MARK
Empecé a sentir mi cuerpo, entumecido, cansado y pesado, al comenzar a recobrar la consciencia. Me removí incómodo, sintiendo como me apretaban las correas. La cabeza me daba vueltas cuando sentía la camilla moverse, el sonido que hacían las ruedas al moverse con rapidez me confundía al principio. Entre abrí los ojos y solo vi manchas, luces y sombras.
–Tienes que despertar– escuché de fondo.
Escuchaba un zumbido grave en mi cabeza cada vez que intentaba levantarme. Por poco me caí cuando dio un giro a la camilla brusco y rápido.
Solo pude abrir del todo los ojos cuando frenó, intenté hablar pero tenía la garganta seca y la voz tan ahogada que no me salía ningún sonido. Le ví correr a la puerta y cerrarla con desesperación. Era un hombre y ni su cara ni voz me sonaba de nada.
Aún aturdido reuní la suficiente fuerza para apoyarme sobre mis codos, no sabía desde cuándo pero las correas en mi cabeza, cuello, brazos y pecho ya no estaban. Mientras él buscaba desesperadamente algo en los armarios. Parecía una enfermería.
–¿Qu... hac aq...?– intenté preguntar qué hacíamos allí pero mi voz aún no estaba bien.
Le vi acercarse con prisa con una jeringuilla y antes de que pudiera reaccionar me la clavó en el brazo.
Un escalofrío me recorrió el sistema en una fracción de segundo y me erizó cada pelo del cuerpo. Abrí los ojos de golpe y sentí mi cuerpo vibrar de la emoción por un segundo. Le miré sorprendido mientras me desataba las piernas. Me latía el corazón a tres mil por hora y temblaba un poco, quería moverme, correr, saltar, necesitaba moverme. Hasta que todo aquello paró de golpe y volví a ser yo.
–¿Qué ha pasado?– salté de la camilla al suelo mirando el pinchazo.
No me hizo ni caso y empezó a comprobar mi estado, me tomó el pulso.
–¿Dónde estoy?– no se libró de mis preguntas.
Me abrió un ojo y comprobó con una luz que mi reacción cognitiva era correcta, después el otro.
–¿Cómo he acabado aquí?–.
Me hizo abrir la boca y con un palo de polo en mi lengua me miró dentro de la boca.
–¿Me va a responder alguna pregunta?– cuando terminó se busco en los bolsillos con prisa.
–Tienes que prestar mucha atención– tenía un acento eslavo. Me cogió de los hombros y me obligó a mirarle a la cara –No tienes mucho tiempo, coge esto– puso en mi mano un papel y al cerrármela en un puño se arrugó, pero sentí que había algo más.
De repente, al otro lado de la puerta, alguien empezó a aporrearla, gritando palabras que no comprendía. Aquello me hizo dar un pequeño salto de la sorpresa.
–¿Qué–.
–Sal– me interrumpió –corre todo lo que puedas– me arrastró hasta la ventana antes de abrirla con desesperación –Sácala de aquí–.
–Pe-pero yo– me puse tan nervioso en un momento que apenas era capaz de procesar una sola cosa de lo que pasaba.
–Dile que lo siento– tenía los ojos húmedos y rojos –Siento todo lo que le hicimos– se aclaró la garganta antes de volver a empujarme –Siento todo lo qué pasó– siguió empujando para que subiera a una mesa y luego prácticamente me tiró hacía la ventana.
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Bienvenido
FantastikNo sé por qué lo hice. Tal vez solo lo hice porque estaba cansado, cansado de esforzarme tanto por encajar y sentir que al final eso es lo que me hacía más infeliz. Tal vez solo quise sentir algo... Real, aunque fuera peligroso y doliera por un solo...
