La luna se elevaba tras las dunas del desierto de Gerudo, poco a poco dando paso a la fría oscuridad. Las estrellas comenzaban a brillar con intensidad, y la calma del desierto parecía prometer una noche tranquila.
En una de las habitaciones de la fortaleza, Zelda permanecía sentada, solitaria, aparentemente perdida en sus pensamientos, viendo por la ventana. Desde que habían llegado al desierto, algo oscuro se agitaba dentro de ella, una sombra que susurraba en los rincones de su mente, alimentada por su creciente resentimiento hacia Malon. Aunque intentaba ignorarla, cada momento que pasaba parecía debilitar sus defensas.
Mientras los demás descansaban, el silencio de la fortaleza se rompió con un susurro apenas audible, como el eco de una voz en su cabeza.
—Ella te lo arrebatará todo. No puedes permitirlo. —Zelda se llevó las manos a la cabeza, tratando de ahogar las palabras.
—¡¿Eh?!
—Aún no es tarde para reclamar lo que es tuyo... —Su respiración se volvió errática, y un dolor punzante recorrió su cuerpo. —¡Link puede ser tuyo!
—Sí... ¡¡Lo será!!
El aire en la habitación se tornó denso y cargado, y entonces ocurrió. Un destello oscuro envolvió a Zelda, transformando su apariencia. Su vestido adquirió un tono negro azabache, su piel se oscureció como el carbón, sus ojos brillaron con un rojo intenso, y una aura malévola emanaba de ella.
—Alzate y reclama lo que es tuyo, ¡Dark Zelda! —Exclamó la voz.
Guiada por un impulso incontrolable, Dark Zelda abandonó su habitación y se dirigió hacia donde Malon descansaba mientras todos dormían. Salió de la fortaleza para ir a la siguiente entrada. El brillo tenue de la luna iluminaba su silueta mientras sus pasos resonaban suavemente en la arena. En su interior, un deseo oscuro y visceral la impulsaba: acabar con la amenaza que creía que Malon representaba.
Dark Zelda entró en la habitación de Link y Malon con un movimiento lento pero firme. En su interior, la joven pelirroja dormía profundamente, aunque le faltaba Time; se veía plácida, ajena al peligro inminente. Una enorme y delgada espada oscura se materializó en la mano de Dark Zelda, lista para ejecutar su plan. Sin embargo, antes de que pudiera actuar, una figura veloz como el viento se interpuso entre ella y su objetivo.
Sheik había estado alerta desde que sintió la energía oscura, y una desconexión con la mente de la princesa. Entró por la ventana y, sin dudarlo, bloqueó el ataque con su cuchilla corta, su mirada seria y decidida fija en Dark Zelda.
—¡No puedo permitirte que hagas esto, Zelda! —exclamó Sheik con voz firme, aunque en su interior sabía que enfrentaba una versión corrupta de su aliada. —No me obligues a lastimarte.
Dark Zelda soltó una risa amarga y cruel.
—Zelda ya no está aquí. Solo queda el verdadero poder, y Malon debe desaparecer.
La lucha estalló en la tienda, obligando a Malon a despertar; ella retrocedió aterrada. Sheik movía su cuerpo con precisión y agilidad, bloqueando los ataques rápidos y letales de Dark Zelda. La energía oscura de Zelda parecía aumentar con cada movimiento, y su fuerza superaba con creces lo que Sheik había imaginado.
En el caos, Dark, quien observaba todo desde lejos, esbozó una sonrisa satisfecha. Desde hacía tiempo, su objetivo era desatar el caos entre el grupo, y ahora, Zelda era la herramienta perfecta para lograrlo. Su silueta permaneció oculta entre las sombras, disfrutando del espectáculo.
Sheik finalmente logró sacar a Dark Zelda de la habitación con un rápido movimiento calculado, arrojándo su cuerpo por la ventana luego de bloquear de manera perfecta uno de sus cortes. Dark Zelda cayó de pie en el patio frontal de la fortaleza Gerudo, seguía siendo un peligro pero al menos podrían luchar sin poner en peligro a los demás.
—¡Zelda, pelea contra esto! —exclamó Sheik mientras saltaba desde la ventana del segundo piso hasta el campo de batalla.
Pero Dark Zelda no respondió. Su figura avanzaba como una tormenta imparable, lenta pero mortal, obligando a Sheik a luchar con todas sus fuerzas. Varios de los soldados se despertaron en medio de la pelea, muy confundidos por lo que veían. Además de algunos de los Links, que por la oscuridad de la noche, tampoco lograban entender quién era el atacante.
Pero de pronto Skyward fue corriendo a socorrer a Sheik, bloqueando un gran ataque de esa enorme espada que Dark Zelda sujetaba.
—¡¿Qué está ocurriendo?! —le preguntó Skyward a Sheik.
—¡Zelda perdió el control!
—¿Perderlo? ¡Ja! —comenzó a reír Dark Zelda. —¡Nunca me había sentido más en control en toda mi vida como ahora!
A lo lejos, entre las sombras de la fortaleza, Dark Link sonreía al ver cómo seguían los acontecimientos de acuerdo al plan, solo para después irse directo entre los pasillos de la gran estructura gerudo.
De pronto, Skyward quedó fuera de combate al recibir un fuerte golpe de la empuñadura de la espada de Dark Zelda, y en ese mismo movimiento, con la hoja de la misma, hirió de gravedad a Sheik en una pierna.
Varios fueron a intervenir en la pelea, pero el primero en llegar, fue sorpresivo, ya que llegó desde la espalda de Dark Zelda.
—¡Zelda, despierta! —era el Héroe del tiempo.
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°- Mi Canción Preferida-° -Malink- Creador: Bokuro_Z
AdventureVuelvo a ser un niño luego de derrotar a Ganondorf, regreso a mi hogar en el Bosque Kokiri y miro la Ocarina que mi buena amiga Saria me habia regalado, la sostengo entre mis manos y decido tocarla. Toque el Arullo de Zelda, la Cancion de Saria y po...
