Durante su regreso a Telarea, el príncipe Andrej y su prometida, Lady Rheena, son capturados por una banda de piratas. Este secuestro desafía el Tratado de Rhymaldor, un antiguo acuerdo que protege a la realeza del continente de Aurea de cualquier a...
Liann no quiso escuchar, cerró sus oídos viajando a un lugar donde podría sentirse a salvo: su isla.
A pesar del funesto acontecimiento que trastornó su vida, en Phyllis conoció otra cara de la felicidad. Los abrazos de Nedráh, aquellos que te recomponían después de un mal día; las melodías de Tulio, baladas cargadas de historias donde todo ellos eran protagonistas; las travesuras de Merrick y su inagotable admiración, a su corta edad ya quería formar parte de la tripulación; los platillos de Uber, sin su presencia los viajes y expediciones los pasarían a pan y agua; los duros entrenamientos de Arryn, en las cicatrices de su cuerpo quedaron marcadas aquellas lecciones; las conversaciones con Diaco bajo las estrellas... Incontables recuerdos, memorias que le daban valor para vivir un día más; incluso ahora, en espera del final, gracias a ellos podía soportar lo que viniera.
Cuando el discurso terminó, los gritos clamando justicia la regresaron a su realidad, un destino que compartiría con la persona más importante en su vida.
—Me gustaría poder decirte... jurarte... que saldremos de esta, pero... no hoy no encuentro la salida. —Liann murmuró, hacía un esfuerzo sobre humano para permanecer de pie.
Sería la primera ocasión en que le fallaría a su hermano, todas las veces que la necesitó desde que perdieron a su familia, siempre lo ayudó. Rik no era débil, pero ella sentía una responsabilidad superior al ser la mayor.
El mundo en que se desenvolvían era cruel, competían con bandidos traicioneros, corrían riesgos para obtener el botín que serviría de sustento para los habitantes de Phyllis. Asaltos, peleas, duelos, batallas, su vida siempre estuvo rodeada de peligro, aunque tenía leales compañeros de aventuras con los que compartía los riesgos. En el fondo, sabía que tarde o temprano su temeridad los arrastraría a una muerte segura, sobre todo después de haber secuestrado a Andrej. Se dijo lista para soportar el mortal castigo y ahora, cuando ese destino se acercaba, una parte de ella tenía miedo.
El precio de su venganza tuvo un costo demasiado alto.
—Rik —Liann dirigió su mirada al ocaso tratando de darse valor —pase lo que pase siempre estaremos juntos.
—Juntos hasta el final, hermana mía.
Rik intentó alcanzar la mano de su hermana, rozando sus dedos, pero su último toque no fue permitido. Rik le dirigió una mirada llena de ternura que ella devolvió con una cálida sonrisa. Las palabras sobran cuando los lazos de sangre forman un vínculo inquebrantable, no había necesidad de despedidas emotivas ni lágrimas, habían compartido tanto durante su vida que el estar cerca en el momento de su muerte sería suficiente. Nacieron juntos, morirían juntos.
Continuará en Rosas del Mar II...
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