Capítulo 9. La Cena de Bienvenida.

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Ellos se dirigieron a conseguir su material buscando por toda la ciudad. Hans avisto la tienda de Madame's Modas. Hizo una seña a Martí.

-Mira. Ahí esta la tienda de uniformes.

Entraron. El lugar era todo morado. Un gran mostrador estaba a la derecha de la entrada. Detrás había una señora que aparentaba de sesenta años. Una vez entraron al fondo de la tienda, ella se levanto de un asiento circular. Se acerco a Hans y a Martí. Vestía una túnica blanca y una corona de flores.

-¿Primer grado? Tengo lo necesario para ustedes dos.

Saco una varita negra y los apunto. Hans se puso las manos enfrente creyendo que les lanzaría un hechizo malvado. Pero no sucedió nada. Una regla de medir salió de la vara y empezó a hacer su trabajo con cada uno de ellos. Una vez hecho eso guardo la vara y se dirigió a su mostrador. Abrió un closet detrás de la mesa y saco cuatro túnicas.

-¿Azul o rojo?

Hans y Martí no sabían que color así que la señora dijo.

-Al pequeño le queda el rojo y a ti el azul.

Dejo los trajes en la mesa y saco una hoja y su vara una vez más.

-Nombres por favor.

-Hans Flechen y Martí.

Martí se sorprendió al ver que la señora no escribía con una pluma sino con su propia varita.

-Listo. Son 20 snickles por favor.

Hans pago las túnicas y se las llevaron. La señora los detuvo.

-Lo siento pero deben llevarlas puestas.

-¿Por qué?

-En Clan Bancario no somos amigos de personas desconocidas. ¿Por qué creyeron que no los atendí cuando entraron? Tuve que tener valor.

-¿Dónde nos la ponemos?

-Al fondo hay unos probadores.

Hans se puso la túnica en el probador. Se veía muy bien. Su túnica llevaba unos rombos como escamas de dragón azules. En los lados llevaba una gran línea negra que empezaba del brazo hacia abajo. Un gorro puntiagudo venía incluido. Salió y vio a Martí con su túnica roja. Llevaba como un símbolo de espadas en el pecho y la línea de al lado era amarilla.

Salieron de la tienda y buscaron lo que les faltaba.

Una vez conseguido todo se dirigieron al colegio. Entraron por las grandes puertas y un paraíso se abrió a sus ojos. Un gran patio con ventanas. Puertas que llevaban a distintos lugares. Bibliotecas por todos lados. En fin era un lugar mítico. Una puerta enorme al fondo del patio quedaba entreabierta. Entraron y se asombraron al ver lo que había dentro. Era el comedor principal. Media escuela ya estaba reunida ahí dentro. Había cuatro grandes mesas con varias sillas. Hans intento sentarse en una pero otra persona lo interpuso.

-Lo siento. No puedes sentarte hasta que llegue la profesora. Los demás están ahí.

Señalo a un gran grupo de chicos que eran nuevos. Intentaron meterse en el grupo. Una chica los veía siempre. Pasaron minutos sin que pasara algo. Una mesa grande se encontraba al pie de las demás. Había unas banderas extrañas en las paredes. Una era amarilla, otra azul, otra roja, y otra morada. Cerca de la puerta se encontraba un grupito de músicos. Algunos se prepararon para tocar. Las trompetas sonaron. Todos los que estaban sentados callaron sus pláticas y se levantaron. Una señora joven con una túnica verde oscura entro al lugar. Se paró frente a los de primer grado y les hizo una seña de que fueran con ellos. Chasqueo los dedos y un atril de oro salió del suelo, junto con unos profesores. Cada uno llevaba su túnica del color de las banderas. La señora se acercó al atril y empezó a decir unas palabras.

La Vida de Martí FlechenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora