oblícua, se colaba por los altos ventanales, iluminando motas de polvo que danzaban como átomos de inquietud.
El fuego en la chimenea, necesario aún en las tardes de primavera temprana, crepitaba con un sonido que era el único latido en aquel silencio sepulcral.
Un suave golpe en la puerta de roble rompió el hechizo.
-Adelante-dijo Richard, sin alzar la vista.
El mayordomo, un hombre cuya dignidad parecía tallada en el mismo material que los muebles, entró con un salver de plata.
Sobre él, descansaba un sobre cuadrado y austero, de papel grueso y color crema.
-Le ha llegado un telegrama,Su Gracia. Por mensajero especial. Parece urgente.
Richard extendió la mano, cogió el sobre. El papel era áspero al tacto, cargado de la intención inmediata de su época.
El sello de cera era rojo, con el monograma «E.W.» grabado con elegancia pero sin florituras.
-Gracias,Williams. Puede retirarse a descansar.
-Gracias, Su Gracia -murmuró el mayordomo, inclinándose y desapareciendo tan silenciosamente como había entrado, dejando a su señor solo con el crepúsculo y el mensaje.
Richard rompió el sello con la punta de su abrecartas de marfil.
El sonido del papel rasgándose fue agudo en el silencio.
Desplegó la hoja, y sus ojos, esos ojos azules que habían aprendido a leer entre líneas de tratados y rostros humanos, escanearon el texto mecanografiado con precisión impersonal.
Sin embargo, cada palabra parecía cargarse de un significado propio al ser absorbida por su mente:
ESTIMADO DUQUE RICHARD:
ESTOY CONSIDERANDO QUE, CON EL PASO DE LOS AÑOS Y LAS VISITAS ESPORÁDICAS, PERSISTE UNA NOTABLE FALTA DE COMUNICACIÓN VERDADERA ENTRE CANDICE Y SU HIJO TERRENCE. LOS ENCUENTROS SON BREVES, TENSOS Y SUPERFICIALES. ESTO, EN MI OPINIÓN, NO CONDUCE A LA FORMACIÓN DEL VÍNCULO NECESARIO PARA EL FUTURO QUE AMBAS CASAS VISLUMBRAMOS.
Richard hizo una pausa.
Sus dedos, largos y nervudos, apretaron ligeramente los bordes del papel. La franqueza de Elroy era, como siempre, despiadada y precisa. No había lugar para eufemismos en su pluma.
ES POR ESTO QUE DESEARÍA PROPONERLE UNA IDEA QUE HE ESTADO MADURANDO: ENVIARLOS A UN MISMO COLEGIO RESIDENCIAL DONDE PUEDAN CONVIVIR DE MANERA CONTINUA Y ESTRUCTURADA. LA PROXIMIDAD FORZADA, SUMADA A UN ENTORNO ACADÉMICO Y SOCIAL APROPIADO, PODRÍA CATALIZAR LA FAMILIARIDAD QUE AHORA BRILLA POR SU AUSENCIA.
El duque soltó un leve suspiro que se confundió con el crepitar del fuego.
Un colegio.
No era una idea descabellada.
De hecho, resonaba con una lógica que él mismo había considerado en privado, pero descartado por parecer... demasiado obvia, demasiado directa. Elroy, sin embargo, no temía la obviedad si esta servía a sus fines.
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Del Odio al Amor
Romance(Terminada).Terry, heredero al título de Duque, y Candy White, joven de noble linaje, están unidos por un compromiso impuesto desde la infancia. Lo que comenzó como una obligación indeseada pronto los enfrentará a una convivencia forzada, donde el r...
