Capitulo 16

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Del odio al amor.

La sonrisa del rostro de Anthony se congela en el acto. No se desvanece; se solidifica, como porcelana agrietada al congelarse. Los ojos glaciar se oscurecen.

-¿Qué tiene él -pregunta, y cada palabra es un cristal afilado- que te hace confiar tanto? ¿Qué te hace aferrarte a un fantasma?

La pregunta, en lugar de hundirme, me ilumina desde dentro.

La respuesta surge clara, sencilla, como si siempre hubiera estado allí esperando a ser nombrada.

-Si promete algo -digo, sintiendo un calor que me sube por el cuello hasta las mejillas-, lo cumple. No cambia de opinión por conveniencia. No retira su palabra cuando las cosas se ponen difíciles. Es obstinado, y terco, y a veces insufrible... pero es leal. Eso es lo que me gusta de él. Lo que siempre me gustó.

Y al decirlo, lo entiendo.

Tarde, quizá, pero con una claridad brutal. Mi corazón no se decidió en el beso que casi nos dimos.

Fue antes.

En cada discusión, en cada gesto de protección terca, en cada vez que se puso frente a mí, entre el mundo y yo, sin pedir nada a cambio.

Siempre fue él.

-Lo siento, Anthony -añado, retirando mis manos y apartándome definitivamente-. No puedo verte como... eso. No de esa manera.

Por un segundo, solo hay silencio. El crepúsculo ha muerto, y la primera oscuridad verdadera de la noche se cierne sobre la colina.

-Realmente -dice él, y su voz ya no es suave, ni melosa, ni siquiera fría. Es cortante, como el filo de un cuchillo recién afilado-. Realmente eres una tonta rematada.

-¿Anthony? -El cambio es tan abrupto que mi cerebro tarda en procesarlo.

-Te ofrecí ser mi esposa, con todo lo que conlleva, por las buenas -dice, levantándose. Ya no es el principe pretendiente; es solo una sombra , el verdugo-. Te ofrecí salvarte del ridículo, del ostracismo, de convertirte en la prometida abandonada. Y aun así, con terquedad de mula, prefieres a él. ¿A un desaparecido? ¿A un muerto en vida?

-¿De qué... de qué estás hablando? -La sangre comienza a latir con fuerza en mis oídos.

-Es hora de que te bajes de esa nube rosada de niña rica consentida -escupé-. Te daré una última oportunidad, Candy. Una sola. Acepta ser mía, públicamente, mañana. O si no... lo cobraré con Terry. Cada gramo de tu rechazo, lo pagará él con creces.

El aire de la colina, antes fresco, de repente pesa como plomo.

Sus palabras no son una amenaza vaga. Son una sentencia. Y en ese instante, todos los hilos sueltos, las coincidencias extrañas, la desaparición repentina, la actitud de Neil ... todo encaja con un clic siniestro y perfecto.

-Tú... -logro decir, levantándome también, las piernas temblorosas-. Querías ocupar su lugar. No solo en la escuela... en todo. En mi vida. Esto... esto lo planeaste.

-Exactamente -admite, y en su admisión hay un orgullo perverso-. La pieza sobrante debe ser eliminada del tablero para que el juego continúe. Él es la pieza sobrante.

Retrocedo.

La hierba parece querer atrapar mis pies. Las sombras al pie de la colina ya no están vacías. Siluetas emergen de entre los árboles, moviéndose con una sincronía alarmante. Me rodean. Son los mismos chicos que ahora siguen a Anthony. Sus rostros son máscaras de obediencia vacía.

-No me arriesgaré a que corras a contarle tus teorías a alguien -dice Anthony, con la calma de un director de orquesta-. Ya saben qué hacer. Sed... convincentes.

Del Odio al AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora