—... eso fue lo que ocurrió. —dijo satisfecho..
Haru mostró una sencilla sonrisa, pero ser discreto no era una cualidad de Kisumi quien casi saltó de la silla.
—¡¿Has rechazado a Yamazaki?! —gritó en mitad del local.
Habían salido a "celebrar" la nueva calificación de Makoto. En verdad, para Kisumi cualquier excusa era buena si con ello salían a comer y beber.
—No era un rechazo. —respondió Makoto bajando la voz y poniéndose rojo de vergüenza.
—Makoto, cualquiera en su sano juicio hubiera aprovechado esa ocasión ¡podrías estar cenando con él en lugar de con nosotros! ¡Yo muero por cenar con él! ¡Todo el mundo moriría por una cena con él! —Kisumi exageró los movimientos de sus manos haciendo que Makoto se removiera en la silla preguntándose si su terca amabilidad lo había hecho perder algo tan maravilloso como una velada con su profesor favorito.
—Dilo por ti. —escupió Haru. —Además, Makoto no es cualquiera. No haría... —se detuvo cuando vio que el aludido estaba metido en sus pensamientos, probablemente mascando las palabras de Kisumi. Suspiró. Lo haría, por Sousuke, ni siquiera lo pensaría.
—Deberíamos ir a bailar para animar a Makoto. —le dio un codazo a Haru en muestra de camaradería.
—No cuentes conmigo. —respondió él sin embargo.
Makoto no supo decir que no. Kisumi parecía tan entusiasmado con el hecho de salir que aceptó sin procesarlo mucho. Poco tiempo después, estaban en mitad de una sala con un vaso y evitando miradas indiscretas. No había pedido alcohol, ya que no solía beberlo y era probablemente esa la razón por la que ahora no le parecía buena idea haberle hecho caso a su amigo. Además, no le gustaba ser el centro de atención.
Sabía que Kisumi era guapo y coqueto por lo que estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones pero él no solía serlo. Siempre había alguien mejor a quien mirar o eso pensaba de sí mismo. Avergonzado Makoto se reajustó las gafas y pegó un pequeño trago, sin saber muy bien qué hacer mientras su amigo hablaba con un conocido. Inspeccionó más en profundidad el ambiente y, por fin, se dio cuenta de un detalle que había pasado por alto hasta entonces: todos los clientes eran hombres. Fue entonces cuando, mientras observaba una a una las caras de la muchedumbre asegurándose de su descubrimiento, vio un rostro conocido. Retuvo el aire mientras el cuerpo fornido esquivaba con elegancia los otros con los que topaba y volvió a respirar cuando la mirada turquesa se topó con la suya. Makoto se avergonzó, los ojos contrarios se abrieron de par en par al encontrarse a su alumno. Inmediatamente comenzó a moverse entre la gente con intención de llegar al baño.
—Yamazaki... —soltó sin pensar.
—¿Qué? ¿Está aquí? —Makoto volvió en sí, afirmó y dio otro sorbo a su refresco. Kisumi comenzó a mirar a todos lados ignorando al chico con el que hablaba.
—Acaba de entrar en el baño. —le informó Makoto.
—¡Es tu oportunidad! ¡Dile que te debe una cena! ¡Ve!
Kisumi empujó a Makoto obligándole a caminar entre la gente más de lo que hubiera deseado. Su amigo lo dejó, pero su paso no se detuvo, siguió el recorrido hasta el servicio. Miles de preguntas abordaron su mente. Nunca esperó que alguna de ellas tuviera sentido. Con las manos temblando abrió la puerta del baño y lo vio allí, frente al espejo, con su habitual majestuosidad viéndose derrotada por un rostro cansado frente al espejo. Aún así no encajaba en el lugar. Su presencia estaba niveles muy por encima de un bar de mala muerte. Su distinguida elegancia no hacía sintonía con nada a su alrededor. ¿Qué hacía entonces ahí? ¿Estaba con alguien? No, lo había visto moverse solo desde la entrada. Entonces ¿buscaba a alguien? ¿Alguien en concreto o un desconocido? ¿Podría él convertirse en ese alguien?
—Señor Yamazaki. —lo llamó con falsa seguridad.
Sousuke se giró como un mecanismo oxidado. Su gesto desencajado lo decía todo. No era buena idea haberlo seguido. Igual que no había sido de agrado haberse encontrado con él minutos antes.
—No puedes decir que me has visto aquí. Nadie, puede saber esto. ¿Me oyes?
Sonrojado por la situación, Makoto movió energéticamente su cabeza a ambos lados. Sin embargo, su inocencia no lo convencía.
—Dame una prueba.
—¿Prueba?
—De que no hablarás.
De pronto, unos gritos al otro lado de la puerta del baño distrajeron a ambos. El propietario de la voz chillona rechazaba enérgicamente a otra persona e intentaba ingresar en el lavabo con urgencia para deshacerse de su pretendiente. Aunque este último no parecía intención de dejarlo fácilmente.
—¡Kisumi! —Makoto pegó un respingo y tiró de su profesor hasta uno de los reducidos cubículos cerrando la puerta tras él.
Una vez dentro, Makoto tapó la boca de Yamazaki impidiéndole las inminentes preguntas que casi formulan sus labios. Kisumi seguía discutiendo pero esta vez la voz no era paralizada por la puerta, ya estaba dentro. Su acompañante parecía darse por vencido y marcharse.
Unos segundos frente a frente hicieron a Makoto ser consciente del minúsculo tamaño. Casi se había recostado sobre Sousuke. Tras sus dedos sentía sus labios, y en su zurda el pecho labrado y marmóleo de su profesor. Respiraba nublado por el olor de su colonia, era exactamente el mismo aroma que en su despacho. Almizcle, dulce, intenso. Una fragancia que le cosquilleaba el vientre.
—Me debe una. Recuerda. —murmuró. —Dos, si contamos con lo de clase. Olvidaré que lo he visto, pero quiero una cosa a cambio.
—¿Qué cosa?
—Sexo. —susurró.
—¿Makoto? —lo llamó Kisumi.
—Estoy en el baño. Ahora salgo. —habló alto para que su amigo lo escuchara a través de la puerta.
Makoto le hizo un gesto a Sousuke pidiéndole silencio y salió del estrecho lugar cerrando rápidamente tras de sí.
—¿Qué ha pasado? ¿Has podido hablar con él?
Kisumi ardía en curiosidad. Es más, apenas había tardado en correr tras Makoto para ver lo que ocurría. Si su amigo se llevaba el mejor trofeo universitario él quería verlo lograr esa gran hazaña. Pero Makoto negó con la cabeza decepcionándolo.
—No era él, debí confundirlo. —respondió nervioso. Por suerte Kisumi interpretó el temblor en su voz como vergüenza por su equivocación y no porque Makoto realmente fuese un mal mentiroso.
—Oh... Vaya. Estaría bien que hubieras logrado una cita con él.
Una inesperada temperatura achicharró su cerebro y tiñó sus mejillas de rojo. Acababa de pedirle tener sexo y ni siquiera había escuchado la respuesta de Yamazaki.
—Sí...
—Supongo que ya no se puede hacer nada, volvamos.
—Voy a tranquilizarme un poco. Creo que iré a casa después.
—¿Tan pronto?
—Si, tú continúa con la fiesta. No te preocupes por mi. Tomaré un taxi y volveré.
No muy convencido, aceptó. Kisumi salió del cuarto de baño y volvió a mezclarse entre la multitud y la música de afuera. Makoto suspiró y se vio de soslayo en el espejo. Seguía sonrojado. Su corazón latía como loco por mentirle a Kisumi, pero sobre todo, porque se había cruzado con la mirada sonriente del hombre más guapo que había visto nunca. Sousuke soltó una carcajada y su risa se transformó en una suave y pícara curva sobre sus labios. Al vencer la distancia que lo separaba, rozó con sus dedos la línea de su mandíbula. Toda aquella situación parecía divertirle.
—Esto es al revés. Primero nos acostamos y luego te pongo buena nota ¿no crees?
En ese momento, Makoto reparó en sus palabras. Acababa de perder toda su credibilidad ante su amor platónico. Se arrepintió profundamente, pero no supo cómo explicarse.
—No consigo mis notas de esta forma. —necesitó justificar pero Sousuke lo ignoró.
—Si logras ponérmela dura lo haré sin problema.
ESTÁS LEYENDO
Crush
Hayran KurguTercer año en la universidad. Segundo trimestre. Notas impecables. Delegado de clase. Y una optativa nueva elegida a conciencia porque... El alumno perfecto tiene una debilidad: está enamorado de un profesor. Pareja principal: SouMako Pareja secunda...
