Capitulo 10

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Del odio al amor.

Terry tenía a Stear agarrado por las solapas de su bata de laboratorio, empujándolo contra una mesa llena de planos y extraños artefactos de latón.

Los ojos del heredero, de un azul gélido que ahora ardía con el fuego de la frustración herida, estaban clavados en el rostro atónito de su amigo.

—¡¿Por qué le dijiste eso, idiota?! —rugió, su voz áspera, destrozando el sagrado silencio del lugar—. ¡Con una sola palabra, con tu maldita literalidad, has echado por tierra todo!

Stear, aunque sorprendido, no se resistía.

Sus gafas estaban torcidas, pero su mente analítica aún intentaba procesar la falla en su error.

—No…no pensé que Candy se refería a otra cosa —logró articular, su voz clara a pesar de la presión en su pecho—. Asumí que hablaba de tu motivación. Y le confirmé que sí, que el origen era externo, pero que tus intenciones habían evolucionado…

—¡Ella no preguntó por mis «intenciones evolucionadas»! —lo interrumpió Terry, sacudiéndolo con rabia impotente—. Preguntó si todo era una farsa, si solo actuaba por obligación. Y tú, con tu «sí», le diste la respuesta que más temía. ¡Ahora Candy no me quiere ni ver, gracias a tu precisión de máquina rota!

Archie, que había estado observando con el rostro descompuesto, se interpusó, colocando sus manos sobre los brazos de su amigo.

—¡Basta,Terry! ¡Suéltalo! Esto no ayuda. Stear es… Stear. No calcula el impacto emocional de las palabras, solo su veracidad lógica. El error ya está hecho. Ahora hay que pensar en cómo solucionarlo.

Terry soltó a Stear con un gruñido, dando un paso atrás.

Este se enderezó, ajustando sus gafas con un gesto mecánico, su expresión ahora era de genuina consternación al comprender la magnitud de su metedura de pata.
—Lo lamento,Terry. No fue mi intención.

—No es tu culpa, hermano —murmuró Archie, frotándose los ojos—. Es culpa de quien sea que sembró ese veneno en la mente de Candy. Ella no inventó ese rumor de la nada.

En ese momento, la puerta del laboratorio se abrió con cuidado y Patty asomó la cabeza. Su rostro, normalmente sereno, estaba pálido y lleno de preocupación.

Al ver la escena —a Terry con el puño aún cerrado, a Stear desarreglado, y al final un  Archie con expresión cansada—, supo que apenas había pasado lo peor.

—Chicos —dijo, entrando y cerrando la puerta tras de sí.

—¡Patty! —exclamó Archie, con un destello de alivio.

Stear, sin embargo, pareció aún más nervioso al verla.
—Hola,Patty. No creo que este sea un buen momento para…

—Sí lo es —lo interrumpió ella, su voz firme—. Pensé que los encontraría aquí. Vine porque… porque no creo que Terry sea capaz de hacer algo así. De decir esas cosas horribles sobre Candy. Esas mentiras que están circulando.

Terry se volvió hacia ella, su ira momentáneamente desplazada por una esperanza agónica.
—¿Tú qué sabes? Patty, por favor, dime algo que tenga sentido.

Stear que hasta ese momento se sentía abatido le miro severo que le hablara a ella de esa forma.

Patty se acercó sin inmutarse para no provocar otra pelea.

—Fue Eliza y Luisa. Dijeron que el rumor había empezado por ti, Terry.

Las palabras, dichas en voz clara , sonaron aún más grotescas y viles.

Del Odio al AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora