Capitulo 19 Las cosas no siempre son fáciles

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Cuando se despertó, no sabía dónde estaba. Boca arriba en medio de ninguna parte, con el sol rozando su cuerpo y recordándole esas lejanas tardes de verano en las que, de pequeño, había pasado fuera de la aldea, viendo el mundo que le rodeaba y su cara real.

En esa ocasión la sensación, no era como los días de calor mortal que aplacaban a las personas que le rodeaban, escondido en una alcantarilla.

La sensación era refrescante, agradable y relajante.

Como cuando aun era un niño, antes del entrenamiento con sus padres y ver que no tenía talento.

La sensación de estar a salvo, tranquilo y divertido no se parecía ni remotamente a lo que seguía en su vida.

Sobre una roca plana como una plancha de metal, respiró hondo, contuvo el aliento, lo expulsó al cabo de los segundos en contención del dolor en cada parte de su cuerpo.

Se le empañó la mirada con el sabor de la sangre en la boca.

Tosió, se agitó y cayó boca debajo de la piedra, observando las copas de los árboles que le rodeaban.

El cuerpo le dolía, como las noches que pasaba entrenando, y sus músculos quedaban totalmente rasgados al día siguiente.

—Vaya, vaya, ya has despertado. Casi me preocupe un poco cuando vi que caíste inconsciente.

Una voz le hizo girar la mirada, la reconocía como la mujer con la que había peleado antes, ella estaba a unos metros, sentada enfrente de un fuego y cocinando un pescado de un tamaño enorme, casi pareciendo una ballena.

Mover la boca se le hacía difícil—¿Dónde... estamos?— murmuro Naruto tratando de levantarse.

—En la misma isla donde peleamos, o bueno, en lo que queda de ella— el rubio giro la cabeza a sus alrededores, todo se miraba destruido, partes de terreno parecían simplemente haberse ido, a excepción de unos 50 metros a su alrededor.

—¿Por qué... no puedo... moverme?— pregunto, sintiendo un dolor que surcaba todo su cuerpo.

La mujer pelimorada bajo el pez del fuego, con la boca arrancando un trozo de carne como si fuera un oso—Pues, para empezar, la técnica que usaste para multiplicar tu fuerza te deja un daño interno enorme, tanto en tu sistema nervioso como en tus músculos, incluso aunque te puedes regenerar tu cuerpo acaba de sufrir un trauma físico enorme, no una, sino dos veces. Caíste inconsciente del dolor.

Naruto escucho esa explicación, antes de mirar al cielo.

Era de día, cuando la pelea había empezado, y el sol recién se alzaba en el cielo.

—Tengo... que... volver... a... Konoha— murmuró el rubio, agitado por el dolor y apenas siendo capaz de moverse.

La mujer pelimorada saco de su boca una espina de pescado, una del tamaño de una costilla humana, mastico un poco la carne que tenía alrededor y luego, le dio a Naruto en el pecho con ella.

Se trago un grito de dolor al sentir como si le apuñalaran con agujas en dicha área, no pudiendo mantenerse parado, se dejo caer de espalda al suelo.

Respiro agitado, estaba acostumbrado al dolor durante toda su vida, pero su cuerpo no parecía aguantar más.

—Sin duda me recuerdas a él, tan terco como para querer levantarte en ese estado.

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