Capítulo 18: La Dificultad De Marchar

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—Yamazaki debería ser sustituido. —Makoto se quedó frío, congelado antes de entrar a la sala de reuniones. —Es un cretino. —escupió con desprecio la voz del delegado de la facultad de Filosofía.

—No es un cretino. —dijo una voz más pequeña y aguda. Makoto reconoció a la subdelegada de Ciencias.

Se formó un pequeño murmullo entre todos los demás alumnos de la Consejería. Makoto aprovechó la confusión para mezclarse entre ellos. No acallaron su conversación pero su mente apenas podía distinguir palabras sueltas hasta que una de las alumnas habló con diligencia:

—Puede que su franqueza sea tan directa como molesta pero sus juicios son justos. Su manera de ser no interfiere en nuestro aprendizaje. Además lo considero un gran especialista.

—A mi me ayudó con el trabajo de otra asignatura. Al fin y al cabo Yamazaki es un buen profesor. —aceptó el delegado de Ciencias.

—¿Por qué lo defendéis tanto? ¿Acaso sabéis con quién está liado?

Makoto sintió un escalofrío. La sangre pareció abandonar su cuerpo. ¿Alguien lo sabía? Inspeccionó rápidamente las caras de todos y cada uno de los alumnos representantes de sus facultades. Nadie lo miró pero el terror lo bloqueó. De su boca no salió ninguna palabra a pesar de que quiso defender a Sousuke con todas sus fuerzas. Tenía la suficiente profesionalidad para separar su vida de su trabajo.

—No me importa su vida privada. ¿Acaso nos importa la de algún otro profesor? —respondió de nuevo la misma chica.

—Su deber es enseñarnos. —acabó por contestar Rin tajante. Makoto dio media vuelta para observar su llegada a sus espaldas, pero cuando sus miradas se cruzaron se sintió avergonzado. Rin se volvió al delegado de Filosofía. —Sus métodos son buenos y sus alumnos están conformes con sus clases. No tengo más que decir.

—¿Tú qué sabes? Ni siquiera imparte clases en tu facultad. —graznó el chico de Filosofía.

Rin apretó los dientes, miró de reojo a Makoto. Estuvo a punto de contestar cuando la chica más tímida cambió el rumbo de la conversación.

—Tenemos otros temas que atender en el Consejo.

...

—Eh, eh. ¡Eh! —lo llamó mientras lo seguía, Makoto había estado muy silencioso en la reunión y era evidente que ahora intentaba huir, pero Rin lo alcanzó. —¿Por qué no has dicho nada? —le reprochó.

Se detuvo en seco.

—Tú lo admiras. ¿No significa nada para ti? —las palabras se le clavaron una a una como puñales pero no pudo responderle.

—Lo sabes. —sus miradas se cruzaron hasta que Rin acabó por mirar a otro lado.

—Había otros alumnos defendiéndolo ahí dentro, que tú también lo hicieras no hubiera destacado.

Makoto tragó saliva.

—Sí... Tienes razón pero me siento culpable, por eso fui incapaz de hablar. Nunca debí haberme acercado a él. Si hubiera sabido que algo así ocurriría... —Makoto relamió sus labios y detuvo sus pensamientos. Necesitaba aguantar sus lágrimas al menos hasta estar sólo.  —Lo siento, Rin. Hablemos en otro momento.

Lo sabía. Estaba huyendo, ya no tenía fuerzas de permanecer en pie.

...

La voz robótica le indicaba por enésima vez que el número al que llamaba no estaba disponible. Se dejó caer sobre el sofá. La ducha caliente no lo había calmado. Se sentía, de hecho, ridículo. ¿Qué había hecho mal?

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