Capítulo 20: ¿Qué eres?

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MARK


Era como estar dormido, un sueño ligero; aún que estuviera cansado podía sentir el frío, el calor y el sudor. Incluso después de que él había tomado el control podía sentir algo; me sentía agitado, con los músculos entumecidos y el pecho vibrando del esfuerzo.

Olía a lluvia.


–¡IKENET!– gritó alguien con tanta fuerza que sentí mi cuerpo temblar. No recuerdo nada después.

–Estoirk– sentí como tiraron de mí con fuerza.


Abrí los ojos de golpe y sentí todo mi cuerpo temblar con fuerza por un momento. Como si me hubieran drogado para levantarme de una anestesia. Miré a mi alrededor, nervioso, agitado y asustado.

Lo vi todo borroso, había mucha luz de repente, intenté moverme pero me caí al suelo estampando mi cara contra el.


–Mm– tenía algo en la boca, era fuerte y se agarraba a mi nuca.


Algo me impedía mover siquiera la lengua, era como si lo tuviera también por dentro, sabía a cuero, era duro y no me dejaba mover la mandíbula. Tenía las manos atadas a mi cuerpo, cadenas en los pies que no me dejaban andar, una cadena al cuello que estuvo a poco de ahogarme enganchada al suelo. Me entró el pánico.

¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy..? Estoy vivo. ¿Por qué estoy vivo? ¿Por qué me siento tan cansado? Yo.

Y recordé lo último que hice consciente. Yo le di todo, me vendí.

Era una sala grande. El suelo era de piedra, el techo era tan alto que apenas veía donde acababa, los ventanales alumbraban el suelo y a mí. Las puertas a mi espalda se abrieron de golpe.

Entró un hombre, con los ojos tapados por una venda negra, en la poca piel que tenía al descubierto vi tatuajes que se movían. Me asusté cuando se acercó a mí, intenté alejarme pero no pude moverme demasiado. Desesperado empecé a tirar de las cadenas pero él se agachó y desenganchó la cadena de mi cuello enganchada al suelo, intenté huir pero las rodeó en su puño y tiró de mí hacia el otro lado de la sala. Forcejeé pero no sirvió de nada.


Por favor. Desesperado y asustado.

Suéltame, no he hecho nada, por favor. Pero era increíblemente fuerte.

¡Por favor, por favor! Intenté hablar pero no sirvió de nada.

N-no he hecho nada. Me resbalé porque yo apenas podía mover los pies mientras que él se movía con prisa.

¡Suéltame! Caí al suelo, pero no se paró, siguió caminando mientras me ahogaba.

P-por... fa-favo-or... Sentí mi garganta cerrarse, como me hormigueaba la cara y me ardían los ojos. Cogió impulso y tirando fuerte me lanzó unos metros hacia delante. Ya veía borroso y me sentí más cerca de la muerte que de la vida. Vi una figura difusa arrodillarse. Me giré y miré hacía donde estaba mirando, él...


Ikatny...


Oí como se alejaba. Un hombre sentado en un trono de piedra me miraba fijamente sin ningún tipo de expresión, se levantó en silencio, frunció el ceño antes de bajar los pocos escalones que nos separaban.


Iek, nis ileok edriek cok ur pacdiel– habló enfadado mirándome con desprecio. Me rodeo mirándome con asco como a una rana diseccionada. Quise hablar mientras intentaba controlar mi respiración. Suplicarle que me soltara –Etsun ot ur evnut guestek?– se agachó mirándome a la cara, me miraba como si fuera asqueroso –Ot unthiak– me escupió en la cara.

BienvenidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora