No todo en la vida es tener una pareja, las mujeres que se presentaban en el negocio de Alejandro, eran falsas e interesadas, aunque algunas eran de gran belleza, Alejandro siempre hacía comparaciones, nadie merecía el lugar de su difunta esposa, nadie era tan bella como Anastasia, nadie ocuparía el vacío que sentía, a nadie amará como amó, porque su recuerdo quedará en su alma y corazón, un corazón muy lastimado que pronto tendrá que entrar en razón, sobre todo para dar más amor a su hija y su madre.
La madre de Alejandro se hizo cargo de su nieta, su hijo no tenía tiempo ni ganas de hacerse cargo de ella, pero no era justo que su nieta, no estuviera cerca de su padre, él tenía que hacerse cargo de ella, aunque la señora Carla adoraba a su hijo, era hora que dejara pasar el tiempo de duelo, la niña cumpliría dos años de edad, la madre de Alejandro le hizo entrega de su hija, tenía derechos y obligaciones que atender, su madre se quedó a vivir dos años más con ellos, esto para que su hijo y nieta se acostumbraran a sus figuras.
Durante ese tiempo, Alejandro tenía que ir al campo, vender sus cosechas en la ciudad y llegar a atender a su hija, aunque la señora Carla la cuidaba durante el día, pero ella atendía su casa y la de su hijo, para ella no era pesado cuidar a su nieta, al contrario, era una alegría jugar y enseñarle cosas del campo, exigía a su hijo los sábados a ir a la ciudad, hacía que le comprara ropa y juguetes a su nieta, Alejandro mantenía a su madre de sus ganancias que eran muy exitosas, por petición de su ex esposa, compraron un local en el mercado de Agricultores del Distrito Universitario.
Carlita corría por todos los huertos, hortalizas y siembras, los peones la cuidaban y enseñaban, y ella les ayudaba a recoger la cosecha y recolectar los frutos, para Carlita era emocionante recolectar la fruta y las verduras, entre juego y juego la pequeña Carla cumplió cinco años, Alejandro ya no necesitaba del apoyo de su madre, decidió meter de lleno a esa pequeña a sembrar y cosechar, con el apoyo de los peones, Carlita aprendió muy rápido sus obligaciones, comía con ellos ya que Doña Carla dejó la responsabilidad de cuidarla, ya no era necesario hacerles de comer.
Lo más pesado para Alejandro era lavar la ropa, su madre le decía que él se tenía que hacer cargo de su hogar, hasta que Carla cumpliera la edad necesaria, para hacer los quehaceres de la casa, todos los sábados y domingos Alejandro se dedicaba a lavar su ropa y la de su hija, asimismo le enseñaba a su hija como hacerlo, Carla era una niña muy obediente, callada e inteligente. Cuando iban rumbo a Seattle a vender sus cosechas, a Carlita le causaba curiosidad ver a niñas y niños, que pasaban con mochilas y uniformes frente al local donde vendían sus productos, Carlita le preguntó a su padre porque se vestían así los niños y porque cargaban esas alforjas.
Su padre le dijo que iban a la escuela, para aprender a leer y escribir, pero que ella no podía asistir ya que todavía no tenía la edad para hacerlo, Carla le preguntó hasta que edad, él le contestó que a partir de los seis años, Carlita contaba los días para su cumpleaños número seis, para que su padre la pudiera inscribir a la escuela, cuando cumplió seis años, su padre le compró un pequeño pastel para festejar, solo lo hizo porque su madre le avisó que iría a visitarlos.
En cuanto llegaron a su cabaña, la madre de Alejandro ya estaba ahí, junto con los peones y capataz, para festejar una año más de vida de esa niña hermosa como su madre, Carla le enseño a su abuela, el pastel que le compró su padre, la abuela dijo que llevaba barras de chocolate para festejar.
Su abuela le regaló un cuaderno de colores, donde traían también letras, le recordó a su hijo Alejandro que tendría que inscribirla a la escuela, era un derecho de la niña y una obligación de él.
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LA SOMBRA
FanfictionAna y Christian se conocerán desde niños, el tiempo los unirá por amor, Ana es reservada y estudiosa, nadie sabe que tiene una doble personalidad, una brillante Ingeniero en informática y programadora, pero también es una Robín Hood americana, apoda...
