09. Hagamos un incendio

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Cuando aparecen tus ojos
me pierdo en la inmundicia,
perecen cristales rotos…
rotos por la carne que devisa.

Puedo ver un camino de papel
que te envuelve y te mantiene sobrio,
es inflamable y se adhiere a tu piel.
Va siendo hora de planear el robo…

Hagamos un incendio,
traigan las cajetillas de cerillos
embalsamadas en el miedo,
el poder, el pecado y el delito,
tira tus capas de papel al suelo
y mira cómo se ve cocido
los principios esos de hielo
que te mantenían reprimidos.

Caigo presa del delirio
y puedo avistar una voz lejana
que me dice en el oído
un canto de luces extrañas,
se menciona positivo
el mercado rojo
y es pecado prohibido
mirar a los otros,
¿y quiénes son los otros? No he entendido,
los miro como peatones que apenas y esbozo,
que avisto vagamente en la lluvia del sonido,
como una ilusión que pierde la razón
y a la vez nos mantiene unidos.

Salgamos a la fresca y solitaria brisa
que puedes sentir bosque adentro,
para que valores las inocentes risas
y entidades que se pierden al momento.

Hagamos un incendio,
déjame perderme en tu cuerpo,
en la confusión que está de por medio
y en la más baja de tu imperfección,
en la desolación que arde muy lento,
que se funde entre nosotros desde pequeños
y se esparce fuera de nuestro fuego,
como cenizas alzan el vuelo
y son libres de nuestra prisión…
pero nosotros no.

Así que deja la imaginación volar
porque el mañana es sombrío.
Tú sabes en lo que te has metido,
¿qué lo puede remediar?
tus palabras suicidas son silbidos.
Sabes que quieres venir a jugar,
pero tu moral de introvertido
no deja espacio a la libertad.

Ven, dame tu mano,
deja, que yo hago todo el trabajo,
verás que querrás ser nuestro esclavo
y ceder al placer dulce e instantáneo.
Podría parecer insano
a ojos del querer mediano,
pero la pasión es esto,
sólo fórmula y deseo,
es el camino del exceso
que tanto amas en secreto,
¿lo has olvidado?

Perdiste las hojas del portal.
No escribiste la nota para regresar.
Uh, qué mal.
Perece que me tendrás que ayudar.

Hagamos un incendio,
yo quemo el bosque, tú mis deseos.
Sabes lo que quiero…
quiero decir, sabes lo que quieres,
¿no es cierto?

Hagamos un incendio,
que tu sangre caiga por tu cuello,
que mis dientes se manchen
y que sientas un poco de miedo.

Te llevo al infierno de Asmodeo
y puedo ver cómo suspiras.
En ti aún queda algo de deseo,
no lo ocultes, lo veo aunque lo evitas.

Y ha empezado el segundo asalto,
tus labios ya no pueden parar.
El incendio te consumió a lo alto,
tu primera combustión es genial.
La cúspide está entre tus brazos
y el culmen al terminar.
Sé que te estás haciendo pedazos
y veo que no vas a parar,
por lo visto estás ebrio y errado,
por lo visto te vas a quebrar…
veo tus ojos poniéndose blancos
y todo se vuelve negro en tu mirar.

Hagamos un incendio,
tú ya empiezas a sudar,
¿dónde quedó aquel concepto
de lo idílico al disfrutar?
vas a intentarlo de nuevo
siendo tu destino fracasar,
vas a caer en el juego
aún sabiendo que no puedes ganar.

Los primeros días en marzo
te empiezan a agotar,
¡qué lujuria ante el rechazo
y el acabar tan mal!
pero tu exaltación tras cada impacto
y tu inmundo deseo humano
siempre parecen estar,
y la autolesión se acerca a cada paso,
y el daño no lo evitas, solamente crecerá.

Has perdido la precisión entre la libertad,
te has entregado al corazón y su realidad
plasmada en la oración de una negra verdad
que pierde fricción para frenar y así errar.
Pasas por el callejón y al pisar vas a chapotear,
ensuciando tus zapatos del amor
que no hallas en la dirección que vas a tomar,
sólo tienes derecho al efímero placebo de un calor,
¿te das cuenta ya?

Hagamos un incendio
que pueda ocultar el desastre que hay por medio
y que te pueda refugiar.
Prepara el arrepiento y la fuga del conocimiento
para evadir tu responsabilidad.
Quisiste jugar, y me encanta jugar,
pero me tienes que pagar.
Luego, quizá, nuevamente haremos un incendio.

Tienes que dejar de escapar de tus excesos
y entrar en la realidad de afrontar tus miedos.
Con los ojos cerrados mirando al cielo
y rotos tus párpados amados escapando del sueño,
¿a qué es así aunque no quieras reconocerlo?
te cuesta ser feliz si estás en las afueras de tu placebo.

Pero nadie espera tanto
y tienes los días contados.
¿Ahora quieres irte de aquí?,
¿justo cuando viene lo raro?
tal vez debas aprender a mentir
como aprendiste del fallo,
créeme que no es momento de huir,
es momento de tratar de seguir,
¿ahora me temes y estás salado?
no me estás entiendo, quiero decir,
¿sabes siquiera de lo que estoy hablando?
lo veía venir.
Tal vez sería momento de ir cambiando,
como he cambiado yo por aquí,
¿sabes por qué?, ¿realmente no lo has captado?,
¿tienes idea de quién escribe aquí?
soy ese reflejo tentador que te recuerda lo evitado
y ahora evitas tratar lo que te tiene así,
deberías de irte equilibrando,
y seguiré en tu cabeza mientras no te seas fiel a ti.

Palabras SuicidasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora