III. El capitán

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¡Una mujer! ¡El capitán de los piratas es mujer!

Andrej caminaba de un lado a otro de la habitación donde lo habían encerrado. Carecía de ventanas y la única comunicación con el exterior era una puerta. Seguía siendo un prisionero a pesar de no estar en una oscura celda. Ignoraba a donde habían trasladado a Samya y Grover, pero aquella pirata le aseguró que estarían bien.

El dolor había disminuido después que Diaco, aparentemente el sanador del grupo, lo hubiera examinado y aplicado curaciones a sus heridas. Su nueva prisión era más cómoda que la primera, por lo menos tenía una colchoneta vieja donde su maltrecho cuerpo podía descansar y no el frío suelo de piedra.

Sin poder dormir, no dejaba de repasar el encuentro con la líder de los piratas. Ante él se presentó una mujer, calculaba de unos veintitantos años, vestida con un atuendo poco común para una señorita refinada. Su rostro bronceado, unos labios delgados sobre los que se dibujaba una sonrisa sarcástica y una figura que causaría la envidia a muchas de las damas de la corte. Y sus ojos... esos hipnotizantes ojos violeta. La describía como una belleza salvaje, tan opuesta a Lira.

Tenía frescos los momentos que habían disfrutado en Cressius con su prometida, dónde fiesta tras fiesta, la presumía y ella, con el simple hecho de sonreír, conquistaba a la gente. Los primeros días, las esposas de algunos nobles y comerciantes se acercaban a él con el pretexto de presentarle a sus hijas, curiosamente todas solteras y en edad casadera. De inmediato introducía a Lira en la conversación callando cualquier tipo de intención matrimonial.

El rumor de su próxima boda se extendió entre los invitados: Andrej Castjil, hijo único de los reyes de Telarea y futuro rey, estaba prometido con lady Lira, pariente lejano de lady d'Hush, quien a su vez era prima de la reina. Con esa unión, todo quedaría en familia.

Ahora, esos días parecían lejanos. Andrej no tenía idea en que parte de Aurea se encontraban, mucho menos veía una salida a su problema. Se equivocó al pensar que, conociendo al capitán, aclararía los malos entendidos y serían puestos en libertad.

Preparado para enfrentar al más sanguinario de los bandidos, el discurso cuidado que había planeado se esfumó en cuanto la vio.

—¿Eres tú quién se atrevió a gritarle a Rik y desafiar su paciencia? Me dijo que era urgente ver a mi invitado, el escandaloso príncipe de Telarea, quien por cierto, exigió un merecido derecho de audiencia porque quería conocer al capitán de esta humilde tripulación.

La respuesta de Andrej se perdió cuando aquella mujer repitió —con algunas exageraciones— su petición.

—Siéntete honrado, niño mimado, el capitán del Rousse te honra con su presencia.

La pirata lo saludó con una reverencia poco solemne. Él continuó sin articular palabra. El respeto que tenía pensado exigir de estos bandidos de mar se le escapaba de las manos.

—¡Ya sé! ¡No soy lo que esperabas! ¿Cómo podría ser yo, una mujer, la líder de una peligrosa banda de piratas? Soy capaz de eso y más.

Su mirada se transformó en una amenaza silenciosa. Andrej comenzó a temer por su seguridad y discretamente vigiló la espada del capitán, de la que sólo veía la empuñadura. La luz de las velas le arrancaba destellos plateados en la medida que la mujer se movía por la habitación. Su pomo lo coronaba un enorme rubí con la forma de una rosa con los pétalos abiertos.

El príncipe intentó buscar algo para defenderse en caso de que la situación se volviera hostil, pero se encontraba completamente acorralado entre la figura de la pirata y la pared. Ella tenía una estatura un poco más baja que él, no obstante, eso no le restaba presencia.

Rosas del marHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora