Capítulo 6. La Batalla de White Town (primera parte)

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-¡A sus posiciones!

-¿Qué ocurre?

-Una de las cazadoras alcanzo a ver tres navíos orcos acercándose. Toquen las campanas. Evacuen a toda White Town, la ciudad ya no es un lugar seguro.

-En seguida maestra Jane.

-Los barcos están hechos de hierro. Nuestras flechas no podrán hundirlos. Contáctame con el Rey Arturo y dile que necesitaremos de las ballestas de la ciudad.

Los barcos orcos tocaron tierra. Los batallones empezaron a desembarcar. Las ballestas resonaban en lo alto de la ciudad. Como la ciudad era de forma triangular, dividida en siete niveles, se tuvieron que dividir. Los primeros tres niveles, los protegían los guardias, los dos que seguían, estaban a cargo de los caballeros, el que le seguía era de los clérigos y el último donde estaba la Sala del Trono del Rey estaban los profesores y las ballestas. White Town había creado buenos planes para la batalla, pero no se esperaban que los orcos llevaran un ariete en forma de cabeza de lobo negro con el hocico en llamas y catapultas rodantes. También había nuevas fuerzas del bando del Imperio Goldunniense, como trolls y brujos negros. Para suerte de White Town, el ariete era lento para llegar hasta la puerta y las catapultas tardaban en recargar. Los trolls trataban de derribar la entrada pero no podían., ya que los arqueros los derribaban antes de entrar.

-Debemos mandar nuestras fuerzas allá abajo. ¿Tenemos una salida secreta?

.Hay una puerta al Norte de la ciudad, pero White Town es muy grande, podrían tardar minutos.

-Nos arriesgaremos.

-Mandare a mis soldados con los tuyos Jane.

Los orcos escalaban las murallas de la ciudad para poder entrar. Los guardias los repelaban, pero no demorarían más. Las catapultas ahora lanzaban piedras de fuego.

-¡Están quemando la ciudad!

Las fuerzas de White Town ya habían legado. Distrajeron un poco los batallones orcos mientras las ballestas destruían los navíos.

-¡Sobre los Trolls! ¡Apunten a los Trolls!

Los arqueros se quedaban si flechas. El ariete avanzaba más. Un navío más grande ya había desembarcado. Traía las Torres de Batalla de la otra vez.

-¿Dónde están nuestros refuerzos?

-No han llegado.

-¿Y los Portadores?

-Tampoco señora.

Jane invoco su hacha de obsidiana y bajó de su posición para unirse a la batalla. Los clérigos crearon un campo de fuerza alrededor de la entrada para protegerla por un momento. Esa acción llevo al ariete a que retrocediera un poco. Jane mataba miles de orcos cada  minuto, pero luego ella sintió que su anillo hacía algo. El hacha se había alargado en un palo grande, así convirtiéndose en un báculo de magos. También se invocó a un puñal de obsidiana. Una armadura de metal rodeo a Jane. Ella se lanzó entonces a los Trolls. White Town ganaba territorio cada vez más. Pero llegó otro navío se acercaba, del mismo tamaño que el de las Torres de Batalla, pero ahora este traía unas serpientes gigantes de color negro y dorado. El Rey Arturo no pudo creer la carga de aquel barco.

-Serpebestias.

-¿Cómo dijo?

-¡Nori! ¡Ordena que las ballestas hundan ese barco! No debe llegar a tierra para nada.

-¿Por qué?

-Ustedes no conocen el poder esa carga. ¡Vamos!

-¡Al barco! ¡Destruyan aquel barco!

Pero era inútil. Aquel navío estaba reforzado. Llegó a tierra firme. La carga se empezó a arrastrar lentamente por el campo de batalla.

-¿Qué hiciste? ¿Por qué no la destruyeron?

-Estaba reforzado.

-¡Ataquen a esas bestias!

Las Serpebestias empezaron a lanzar fuego de la boca y horcaban a cualquiera que las quisiera atacar. Ni siquiera las ballestas pudieron hacerles daño. Una se acercaba a Jane discretamente. La bestia lazó su fuego, pero Jane lo repeló cuando golpeó el suelo con el báculo. Un enorme campo de fuerza rodeo a los dos contrincantes. Jane alzó la vara y dijo.

-¡Vete de aquí, criatura del inframundo. Yo soy Portadora de Valira, el anillo de la obsidiana, y no podrás vencerme.

La Serpebestia se empezó a quemar sola con su propio fuego. Jane puso sus dos manos en el báculo y luego las separo atrozmente. El campo de fuerza se fue extendiendo rápidamente por todo el campo hasta quemar a todas las Serpebestias. Del mismo navío donde habían desembarcado las Torres de Batalla, salió una figura con una hecha de metal que lo cubría completo, traía un mazo grande. Salió corriendo ante Jane y la golpeó con el mazo, ella salió volando por los aires hasta llegar a la muralla de la ciudad. Sangraba como nunca antes. La figura se acerco otra vez a ella y le tomo por el pescuezo, alzó el mazo, pero un caballero del Rey Arturo le cortó la mano. La sangre era negra como la oscuridad, la figura sangró hasta morir.

-¡Gracias soldado!

-¡Vamos maestra! ¡Acabemos con estos orcos!

La batalla siguió y siguió hasta la noche. Los dos bandos no se cansaban. Navíos y más navíos llegaban del mar. Más Torres de Batalla desembarcaban. Los Trolls caían a millones. Las catapultas fueron destrozadas y el ariete se encargaba de destruir el campo de fuerza de los clérigos. Hasta lograrlo.

-¡Al ariete! ¡Al ariete!

Las ballestas le daban muy bien, pero aguantaba mucho.

-¡No se detengan! ¡Ese ariete no debe llegar hasta la puerta.

-¡Ya no hay flechas! ¡Debemos bajar hasta la Armería para conseguir más.

Ya era muy tarde. El ariete llego hasta la puerta y la destrozo en mil pedazos.

-¡La puerta! ¡Han derribado la puerta! ¡Los orcos han entrado en la ciudad!

-¡Que los guardias se retiren. No quiero muertos esta vez!

-¡A la ciudadela! ¡Todos retírense a la ciudadela!

La Vida de Martí FlechenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora