Del odio al amor.
En un rincón, cerca de un banco de madera pulida, Patty estaba ayudando a Candy a guardar su vestido de encaje en una bolsa de tela. La atmósfera , cargada por la noticia que acababa de soltar como una bomba de humo.
—¿Qué dices? —Patty dejó caer la cinta que estaba enrollando, sus ojos avellana abiertos como platos—. ¿Terry… se te declaró? ¿En serio?
Candy asintió, sus dedos jugueteando nerviosamente con los flecos de su chal.
Su rostro era un mapa de confusión: las mejillas aún tenían el último vestigio de un sonrojo, los ojos verdes brillaban con un aturdimiento que no era del todo desagradable.
—Si, ni yo misma lo espere, pero si.
Patty se dejó caer en el banco a su lado, abanicándose exageradamente con la mano.
—¡Por todos los santos! ¡Es… es casi romántico, en un sentido absolutamente caótico y muy propio de ustedes dos! —Se inclinó, bajando la voz—. ¿Y qué le dijiste?
Candy bajó la mirada, un gesto de frustración cruzando su rostro.
—No pude decirle nada.Absolutamente nada. Se me trabó la lengua. El corazón me latía como si quisiera escapar del pecho y el cerebro… dejó de funcionar.
Patty frunció el ceño, decepcionada.
—¿Por qué?Si era el momento. Él estaba siendo sincero, vulnerable incluso. Podrías haberle dicho… algo. Cualquier cosa.
—Porque apareció Anthony —explicó Candy, como si ese nombre fuera la respuesta a todo.
Y en cierto modo, lo era.
—¡Ah! —exclamó Patty, comprendiendo—. Entonces, Terry se puso celoso.
Candy la miró, escéptica.
—¿Que?Imposible. Terry podría enojarse, bromear y todo pero celoso nunca.
—¿Qué más podría ser, entonces? —retó Patty—. ¿Crees que su mal humor repentino fue porque le cayó mal el olor del elefante? No. Fue porque apareció él. Un verdadero rival
El chico que ya una vez le robó tu atención.
Candy se quedó callada, la lógica de Patty golpeando contra sus propias dudas. "¿Podría ser?" Su mente retrocedió, más allá del zoológico, hasta la fiesta de la cosecha.
Recordó con vívida claridad la expresión de Terry cuando Anthony le ofreció la mano para bajar del carruaje. No había sido solo fastidio. Había sido algo más agudo, más personal.
El modo en que sus ojos se habían oscurecido, cómo su sonrisa cortés se había congelado. Y luego, en el baile, sus comentarios sarcásticos sobre el "señorito perfecto".
—Pensándolo bien… —murmuró, admitiéndolo casi para sí misma—, no es la primera vez que a Terry le desagrada profundamente ver a Anthony .
Patty asintió, triunfal.
—¡Exacto!Los celos no son solo rabietas y posesividad, Candy. A veces son… silenciosos. Se manifiestan en sarcasmo, en mal humor, en una mirada que podría cortar diamantes. Y Terry tiene una reserva inagotable de eso. Debe ser porque ya le gustabas desde antes, incluso si ni él mismo lo sabía. —Hizo una pausa y luego, con suavidad, lanzó la pregunta que flotaba en el aire entre ellas—. Y tú… ¿qué piensas de él ?
Candy la miró, desconcertada.
—¿Yo?
—Sí, tú —insistió, su voz ahora seria, de amiga preocupada—. Esa es la pregunta que importa ahora. Él soltó su verdad, o al menos, una parte ¿Y tú? ¿Te gusta Terry?
Candy abrió la boca para dar una respuesta automática, una negación basada en años de peleas y desencuentros.
Pero las palabras no salieron. En su lugar, surgió un torbellino de imágenes: el niño que se escondía tras las piernas de su padre, el adolescente sarcástico en el carruaje, el Romeo enmascarado cuyo beso aún le quemaba los labios en el recuerdo, el muchacho torpe que trepaba un árbol para rescatarla, el serio que le vendaba la rodilla con su pañuelo de seda, los ojos azules ardientes de sinceridad junto al árbol del zoológico…
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Del Odio al Amor
Romansa(Terminada).Terry, heredero al título de Duque, y Candy White, joven de noble linaje, están unidos por un compromiso impuesto desde la infancia. Lo que comenzó como una obligación indeseada pronto los enfrentará a una convivencia forzada, donde el r...
