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Despierto con el sol dándome en los ojos, intento dormir de nuevo pero después de unos minutos dejo de intentarlo y me levanto.

(...)

Son las 2:30 de la tarde, ya estoy cerca del lugar al que me dirijo pero no voy directamente hacia allá, recorro un poco los alrededores, intento aprenderme que dirección tomar si necesito escapar, que calles dan con cuáles, y hacia donde salen esas, cuáles no tienen salida... Llego hasta la construcción de unos edificios, todo al rededor está rodeado de una especie de barda hecha de madera, alambre y lo que parecen bolsas o lona negra; me siento en la banqueta de enfrente, un poco alejada, a un lado de la construcción con la espalda apoyada en la pared; espero que Carlos siga trabajando aquí, la última vez salió al rededor de las 4 de ese lugar, creo, igual, no falta mucho para que llegue esa hora y se ve que aún hay trabajadores dentro. Espero que siga en pie su oferta.

*Flash back*
Camino tranquilamente por una calle que casi no conozco, hay una construcción que parece no tiene mucho que va empezando; algunos trabajadores van saliendo por una puerta improvisada en la barda improvisada, me mezclo un poco con algunos de ellos para seguir mi camino. Estoy a casi media cuadra de la construcción cuando siento que alguien me sigue, activo mi super oído »sí, alguien viene detrás de mí, alguien pesado«; veo una intersección a unos metros por delante, meto mi mano a la bolsa del pantalón y aprieto una navaja que traigo conmigo, en cuanto giro saco la navaja y espero a quien puede que me esté siguiendo, aparece un hombre alto, de un metro setenta u ochenta; me mira y antes de que pueda decir o hacer algo, él habla.
- Tranquila pequeña.
Tiene la voz gruesa, nada fuera de lo normal. Yo intento hacer algo que pueda resultar amenazante, pero no puedo pensar en nada más que intentar tirarlo al piso y ponerle la navaja en el cuello, me acerco un poco para intentar darle una patada pero alza las manos con las palmas hacia mí, en señal de rendición.
- Oye, tranquila pequeña cachorra. No te asustes, soy como tú. ¿Estás bien? - "cachorra" es lo primero que me llama la atención, alguna vez me ha dicho así Jaime y los otros; no se, desconfío de que sea como yo, y si lo es, desconfío aún más.
Doy un paso hacia atrás con la navaja a la altura de mi cuello.
- ¿Qué te paso?- pregunta viendo un feo moretón amarillento y un corte en mi pómulo. »Jaime me golpeó porque no estaba lo suficientemente atenta durante uno de nuestros robos y dejé que se fuera su víctima.« Como no respondo pregunta de nuevo - ¿Estás bien?
- Sí.
- ¿Segura? - entrecierro los ojos, estoy a punto de irme. - ¿Tienes una manda? ¿Son de por aquí?
- Sí, y están aquí cerca.- mentira, están muy lejos y ocupados en no sé que.
- ¿Cómo sucedió tu golpe?- levanta un poco las cejas, en un gesto preocupado.
No respondo, nos quedamos un rato en silencio; no sé cómo describirlo pero siento como sí de él surgiera una especie de... magnetismo o una intensidad que me mantiene aquí, pero es diferente, como si algo emanara de su interior, no lo sé... - Si no estás cómoda con tu manada, puedes venir conmigo, tengo una manada propia y un lugar en donde puedes quedarte, si quieres. No tienes que venir ahora mismo, o puedes venir si necesitas a alguien con quién hablar; por cierto, me llamo Carlos.- mi corazón late rápido, siento pánico, ¿como supo que no me sentía bien con Jaime? Siento una opresión en el pecho y salgo corriendo, no me sigue y doy gracias de ello.
*Fin del flash back*

La gente comienza a salir, me levanto y activo mi super oído, no sé si es real lo que dijo sobre que es como yo, pero antes que aceptar nada debo hacer una pequeña comprobación. Le veo salir y pongo mi mano frente a mi boca, susurro »Carlos, Carlos, Carlos.« si es como yo debería poder escucharme. Entre todo el estruendo escucho, a un volumen adecuado »¿Cómo estás pequeña loba?« Abro mucho los ojos y le miro, está caminando hacia una camioneta de un color amarillo pálido, con la parte trasera destapada. En otro susurro respondo »Mal.« Me mira ladeando un poco la cabeza mientras camina lentamente recorriendo todo el largo de la camioneta. Decido que, dado que soy quien necesita su ayuda, debo ser yo quien se acerque a pedirla. Miro a ambos lados de la calle, aunque es de un solo sentido, y cruzo, encontrándome con Carlos en la parte delantera del vehículo.
Trago saliva y meto las manos a los bolsillos delanteros de mi pantalón, las siento sudadas; vuelvo a tragar, siento mis palpitaciones dolorosamente en el cuello. Me obligó a mirarle a la cara.
-¿Aún... ésta en pie... lo de, lo de la manada? - le pregunto en un tono de voz algo bajo y un poco ronco, pero normal para una persona.
- Claro, pero necesito que me digas si abandonaste a otra manada y por qué.
- Sí, dejé a otra, pero, es, hum, un poco complicado explicar el por qué.- pongo una mano en mi nuca y volteo hacia un lado, algunos hombres nos miran con curiosidad, supongo que algunos de ellos pensarán cosas asquerosas sobre una chica pobre de la calle hablando con un hombre saliendo de su trabajo, no sé, ni siquiera lo pienso más de dos segundos.
-Está bien, sube y cuéntame en el camino- miro con desconfianza la camioneta -; pero antes de llevarte al lugar en donde nos quedamos debo hacer algunas cosas y puede que lleguemos algo tarde.
Pasa por mi lado y se sube del lado del conductor, dudo un momento y me subo en el lado del copiloto, dejo mi mochila sobre mis piernas y Carlos pone en marcha el auto.

Durante el camino le cuento, con los menores detalles posibles, el porque me fui de la manada de Jaime; él me hace unas pocas preguntas y se las contesto, después de eso nos la pasamos en relativo silencio.
Por el resto de la tarde nos la pasamos en un par de oficinas del gobierno, en otra obra y en casa de alguien; mientras Carlos va y hace lo que tenga que hacer yo me quedo en la camioneta, me siento incómoda cuando vuelve al auto, todas las veces, tal vez sea porque no hay conversación entre nosotros, quiero preguntarle por su manada, por el lugar donde se quedan, por como son las cosas pero algo me impide hablar, me dan nervios preguntar.

Sube una vez más al auto diciendo

Bueno, ese fue el último pendiente.— mira su reloj y pregunta — ¿Qué quieres comer?
— Lo que sea.— me mira.
—Lo que sea.
— Hum, sí.
— ¿Algo en especial?
Niego con la cabeza, él suspira como diciendo »bueno...« y enciende el motor. Al final vamos por pizza.

una nueva manadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora