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Después de clases y de nuestro entrenamiento de fútbol, voy con Matías a su casa para hacer nuestro trabajo para la clase de desarrollo humano.
El martes le pedí a Anahí que me acompañara a seguir a Matías para saber en dónde vivía y con quiénes, resulta que solo vive con sus padres y ellos no son lobos, lo que le pareció raro a Anahí, supongo que él como yo, fue mordido, porque al parecer casi siempre la licantropia se hereda; intentamos asegurarnos de que estaría segura si iba sola a su casa. Durante toda la semana no habíamos podido ponernos de acuerdo para reunirnos y tuvimos que dejar todo de lado hoy, viernes, para hacer el trabajo ya que yo no estaré disponible el fin de semana y el trabajo se entrega el lunes en la primer clase. Saliendo de la escuela le mando un mensaje a Carlos con la dirección de Matías y diciéndole que llegaré tarde porqué haré un trabajo en su casa.

Al llegar a su casa, en una colonia de gente con dinero, sus padres están por irse después de la comida, saludan a su hijo y a mí, la mujer me dice que estoy en mi casa y se despiden para ir a trabajar. Comemos ensalada y algo cuyo nombre no recuerdo pero es comida vegetariana, al parecer sus padres son vegetarianos, no sé cómo lo soporta, en éstos últimos meses viviendo en casa me he vuelto adicta a la carne.
Vamos al cuarto de Matías y empezamos a trabajar en la investigación de nuestro tema; pongo el celular en silencio porque Anahí no deja de enviar mensajes y me distraigo; Matías es agradable, en realidad me agrada mucho aunque aún mantengo algo de distancia con él, y nunca hablamos de temas comprometedores; él sabe que soy una mujer lobo, aunque lo descubrió después que yo, reaccionó alejándose y casi gruñendo, estuve a punto de gruñirle burlonamente pero me contuve pensando en que Carlos me había advertido no hacer nada para crear una mala relación. Al rededor de las 8 pm le sugiero que pidamos pizza porque aún nos falta mucho que hacer, para mí sorpresa la pide de carnes frías, pensaba que él, como sus padres, era vegetariano.
Mientras pienso en que podríamos poner en las dos páginas de la conclusión veo a Matías asomarse por la ventana y fruncir el ceño
- ¿Qué pasa?
- Una camioneta se está estacionando afuera.
Me levanto del piso, en donde estaba sentada recargada en la cama, y me acerco, a mí no me parece algo importante una camioneta pero parece que a Matías le resulta extraño. Cuando miro por la ventana veo a alguien salir de la camioneta, me siento empalidecer, es la camioneta de Carlos y es él quién camina hacia la puerta de entrada. Escucho como tocan la puerta y luego cuando se abre, activo mi super oído y lo dirijo hacia allá.
- Buenas noches, disculpe ¿aquí vive un chico llamado Matías?
- Buena noche. ¿Quién lo pregunta?- la voz de la madre de Matías suena cautelosa, un poco cortante.
- Soy el padre de una compañera, mi hija dijo que vendría a hacer un trabajo y venía a recogerla.
- ¿Cómo se llama su hija?
- Daniela Abigail.
- Oh, sí, está aquí; enseguida le digo que ya llegó por ella.
- Muchas gracias.
La puerta se cierra y escucho pasos, desactivo mi super oído.

Durante toda la conversación de los adultos, Matías me estuvo viendo con cara de "que pedo?" Y cada vez que intentaba hablar le hacía gestos para que se callara. Al escuchar a su madre caminar le digo que mi padre (en mi mente hago comillas con la palabra padre) vino a recogerme. Me siento de nuevo en el suelo.
- ¿Puedes terminar la conclusión sin mí?
- Claro...
Su madre toca la puerta antes de que Matías pueda decir algo más, él le abre la puerta.
- Hola chicos, Daniela tu padre está aquí.
- Oh, sí, gracias señora, ya voy.
Le sonrió y empiezo a guardar mis cosas en la mochila, ella se va.
Matías me acompaña a la puerta, así como su madre, al abrirla de nuevo veo a Carlos un poco alejado de la puerta, me sonríe y yo le sonrío..., noto algo raro en la sonrisa de Carlos.
- Hola, cariño.
- Hola.
Saludamos mientras salgo y nos abrazamos un poco.
- Adiós, Matías. Hasta luego, señora, gracias.
- Espero que mi hija no le halla dado ningún problema.- agrega Carlos, dirigiéndose a la señora.
- En absoluto.
- Bueno, muchas gracias, que pasen buena noche.
- Igualmente.
Al girarnos y dar un par de pasos escucho la puerta cerrarse. Casi llegando a la camioneta Carlos habla, en un tono bajo y enojado:
- ¿Por qué no contestaste mis llamadas?
»¿Eh? ¿Qué llamadas?« lo miro un poco extrañada. Toco por encima de la ropa mis bolsillos de la parte delantera y trasera del pantalón, no está; Carlos rodea la parte delantera de la camioneta y entra, yo hago lo mismo en el lado del copiloto, me siento y busco en la mochila, tampoco está.
- Mierda - digo entredientes, para que no me regañe.- Creo que lo perdí.
- Ese lenguaje. ¿Cómo que crees que lo perdiste?- habla mientras enciende el motor, haciendo énfasis en el "crees"- Ponte el cinturón.
Hago lo que me dice y vuelvo a buscar en la mochila para asegurarme de que no esté ahí. »Me rindo« saqué todo y no está, no sé en dónde lo dejé, paso la mochila a los asientos de atrás.
- Pues, no sé en dónde lo puse, la última vez que recuerdo haberlo visto fue cuando te mandé la dirección.
Carlos cierra los ojos un segundo y suspira, como pidiendo paciencia.
- Y supongo que no te sabes mi número como para haberle pedido prestado el teléfono a tu compañero y avisar que estabas bien.- comenta con sarcasmo, haciendo una mueca parecida a una sonrisa. En todo el tiempo que nos conocemos he perdido el celular dos veces, con este son tres, y como sé que los pierdo, tiendo a aprenderme de memoria algunos números telefónicos, como el suyo. Me muerdo nerviosamente el labio.
- Lo siento, no me di cuenta de la hora.
De hecho estaba tan centrada en terminar el trabajo que no me fijé en el reloj ni una vez.
Carlos conduce otro rato, vamos en un silencio tenso, al menos yo. No reconozco por dónde me lleva, vamos por un camino solitario, las únicas luces son las de la camioneta; quiero preguntar pero me da miedo hacerlo y que pueda enojarse más, decido mejor esperar a que él sólo se serene.
Nos detenemos a un lado del camino, un poco alejados de la orilla, tengo los nervios de punta y el tono de Carlos no ayuda.
- ¿Hablamos sobre esto aquí o quieres esperar a llegar a casa?
- Aquí. - contesto dudosa y un poco resignada.
Enciende el foquito que hay en el techo de la camioneta, de manera que ahora el interior de la cabina está iluminado.
- ¿Qué fue lo que te dije la última vez que pasaba de las 11 de la noche y no me respondías la llamadas?
- Humm..., Que no lo volviera a hacer - respondo lento, algo dudosa, ese día estaba un poco tomada y no recuerdo bien lo que sucedió.
- ¿Qué dije que pasaría si volvía a suceder?
Si antes no lo estaba viendo directamente, ahora agache la cabeza por completo muy interesada en el borde de mi playera.
- Daniela.
- De verdad lo siento, juro que no me di cuenta de la hora ni de qué no tenía el teléfono.- digo en voz muy baja.
- Daniela ¿Qué dije que pasaría?
Me muerdo nerviosamente la llema del pulgar izquierdo, intento contener las lágrimas, no quiero que pase lo que dijo que haría. Detengo el movimiento repetitivo que mi pierna empezó a hacer no sé cuándo. Carlos da un suspiro largo.
- Daniela...- su tono es duro, parece decir "estoy teniendo mucha paciencia contigo pero estás llegando al límite".
- Por favor..
Otro suspiro.
- ¿Recuerdas lo que dije?- Asiento- ¿Qué dije?- pregunta con voz dura. »Me rindo, terminemos con esto cuánto antes.« pienso abatida mientras una lágrima cae en mi playera.
- Que me darías una paliza.- no fueron exactamente sus palabras pero, bueno, la misma acción, además sonaría demasiado vergonzoso decir en voz alta que me daría de nalgadas hasta que no me pudiera sentar en días.
- Muy bien, baja.
Lo miro confundida, él se desabrocha el cinturón de seguridad y se baja; decido que es mejor obedecer, eso no me traerá más problemas; me bajo, él llega hasta mí y abre la puerta del pasajero, se sienta dejando una pierna fuera, recargada en el escaloncito y me hace señas para que me acerque, lo hago, con precaución, de nuevo me estoy mordiendo el labio. En una mano tiene un cinturón doblado a la mitad.
- Bajate el pantalón y a mis rodillas.
Lo miro incrédula, instintivamente doy medio paso atrás. Cierra los ojos y se aprieta el puente de la nariz con los dedos pulgar, índice y medio una mano, veo como aprieta la mandíbula y escucho, levemente, como de su pecho surge un pequeño gruñido amenazador antes de decir con voz contenida:
- Daniela, o lo haces tú o lo haré yo.- abre los ojos al terminar y me mira. Trago y comienzo a desabrocharme el pantalón, una vez desabrochado me acerco dos pequeños pasos a Carlos, él me toma de un brazo y me ayuda a acomodarme sobre sus piernas, ahora ambas a la misma altura; mis pies apenas tocan el suelo, el resto de mi cuerpo que no está sobre él está en el asiento. No necesito decirle lo vergonzoso que es esto para mí, él lo sentirá, porque por un momento es lo único que puedo sentir, y con demasiada intensidad.
Siento la sangre latir en la garganta, en las manos, en el trasero, veo como toma el cinturón que estaba a un lado de mi cabeza y con una mano sujeto el borde del asiento, la otra la hago un puño. Siento como me pone una mano entre los omoplatos y después mi pantalón bajando hasta la mitad de los muslos. Intento tranquilizar mi respiración, me concentro solo en eso.
PLAZ
Cierro fuerte las manos, los ojos, la mandíbula; siento escozor ahí donde el cinturón golpeó.
PLAZ  PLAZ  PLAZ  PLAZ
Me muerdo el talón de la mano. Tengo la respiración entrecortada y apoyo la frente en el asiento. Carlos me hace una pequeña caricia en la espalda con el pulgar, se detiene y los azotes se reanudan.
PLAZ  PLAZ  PLAZ  PLAZ  PLAZ
PLAZ
— Aghhh
Suelto un quejido ronco entre los dientes, algunas lágrimas escapan de mis ojos cerrados. Carlos tiene la mano pesada para castigar.
PLAZ  PLAZ  PLAZ  PLAZ
En los últimos cuatro no puedo evitar quejarme pero evito moverme todo lo que puedo, porque no puedo evitar que mis músculos se contraigan con cada nuevo golpe, todo mi cuerpo está en tensión.
Siento como una de las piernas de Carlos baja un poco y la parte de mi anatomía en dónde se encuentra el trasero baja un poco también, me levantaría pero aún me sostiene de la espalda; siento el pantalón deslizarse hacia arriba lentamente, aún así, cuando me roza el trasero y la parte alta de los muslos me pongo de nuevo en tensión y suelto un quejido bajo, cuando ya está en su lugar Carlos me hace suaves caricias circulares en la espalda y en el cabello, poco a poco me voy relajando.
- Ya está, cachorra, ya está.- susurra suave hasta que estoy completamente relajada y mi respiración es lenta y profunda.
- Intentaré no volver a perder el celular.- digo con una floja sonrisa de lado y los ojos cerrados.
- Cachorra, pasarán tres meses antes de que puedas tener un nuevo celular. No sé cómo haces para perderlos, tal vez no tener uno te haga ser más cuidadosa con ellos.
- Mmmmgh
Me quejo con desgana, será horrible no tenerlo.
- Y de casa a la escuela, y de la escuela a casa, sin salidas a ningún otro lugar, si necesitas hacer trabajos en equipo será en la escuela, o pedirlas prestado un teléfono para avisarme, por tres meses también.
- Mmmmgghh
- ¿Entendido?
- Mmh jumh- asiento levemente con la cabeza.
- Acomodate, te llevaré a casa.
Se desliza de debajo de mí y yo me acuesto en todo el asiento boca abajo, durante el camino intento no dormirme pero me la paso dormitando; al llegar Carlos me ayuda a bajar, no puedo caminar bien por el dolor. Me acuesto en una banca medio vacía, boca abajo, y me duermo deseando que la noche dure mucho.

una nueva manadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora