Del odio al amor.
Voz de Candy
Han pasado días.
Días largos,espesos, como jarabe amargo que se atora en la garganta. La luz del sol, antes cálida en los vitrales del instituto, ahora se siente pálida, insustancial.
El tiempo ha adquirido una textura extraña: se arrastra con pereza viscosa durante las interminables horas de clase, y luego se acelera de golpe, arrojándome a la noche sin que haya logrado respirar, sin que haya logrado recordar algo más allá del vacío que su ausencia ha tallado en el aire.
Terry sigue desaparecido.
Lo he intentado todo, o al menos, todo lo que mi orgullo y mi preocupación, enzarzados en una lucha silenciosa, me han permitido.
Pensé en enviarle mensajes a través de Clin —ese pequeño y astuto mapache que siempre fue un puente entre nosotros, que entendía sus silbidos y mi tono de voz por igual—.
Nada.
Ni un rasguño en la corteza del viejo roble donde solíamos dejar notas, ni ese suave tirón en mi falda que anunciaba su llegada furtiva.
Es como si la tierra se los hubiera tragado a los dos. Y esa posibilidad, fría y sibilina, me duele con una intensidad que jamás habría admitido en voz alta.
Nunca pensé que su ausencia tuviera peso. Que fuera una cosa tangible, capaz de doblar los hombros y empañar los cristales.
Pero lo tiene.
Es un hueco que no hace ruido, pero cuyo silencio es ensordecedor. Extraño su risa, esa mezcla de descaro y timidez que solo él poseía.
Extraño su manera de inclinar la cabeza ligeramente hacia un lado cuando estaba a punto de llevarme la contraria, como si midiera el impacto de sus palabras. Extraño incluso sus silencios cargados, esos momentos en los que sus ojos azules se perdían en la distancia y yo fingía no observarlo, preguntándome qué batallas libraba tras esa frente pensativa.
Ahora el silencio es solo eso: vacío. Y yo soy la que mira a la distancia, buscando un perfil que ya no está.
¿Dónde estará?
Los pasillos del Colegio San Pablo antes escenarios de nuestros forcejeos y reconciliaciones aceleradas, se han transformado.
El mármol pulido refleja una luz más fría. Los ecos de las risas ajenas suenan huecos, como si resonaran en una cámara vacía. Yo camino por ellos, y cada paso me parece más largo, más pesado.
—¿Aún nada? —la voz de Stear me saca del ensimismamiento.
Habla en un tono bajo, conspirativo, como si las paredes pudieran tener oídos y los retratos de los fundadores pudieran delatarnos.
A su lado, Archie , su rostro habitual de bromas serio por primera vez en mucho tiempo.
—Nada—confirma, y la palabra cae como una losa—. Su padre ha movilizado todos sus recursos. Dinero, contactos privados, incluso gente que… bueno, que no suele aparecer en los registros oficiales. Es como si Terry se hubiera evaporado. Ni una huella, ni un testimonio fiable. Nada.
Aprieto los libros contra mi pecho, como si pudieran servir de escudo contra la incertidumbre.
Patty camina a mi izquierda, su mirada clara y analítica recorriéndome de reojo.
Sabe.
Sabe que estoy hecha añicos por dentro, y su silencio no es indiferencia, sino un respeto temeroso, como si una palabra inoportuna pudiera quebrar el frágil equilibrio que me mantiene en pie.
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Del Odio al Amor
Romance(Terminada).Terry, heredero al título de Duque, y Candy White, joven de noble linaje, están unidos por un compromiso impuesto desde la infancia. Lo que comenzó como una obligación indeseada pronto los enfrentará a una convivencia forzada, donde el r...
