El desierto rugía.
La tormenta mágica levantada por Nahira hacía que el cielo se viera rojo y púrpura, cargado de rayos que caían sin orden. A lo lejos, como una sombra monstruosa que se alzaba sobre las dunas, el Coloso del Desierto emergía con solemnidad, sus puertas abiertas como si esperara el último capítulo de la historia.
Las tropas hylianas llegaron hasta la base del coloso. Malon, protegida por los soldados, miraba el lugar con respeto y temor. Sentía la energía que emanaba desde el templo. No era solo magia... era algo antiguo, vivo.
Entonces, un estruendo desgarró el aire. El suelo tembló con fuerza. Un grito de guerra grave y bestial hizo eco desde una colina cercana, y de entre las sombras emergió Ganon: más colosal que nunca, con una musculatura grotesca y una armadura rota que apenas contenía el torrente de magia oscura que brotaba de su cuerpo. Sus ojos eran como fuegos blancos, ciegos de tanto poder.
—¡Links! ¡A la ofensiva! —gritó uno de los héroes del multiverso, empuñando su espada.
—¡Vamos! ¡Rodeémoslo! —gritó otro mientras desenfundaba su arco de luz.
Todos sabían que esa pelea era solo para contener. El verdadero objetivo estaba dentro.
—¡Tú no! —le dijo un Link a su versión principal, sujetándolo del brazo. —¡Ve tras Nahira! ¡Solo tú puedes con ella!
—Pero... —vaciló Link, viendo a sus compañeros prepararse para una batalla que sabían que podía costarles la vida.
—¡¡Ahora!! —gritaron al unísono.
Link apretó los dientes, asintió y se lanzó hacia la entrada del templo. El rugido de Ganon quedó atrás mientras las luces de las espadas y hechizos iluminaban la arena.
Dentro del templo, el aire estaba cargado de energía densa. Cada paso retumbaba en las paredes de piedra, y un silencio extraño dominaba el lugar. No parecía el corazón de una guerra, sino el de un juicio.
Link avanzó, con su espada en mano y el corazón latiéndole con fuerza. Fue entonces que lo vio. Justo en el centro del pasillo principal, frente a un espejo negro y siniestro que colgaba del techo como si flotara.
Dark Link.
Estaba de espaldas, mirando el reflejo en el espejo oscuro. No tenía su expresión burlona habitual. Solo su silueta rígida, su espada aún envainada. Al oír los pasos, se giró lentamente.
—Llegaste más rápido de lo que pensaba.
Link se detuvo en seco, apuntando con su espada.
—Hazte a un lado. No tengo tiempo para ti, Dark.
—Siempre tienes tiempo para mí. Después de todo... soy tú.
El silencio se hizo aún más denso. Link no respondió. Observó a su contraparte, pero algo estaba distinto. No lo sentía tan oscuro como otras veces. Había una tensión en sus ojos rojos, pero también una sombra de cansancio... y duda.
—¿Vas a impedirme llegar a Nahira? —preguntó Link, sin bajar la guardia.
Dark soltó una risa breve y amarga.
—Nahira no me creó, Link. No soy una sombra tuya traída por su magia... soy un tú de otra dimensión. Uno que cayó. Que eligió distinto. Pero últimamente... me pregunto si esa elección fue definitiva.
Link frunció el ceño.
—Entonces, ¿por qué sigues aquí?
Dark avanzó un paso. No con violencia. Con algo que casi parecía melancolía.
—Aunque no soy de tu mundo... encontré algo aquí que no esperaba. No en ti... sino en ella. En tu Malon. La forma en que me miró, como si todavía quedara algo de humano en mí... me hizo recordar a mi Malon.
Link frunció el ceño.
—¿La esclava?
Dark asintió con pesar.
—Ella siempre trató de alcanzarme, incluso cuando yo ya me había perdido. Me hablaba de redención, de elegir algo distinto... pero yo no quería escucharla. Creí que su esperanza era una debilidad. Hasta que vi a tu Malon. Vi en sus ojos el mismo fuego. La misma fe. Y fue entonces que lo entendí...
Se llevó una mano al pecho, como si algo dentro doliera.
—Ella nunca me vio como una sombra. Me vio como alguien que aún podía cambiar.
Link bajó un poco su espada, más atento que en guardia ahora.
—Y ahora... ¿quieres demostrar que puede tener razón?
Dark lo miró. Sus ojos rojos, antes fríos como el acero, brillaban con una intensidad nueva.
—No por ella. Ni siquiera por ti. Quiero hacerlo por mí.
Y entonces desenfundó su espada, no con odio... sino con propósito.
—Vamos. Nahira nos espera.
Link bajó un poco su espada, todavía en guardia, pero con un atisbo de comprensión.
—¿Vas a ayudarme?
Dark lo miró, sorprendido.
—¿Ayudarte? ¿A ti? ¿Al "verdadero héroe"? —repitió con un tono sarcástico, pero luego suspiró. —No soy un héroe, Link.
—Tal vez no... pero hoy podemos pelear del mismo lado.
Hubo una pausa. Un silencio cargado de todo lo que nunca se habían dicho. Finalmente, Dark desenfundó su espada. Esta vez, no como un enemigo. Sino como un igual.
—Ella está tras esa puerta. Vamos.
Link asintió. Y juntos, los dos reflejos del mismo destino, cruzaron el umbral.
La sala del corazón del templo era circular, y en su centro, de pie como una diosa rota, Nahira los esperaba. Sus ojos brillaban con una furia ancestral, y su cuerpo flotaba apenas por encima del suelo. Su poder era una tormenta contenida en carne.
—Vaya... —susurró, con una sonrisa peligrosa— el héroe y su sombra, juntos al fin. ¿Será este el destino que no pude escribir?
Link dio un paso al frente, espada en alto.
—Tu historia termina aquí, Nahira.
—No tan rápido —dijo ella, y alzando una mano, la oscuridad se alzó como una ola a punto de devorarlos.
Y la batalla final comenzó.
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°- Mi Canción Preferida-° -Malink- Creador: Bokuro_Z
AdventureVuelvo a ser un niño luego de derrotar a Ganondorf, regreso a mi hogar en el Bosque Kokiri y miro la Ocarina que mi buena amiga Saria me habia regalado, la sostengo entre mis manos y decido tocarla. Toque el Arullo de Zelda, la Cancion de Saria y po...
