CAPÍTULO 21 EL LEGADO DE ALEXANDER A ANASTASIA

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Esta mujer es adorable, justificándose de todo, ya le mostré las cartas, porque sigue sintiéndose intrusa, ya tiene mi permiso de ser parte importante de esta casa y mi poca vida que me queda.

— Si, también de eso me enteré señora Carla, no hay ningún problema ¿Ya está listo nuestro café o té?

— Si, puse a calentar agua y preparé café en la cafetera, ¿Qué le agradaría tomar primero?

— Eso quiere decir que la noche será larga.

— No tengo mucho que contar de mi vida, pero creo que no le agradará.

— Debo saber quien vive aquí en mi casa.

— Claro, está en todo su derecho.

De inmediato me pare para informarle que fuéramos a ponernos al día con nuestras vidas, nos dirigimos a la sala, me senté el en sillón para solo una persona, no quería ponerla nerviosa para que me dijera quien es y porque está sola con su hija en este mundo, ella colocó una charola con café, varias tasas, agua y sobres de té.

Empecé contándole sobre mi enfermedad, de lo atenta que estaba no sabía quién era el psicólogo, ella o yo, empecé contándole a grandes rasgos sobre la muerte de mi hermana, mis padres, mi esposa y mi hija de diez años de edad, sobre todo me explayé dolorosamente como las perdí en ese viaje, y como decidí quitarme la vida poco a poco, mis transfusiones de sangre al saber de la existencia de ella y su hija en mi casa, de hecho le conté sobre mis sueños de una mujer con su hija.

La doctora Carla me dijo lo mismo que los médicos, ahora sé que es una doctora muy preparada al decirme de las transfusiones de sangre, pero también le expliqué que ya era demasiado tarde revertir el daño a mi cuerpo, no se sabe cuándo moriré, porque mientras me apliquen las transfusiones me mantendré vivo, pero no es seguro vivir todo lo que me queda de vida así, sobre todo por conseguir la sangre cada seis meses.

La empatía que sintió fue natural, no había en su mirada compasión, sobre todo cuando ella me abrazó y ambos lloramos mi sufrir, no sé cuánto tiempo estuvimos así, pero realmente me sentí tranquilo y esperar mi muerte. 

Cuando nos separamos vi una sonrisa de afecto a mi ser, ella se volvió acomodar en el lugar que estaba y empezó a narrar lo que le hizo su novio, sentí tanto coraje que quería saber quién era por despreciar el amor de una gran mujer.

Si me sentía molesto por el novio, lo que le hizo su padre fue otra daga a su ser, ¿Por qué existe gente tan mala en este mundo? Sobre todo se desquitan con almas tan puras, pero después tuvo una gran recompensa en esa persona llamada Matus y su esposa, era lógico que alguien tan puro pudiera disfrutar de libertad para elegir lo que quiere, a pesar de lo que he sufrido, esto no tiene comparación, ahora que me indica en qué condiciones llegó a mi casa, es justo que viva ella y su hija como se lo merecen.

Me indica que no encuentra el teléfono de la persona que le ayudó a salir del infierno que vivía con su padre, para avisarle que se encuentra bien en mi casa, al fin tiene un hogar y un trabajo estable, por lo que le sugerí que fuéramos a visitarlo, vimos el reloj de nuestras manos, también pude observar que traía puesto uno de mis relojes, pero no me importa, se que un doctora necesita uno, no le diré nada para no apenarla.

Ya eran casi las cuatro de la mañana, teníamos que dormir, ella me comentó que no trabajaría hoy ya que es Navidad, dormí unas cuantas horas, la verdad tenía muchas ganas de seguir platicando con la doctora, su belleza me atrae demasiado, pero es verdad que mi corazón está en otras dos mujeres, mi esposa y mi hija, pero la doctora y su hija estarán protegidas desde ahora por mí, entré sigilosamente a la recámara de la doctora, por costumbre de abrir la puerta de mi recámara.

LA SOMBRADonde viven las historias. Descúbrelo ahora