- Narrado por Zelda -
Una vez Link se asentó con nosotros en la Montaña de la muerte, lo primero que hice fue explicarle la existencia de Sheik. Sin embargo, no podíamos hacer que Link entendiera el por qué él y yo somos personas diferentes.
—Entonces... ¿eres una especie de ilusión? —preguntó Link extrañado.
—No. Link, por millonésima vez... Zelda usó la magia de la Trifuerza de la sabiduría para extraer una máscara. —dijo Sheik mostrando el dorso de su mano, donde se iluminó la mitad de la Trifuerza de la sabiduría. —Debajo de mi piel solo hay... luz.
—Ah... No, creo que sigo sin entenderlo.
Sheik molestó un poco, se levantó y se marchó dejándonos solos. Me reí por su actitud, y le dije a Link de una forma más sutil.
—Link... Con la energía de los sabios hace ya varios años, logramos extraer una parte de mi alma desde mi cuerpo, así podría salir sin riesgo a exponerme.
Link asintió con una mueca de gracia.
—Entendí a la primera, solo quería molestar a Sheik —ambos reímos un poco.
—Pues ahora estará más molesto contigo. Todo lo que yo sé, lo sabe él; y viceversa. —contesté, y él dejó de sonreír tanto.
De pronto, un soldado vino a decirle algo al oído a Link, el asintió y se levantó
—Perdón Zelda, me tengo que ir; Darunia necesita hablar conmigo. —dijo y se marchó.
- Narrado por Link -
Ambos nos encontrábamos en las ruinas de la Ciudad Goron, ver todo fue deprimente; no me imaginé cómo estaría Darunia.
—Tus escritos sobre el futuro fueron de utilidad. Pudimos impedir que revivieran al dragón Volvagia, o el congelamiento del dominio Zora. Aún así, aquí estamos los únicos que quedan...
—Lamento no preverlo todo...
—Para nada, muchacho. —negó Darunia con los brazos. —Leí tus escritos, sé que no soy el hermano que te juró lealtad, pero confío en ti.
—Gracias, Darunia.
Continuamos nuestro camino hasta volver a la entrada de Templo de Fuego, donde estaban los pocos soldados que quedaban, entrenando con espadas y lanzas.
—Link, sería bueno que entrenes aquí un tiempo. Los monstruos afuera son peligrosos, Stalfos, Lizalfos, y criaturas nuevas para nosotros; bokoblins.
—¿Bokoblins?
—Humanoides con cara de cerdo... Así que es mejor que tu cuerpo se acostumbre al peso de la Espada Maestra —asentí, y ambos regresamos con el resto del grupo.
«No creo que me haga falta acostumbrarme, pero será bueno entrenar.»
Realmente no cargaba muchas cosas, mi escudo, la espada sagrada, las pobres tres rupias en mi bolsa, el gancho, y unas cuantas bombas.
De pronto apareció Malon de entre los pasillos de piedra, algo acelerada y sonriéndome.
—Link... Si gustas puedo llevarte a tu habitación para que dejes tus cosas. —me dijo con sus ojos brillantes.
—Claro, Malon... —respondí algo sonrojado.
Estaba caminando junto a Malon por los pasillos que llegaban a las habitaciones de los más importantes, o sea Zelda, Sheik, Darunia, y demás; lo supe por las etiquetas en las puertas de madera.
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°- Mi Canción Preferida-° -Malink- Creador: Bokuro_Z
AdventureVuelvo a ser un niño luego de derrotar a Ganondorf, regreso a mi hogar en el Bosque Kokiri y miro la Ocarina que mi buena amiga Saria me habia regalado, la sostengo entre mis manos y decido tocarla. Toque el Arullo de Zelda, la Cancion de Saria y po...
