JOHN.
Estamos terminando con los últimos documentos de la semana pasada. La premura con la que tuvimos que encontrar un refugio para la familia Miller fue un contratiempo para otras cuestiones. Apilo las carpetas y las muevo de la cama a la cómoda, tal como están las cosas aquí es más seguro que en la oficina principal, miro el reloj cuando me doy cuenta de que la noche ha caído y el sol se ha ocultado.
–Es tarde– murmuro.
–Mmm– pronuncia concentrada.
–Deberías dormir– me levanto estirándome.
Niega con la cabeza al meterse una golosina en la boca.
–Ve a dormir si quieres, yo me quedo– pronuncia después de tragar.
–No voy a irme a descansar si vas a estar toda la noche con esto– me acerco –No es justo– reclamo.
–Terminaré esto, iré a entrenar y después dormiré un poco– levanta la cabeza y me mira tranquila.
–¿De verdad?– asiente –Está bien, me iré a descansar– asiente y me voy hacia la puerta –No tardes demasiado, también necesitas descansar, no eres de hierro– me giro no muy convencido si debo irme o quedarme.
–Vete a dormir– me regaña tirándome una de esas golosinas.
Me levanto pronto como siempre, con las primeras luces del día, estirándome con cuidado veo desde mi ventana que sigue entrenando.
–Ah– suspiro cansado y derrotado, marco otro día en mi lista –¿Por qué tienes que ser tan terca siempre?– me quejo internamente.
No habrá dormido nada y seguro que hoy tendremos otra pila de trabajo. Deshacerse de un contratista deja mucho que reorganizar. Voy a bajar a saludar a los pocos que se despiertan a esta hora cuando veo a Esmeralda correr. No me preocupa porque sé lo mucho que le gusta verla entrenar. Después de saludar tranquilamente desde la distancia a todos voy hacia ellas. Entro y las veo hablando.
–Elizabeth ha desaparecido– la voz de Esmeralda es un susurro tembloroso, no puede hablar más alto, no pueden enterarse.
Me paralizo al instante. Clara aprieta los puños tan fuerte que empiezan a caer al suelo gotas de sangre.
El suelo empieza a temblar y siento su ira expandirse por el aire.
Lo sabe.
–¡Espera!– corro hacia Esmeralda y la cubro con mi cuerpo.
Una onda destroza las paredes, levanta el suelo y hace añicos el techo. Siento su profunda respiración, escucho el eco de sus botas al moverse en mi cabeza. Abro los ojos y veo que Esmeralda está bien, sorprendida pero al fin de cuentas bien.
–Un segundo, por favor, nos encargaremos nosotros– desesperado me levanto y me acerco a ella.
–No– su presencia se extiende por todas partes, ya no era solo cosa de Clara, su voz es fría, carente de toda compasión y consumida en la ira –Yo la encontraré– me mira de reojo y me congelo –Ella es mía– esa voz no es suya... Su mirada es amenazante, frívola y sin un ápice de piedad.
MARK.
Me sentía mareado y confundido. No sabía si estaba durmiendo o si estaba apunto de hacerlo, me sentía como en el limbo. Abrí los ojos un momento, solo pude ver manchas, sentía un hormigueo en la cabeza, presión en las piernas y mi espalda torcida, cuando pude enfocar un poco solo vi que el cielo estaba en la tierra y la tierra en el cielo.
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Bienvenido
FantasíaNo sé por qué lo hice. Tal vez solo lo hice porque estaba cansado, cansado de esforzarme tanto por encajar y sentir que al final eso es lo que me hacía más infeliz. Tal vez solo quise sentir algo... Real, aunque fuera peligroso y doliera por un solo...
