Del odio al amor
Terry cruzó la última distancia y sus labios encontraron los de ella.
Fue un beso suave al principio, una pregunta.
Luego, al sentir que ella no se apartaba, sino que se fundía en el contacto, se volvió más profundo, más afirmativo.
No fue el beso robado y torpe de un adolescente, ni el gesto formal y seco que Terry imaginaba dar algún día por obligación.
Este beso transmitía una tranquilidad profunda que le inundó el cuerpo y el corazón, disolviendo por un momento todas las tensiones, todos los resentimientos, toda la pesada armadura de su vida.
Era una sensación mutua; Candy, en sus brazos, parecía derretirse, entregarse al momento con una confianza total que lo conmovió hasta lo más hondo.
«Mi primer beso…», pensó Candy, mareada por la dulzura del contacto. «Pensé que sería algo triste, un deber junto a un hombre al que apenas conozco. Pero esto… esto se siente bien. Tan bien. Si es con él, con mi Romeo… no quiero que esto acabe nunca.»
Casi sin pensarlo, estiró sus brazos y los posó sobre los hombros de Terry, anclándose a él, profundizando el contacto.
A través del grosor de su chaqueta, Terry podía sentir el calor de aquellas manos delicadas y blancas, y ese calor le llegó directamente al alma.
«Julieta…», pensó él, perdido en la sensación. «Siente lo mismo que yo. Lo sé. Desearía… desearía poder estar con ella siempre. Que esta noche no terminara. Que pudiéramos olvidar quiénes somos fuera de estas máscaras.»
El vals, que había sido su cómplice, llegó a su fin con un último acorde solemne.
El sonido los fue devolviendo lentamente a la realidad, obligándolos a separar los labios, a abrir los ojos.
El mundo a su alrededor, el rumor, la luz, las otras parejas deteniéndose, volvió en un torrente.
Fue entonces cuando una voz, familiar, autoritaria y ligeramente sorprendida, cortó la burbuja en la que estaban sumergidos.
—¡Terrence!Ahí estás. Qué bueno encontrarte.
Terry se apartó bruscamente, como si lo hubieran pillado haciendo algo prohibido.
Su padre, el Duque Richard, estaba a unos pasos, con la tía abuela Elroy a su lado.
Ninguno de los dos llevaba máscara; su autoridad era disfraz suficiente, cada alumno podría invitar un pariente y por ello aún así se invitaron a ellos mismos.
—¿Padre? —logró decir Terry, su mente aún enredada en el hechizo del beso.
Candy, al oír la palabra, se quedó helada.
Su mente, que aún nadaba en la dulce confusión, hizo una conexión catastrófica.
«¿Padre? ¿El Duque Richard? Entonces… entonces él…»
La tía abuela Elroy, con su aguda mirada, ya había captado la escena. Su expresión era una mezcla de satisfacción profunda y de curiosidad maliciosa.
—Cariño,no te des tus vueltas sin mí. Te he estado buscando por un buen rato. —Su mirada recorrió el vestido granate de Candy—. Veo que el vestido te quedó… espectacular.
Candy, aún aturdida, murmuró:
—Per…perdón.
Terry, intentando recuperar la compostura, miró a la tía abuela y luego a Candy.
—Señora Elroy,entonces… Julieta es…
Richard soltó una risa corta, seca, llena de un significado que Terry no entendió de inmediato.
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Del Odio al Amor
Romance(Terminada).Terry, heredero al título de Duque, y Candy White, joven de noble linaje, están unidos por un compromiso impuesto desde la infancia. Lo que comenzó como una obligación indeseada pronto los enfrentará a una convivencia forzada, donde el r...
