Capítulo 7

37 19 43
                                        

~Editado~


En estos momentos que veo a Joshua así, entro en pánico, me da terror que le pase algo por defenderme a mí.

Y gracias a Dios llega un chico y los separa; al fin puedo respirar mejor.

El chico lo ayuda a pararse y lo agarra de un costado; y empieza a caminar hacia mí.

—¡Holaaas! —saluda Joshua con bastante emoción.

Lo fulmino con la mirada, y observo al otro chico.

—Hola—saluda—.¿Puedes curarlo? —cuestiona y asiento.

Camino hacia el baño de la mansión con los dos siguiéndome el paso.

Entro y busco, hasta encontrar el botiquín de primeros auxilios.

—Siéntalo aquí—pido al chico, y rápidamente tengo a Joshua ensangrentado, sentado en una silla.

—Me avisas cuando termines, voy a estar afuera—anuncia el chico.

En cuanto sale busco las cosas para curar y empiezo la tarea.

—Auch—se queja.

Le doy una mirada asesina.

—Aguanta, porque si para pelear eres valiente,entonces para curarte tienes que ser igual—espeto yo.

—¿Pero a ti que te pasa? —pregunta y por primera vez en la noche lo miro a los ojos.

Y ¿cuál es mi sorpresa?

Los tiene rojos;lo que quiere decir que estaba bebiendo.

—Que, en primera por qué andas peleándote,no podías quitármelo de encima y ya-gruño.

<<Y en segunda por qué andas bebiendo, me molesta la gente borracha.

El me mira furioso, y por un breve tiempo me siento intimidada; solo por un breve tiempo.

—¡Joder! —grita—. No puedes darme las gracias y ya, lo hice para ayudarte, y bebo porque puedo y quiero, tú no eres mi mamá para prohibirme nada.

Lo miro con una sonrisa burlona y susurro:

-Pobre de ella tener que soportarte.

Pero parece que no lo dije demasiado bajo y se levanta de la pequeña silla.

Y es tan alto que ahora si me intimida.

—No vuelvas a referirte a nada relacionado con ella—susurra bien cerquita de mí y deja entrever un poco de dolor en esa frase.

Nos quedamos mirando por un tiempo hasta que entro en razón.

El me ayudo, y mi mal humor no tengo porque pagarlo con él. Solo que todos los sentimientos negativos de la situación, se me juntaron.

—Es cierto, lo siento por molestarme, y gracias por ayudarme—expreso y veo como se aleja el enojo en sus ojos y se notaba algo más...comprensión.

<<Y ahora déjame terminar con la herida del labio, que se ve bien fea.

Lo hago sentarse y empiezo a limpiarle la herida.

Estamos tan cerca, siento su respiración encima de mí, y sus ojos clavados en mi rostro.

Limpio por última vez y cuando voy a alejarme me agarra del brazo haciendo que estemos más cerca que antes.

Siento como nuestras respiraciones se entremezclan y él se va acercando más hasta que...

—¿Chicos...—entra el chico—interrumpo algo?

SerendipiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora