Capítulo 5. La muerte de Filius y Jeff escapa.

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-¡Quedan arrestados por ordenes del Rey Arturo, señores del mal!

No había nadie. Todo el lugar era silencio. Pero entonces, un cuchillo estuvo en el cuello de Natalia. Ella trató de defenderse pero no pudo.

-¡Natalia!

Otro cuchillo salió del pasillo oscuro.

-¡No se muevan o la degolló!

Filius salió de la oscuridad con “Negro” en la mano.

-Sabía que alguien había irrumpido en Orthanc.

-¿Dónde?

-El Ministerio cambió el nombre de la TMM por Orthanc. ¿Les gusta el nombre?- los miro un rato- ¡ATRAPÉNLOS!

 Unos Jinetes tomaron de los bazos a cada integrante de la Resistencia. Hans trató de zafarse pero no pudo.

-No gastes tus fuerzas noble caballero. Te será imposible salir de aquí.

Filius se acerco a Hans y vio su mano con el anillo. Se lo quito poco a poco. Pronto, Hans empezó a sentirse más débil a cada rato.

-Llévenlos a las celdas.  Ahí encontrarán el lugar que merecen.

Los Jinetes estuvieron apunto de llevarse a la Resistencia.

-¡Alto! Yo recuerdo que todos eran doce, pero yo solo veo a nueve.

-¡Aquí estamos idiota!

Filius volteó. Ahí estaban Erick, Anette y Yunuen.

-¡Enchentus!

Yunuen había tirado el mismo hechizo que Filius había matado a Dori. Le dio al Jinete que sostenía a Hans, y este se vaporizó. Hans tomo de vuelta el anillo mientras el Ministro estaba distraído. Jeff sacó su cimitarra y soltó a Natalia. Los Jinetes desenvainaron las espadas y los magos las varitas. La Resistencia formó un círculo alrededor de los Portadores, los cuales ya invocaban sus armas. Una pelea en el Ministerio se llevo a cabo. La Resistencia llevo a sus enemigos hasta un gran salón en forma cuadrada que tenía unos pilares dorados y una cascada de agua negra en el centro. Natalia, Anette, Leonela, Jaeydy, Yunuen, Brenda y Ciciolly se encararon de los Jinetes Negros. Odalis, Erick, Naomi, Eleazar, Martí y Arely se encargaron de Filius. Hans estaba solo con Jeff otra vez.

-¿Es hora de tu venganza, Hans? Únete a mi Hans, seremos invencibles. Juntos podremos vencer al Emperador, y así crear nuestros propios Imperios. Vamos. Millones de riquezas aguardan de este lado. Serás poderoso. Todos te llamarán Señor algún día.

-¡Yo no soy como tu!-Alzo su espada de fuego en lo alto y atacó a Jeff.

Este a su vez esquivó el ataque.

-Tus propias tierras Hans. Tu propio ejercito. Tus propias reglas. ¡Todo será tuyo! Fuentes de oro fundido. ¡Fuentes de oro! ¡Palacios de diamante! ¿Acaso no lo ves Hans? ¡Esta es tu oportunidad de ser como tú siempre has querido!

-Tus tentaciones son buenas, pero yo no caeré en ellas. Tu lealtad al Emperador es tan grande, que nunca lo defraudarías. Ojala un dragón te quemé por todo lo que has hecho.

-Como tú quieras.

Juntaron sus espadas y sus escudos en mano. Hans dio una estocada en la pierna de Jeff hiriéndolo gravemente. El contraataco con un golpe del escudo. Hans lo esquivo.

-Mis reflejos son mejores que antes.

-Lo son. ¿Pero que tal si te enfrentas a tres como yo?

Jeff se dividió en tres cuerpos iguales. Hans dio un paso hacia atrás con el escudo enfrente, cerró los ojos y se concentró en el pasado. Recordó a Martí en la esquina, a Marco en el Laboratorio, el baile del colegio, la frase de la maestra Jane. Una voz le hablaba susurrando en el aire.

-“Rapidez. Recuerda la rapidez”

Hans abrió de vuelta los ojos con un rostro muy enfadado. Avanzó corriendo hacia Jeff, o eso sentía, el tiempo se volvió más lento, una copia de Jeff dio un espadazo, pero Hans la esquivo y contraataco con su escudo rompiendo la cabeza del enemigo. Otro  Jeff se acercaba a el, Hans lo cortó en dos pedazos con su espada. Jeff esperaba. Hans logro despojar el escudo de su contrincante cortándole el brazo, Jeff cayo al suelo arrodillado, trató de escapar. Logró subirse al dragón de Filius y voló muy lejos. Hans lo siguió. Un libro sólido salió del anillo y se abrió en una página.

-¡Doretrentus!

Hans lanzo un hechizo a la bestia voladora la cual se iba debilitando más y más, pero llego hasta una isla muy alejada a las otras. El dragón había muerto en el aire, dejando a Jeff en una isla desierta. Y lo peor de todo es que aquella isla estaba hechizada con un campo de invisibilidad. No se supo nada más de Jeff después de eso.

-¡Al fin! ¡Me he vengado!

Hans alió de la Torre de Orthanc con el cielo rojo como antes. Pero el se dio cuenta que cada vez iba aclarándose en el color azul. El campo desierto iba creciendo con árboles. Los hoyos del humo negro se iban cerrando poco a podo. La Torre se iba volviendo más hermosa con un color blanco. De la puerta de la torre salieron los miembros de la Resistencia que faltaba, pero no venían solos, traían a Filius encadenado.

-¿Qué hacemos con el?

Hans miro un puñal tirado en el suelo, lo levantó y lo miro quietamente.

-Todo el Imperio Golduniense debe morir.

-¡Malditos! ¡No saben lo que les espera! ¡Mátenme si quieren! ¡Pero no alegraran nada. Nuestras fuerzas los acabaran!

-¡Cállate! ¡Ya hemos sufrido mucho con tus sucias palabras de serpiente venenosa! ¡Y por eso debes morir! ¡Arrodíllenlo!

Filius se arrodillo ante Hans con la cabeza baja. Hans se la levantó y dijo.

-Tus últimas palabras, demonio.

-Buena suerte con tus aliados y el Emperador.

Hans dio un paso hacia atrás y metió el puñal en el hueco de la corona de Filius. Un rayo de luz jalaba el arma más a la cabeza del Ministro. Su cabeza se empezaba a encoger muy macabramente junto con un grito atroz. Solo sobrevivió la túnica y la corona. El cuerpo había desaparecido. Hans levantó la corona y la metió en una lanza que encontró cerca. La puso en la entrada del Ministerio junto con un cartel. “Este lugar esta maldito aunque no lo parezca. ¡Aléjese inmediatamente y no entre para nada!”

-¡Vamos! Busquemos a la Águilas de las Montañas y los Caballeros de Hierro.

-¡Que viva la Resistencia!

-¡Viva!

Se adentraron más allá del Ministerio. Ahora se encontraban en las Grandes Montañas Nubladas.  Una próxima batalla se acercaba a White Town, y la Resistencia se retrasaba más. ¿Podrán llegar los aliados a tiempo? ¿Qué pasara con el Rey Arturo? ¿Podrán sobrevivir Ciciolly y Hans para recobrar su amor? ¿El Emperador morirá, o será perdonado? 

La Vida de Martí FlechenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora