Aproximadamente las 2:30 de la madrugada eran, y estaba acostada dando la espalda a Lyanno.
Mientras que mis lagrimas salían lentamente y mojaban la almohada.
Sollocé una vez al sentir mi nariz completamente tapada, pero ese simple gesto bastó para que Lyanno se despertara.
- Mami... - toca mi hombro -
- ¿Uh? - traté de disimular, y secar mis lagrimas -
- ¿Estas bien?
- Si.
- Gírate, quiero verte.
- Solo déjame descansar.
- Como digas.. - me da un beso en la cabeza y volvió a acomodarse en su sitio, en la otra esquina de la cama.
Pasaron varios minutos, y sequé mis lagrimas.
- Jefnier no merece tus lagrimas.. - escuché -
- Pensé que te habías vuelto a dormir.
- No puedo dormir sabiendo como estas..
Me giré y lo miré.
Curiosamente, la luz de la luna que traspasaba la cortina daba directamente a su mirada...
- Tienes que olvidarlo...
Respiré hondo y me levanté de la cama para treparme encima suyo y tocar con la yema de mis dedos sus labios.
- Hazme olvidarlo...- lo miré fijamente - eres el único que puede... concédeme ese favor.
Sus pupilas se dilataron dejándome ver el color marrón de sus ojos mientras un reflejo de luz le daba.
Agarró mi cintura suavemente e inclinó mi rostro para besarme.
Ahora solo puedo detenerme a pensar en la ansiedad que durante ese beso se acumularía en mi vientre, en esa sensación de cosquilleo que se iría derramando por mi cuerpo.
En como mi mente se subiría a un desenfoque donde lo único que sería capaz de percibir es el calor de su cuerpo contra el mío, de cómo la calidez de su respiración quema mi boca y de cómo mi alma sonríe nerviosa en cada beso que me daba.
Acaricio su espalda, y me embriago en su boca, dándole señales de deseo.
Fue un instante sin consciencia.
Sin mucha demora, nuestra ropa despareció.
Sentí mi intimidad completamente húmeda, y su miembro levantado.
Por lo qué, agarró mis piernas y las abrió.
Fue penetrándome muy suave, y mordiéndole el labio le hice saber lo que realmente quería...
El captó mis señales y empezó a penetrarme con más fuerza y más ganas.
Clave mis uñas en su espalda y gemí de placer a la vez que sentía como su mano frotaba mi clitoris.
Llenos de deseo no tardamos en llegar a nuestro primer orgasmo para seguidamente cambiar de posición.
Me agarró en peso y me puso contra la pared, sintiendo el placentero frío que tenía.
Esa brusquedad y dulzura que él tenía me excitaba.
Levanté mis piernas y las enrosque a sus caderas, mientras me mordía el cuello y los labios, e incluso llegó hacerme sangre en uno de ellos, para luego lamerlos con delicadeza.
Yo me desenvolvía en gemidos y suspiros exclamando su nombre.
Su juego lo hacía más interesante, nunca sabía donde acabaríamos follando como animales, pero, esa vez me descolocó por completo.
Llevándome nuevamente en peso, me sentó en el mármol frío de la cocina, se arrodillo ante mí, y me devoro por completo mi intimidad humeante..
introdujo dos de sus dedos y dibujaba círculos sin parar de mover su lengua retorcida por mis labios.
- No... no, no puedo más. - gemí con fuerza - voy a correrme..
- Hazlo para mi baby, que yo te vea. - pasó su lengua por mi clitoris haciéndome retorcer del placer -
Podía obsérvame en el gran espejo del cuarto de baño, y eso excitaba a mi masoquismo interno.
En el momento menos pensado explote de orgasmos, traté de apartarlo, pero el siguió lambiendo y succionando cada parte de mis jugos.
- No.. no. - gemí - ¡Lyanno!
Entré abrí mis labios y cerré mis ojos mientras caí para atrás liberándome del placer.
Cerré mis piernas y el se levantó frente a mi, para agarrar con sus manos mi mandíbula y besarme los labios.
- Mia, siempre lo fuiste. - susurra -
Lo miré y sonreí.
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