Capitulo 56

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Era el último día en que Gabriela estaría conmigo, el último día antes de que tomara el vuelo de regreso a Estados Unidos.

Habíamos pasado una semana juntas, poniéndonos al día y disfrutando de cada minuto, pero el tiempo se había ido volando, como siempre.

Mañana, ella se iría y yo quedaría aquí, sola con mis pensamientos, retomando la rutina que había estado tratando de llenar de nuevas experiencias.

De alguna manera, sabíamos que este último día debía ser especial, y, aunque yo quería quedarme en casa a descansar, Gabriela decidió que lo mejor sería salir a disfrutar de la noche.

- Vamos a salir, a olvidarnos de todo, a celebrar lo que hemos vivido aquí - me dijo con esa sonrisa tan suya, esa sonrisa que nunca sabía decir no a la aventura.-

Así que nos arreglamos, nos maquillamos, y nos preparamos para una noche de fiesta.

No sabía en ese momento que sería una noche que cambiaría todo, que me llevaría por un camino oscuro y que me haría cuestionar muchas cosas que creía saber.

Mientras recorríamos las calles hacia el club, me sentía ligera, como si todo lo que había vivido en los últimos meses estuviera finalmente quedando atrás.

Me sentía lista para dejar todo lo que me había dolido en el pasado, especialmente a Lyanno. Era como si esa noche fuera la última oportunidad de liberarme de él, de cortar los lazos invisibles que aún me ataban a su recuerdo.

La música del club me envolvía, las luces de colores creaban una atmósfera que invitaba a olvidarse de todo. El alcohol empezó a hacer su efecto y con cada trago me sentía más suelta, más despreocupada.

Empecé a bailar, a reír, a hablar con desconocidos, a perderme en la multitud. Fue entonces cuando conocí a varios hombres, algunos atractivos, otros no tanto, pero había algo en su mirada, algo que me atraía, algo que me impulsaba a seguir adelante, a olvidar.

No solo me atrajeron físicamente, también me sentí atraída de una manera más primitiva, más visceral, y eso me aterraba un poco. Pero a esa altura de la noche, ya no me importaba tanto lo que sentía.

Intercambié números con uno de ellos. Un tipo alto, de ojos oscuros y sonrisa fácil. Me dio su número como si fuera lo más normal del mundo.

Fue todo tan rápido, tan impulsivo. "Es hora de dejar a Lyanno atrás", pensé, aunque en el fondo de mi mente sabía que no estaba listo para olvidarlo del todo, ni siquiera de la manera más superficial. Aun así, trataba de convencerse a mí misma de que todo esto era parte del proceso de curación, de seguir adelante.

Irónicamente, cuando me detuve a pensar en eso, en lo que estaba haciendo, fue Lyanno el que volvió a mi mente.

No pude evitarlo.

No pensaba en Jefnier, quien había sido mi pareja oficial, ni en lo que compartí con él.

Jefnier ya estaba completamente superado, aunque de alguna manera me parecía una especie de recuerdo lejano, casi borroso.

Pensar en él no me causaba nada, ni rabia ni tristeza.

Pero Lyanno... él siempre volvía a mi cabeza, y ahora, mientras intercambiaba números con extraños, me encontraba pensando en él.

Es tan irónico, pensé.

Aquí estaba yo, en la fiesta, pretendiendo olvidar a alguien que aún seguía presente en cada rincón de mi mente.

A medida que avanzaba la noche, la mezcla de alcohol y adrenalina me hacía sentir que estaba en un sueño.

No tenía mucho control sobre lo que hacía, pero en el fondo no me importaba. La sensación de perderme, de olvidar todo por un momento, se sentía casi liberadora.

Sin embargo, algo empezó a cambiar en mi interior cuando salimos del club y tomamos el taxi de vuelta a casa.

De repente, noté algo en Gabriela. Ella estaba extraña, en silencio, mirando por la ventana sin decir una palabra.

Pensé que quizás era porque sabía que al día siguiente se iría, y que ese sentimiento de despedida la estaba afectando.

O tal vez estaba borracha y su mente divagaba por otras cosas. Pero algo en su actitud no me gustaba.

Algo no estaba bien.

Cuando llegamos a mi apartamento, me ayudó a bajar del taxi, pero su rostro estaba tenso, los ojos brillosos.

Al entrar, apenas cerramos la puerta, Gabriela rompió a llorar desconsoladamente.

Al principio, intenté calmarla, pensando que era la despedida, el hecho de que mañana ya no estaríamos juntas.

- Te voy a extrañar tanto - me dijo entre sollozos, pero había algo en su tono, algo que no sonaba a tristeza, sino a culpabilidad. -

- Gabriela, ¿qué pasa? —le pregunté, confundida, mientras la ayudaba a sentarse en el sofá—. ¿Por qué estás llorando así?

Me miró con los ojos llenos de lágrimas, como si estuviera luchando contra algo interno, algo que no podía sacar. Luego, entre sollozos, murmuró palabras que no entendí al principio.

—No merezco tu amistad... No lo merezco... —repitió una y otra vez, como si esas palabras estuvieran atoradas en su garganta, como si no pudiera evitar decirlas.

La miré, completamente perdida. ¿A qué se refería? ¿Qué había hecho para sentirse así?

—¿De qué hablas, Gabriela? —pregunté, desesperada por entender. Mi mente no podía procesar lo que estaba pasando. ¿Por qué decía eso? ¿Por qué ahora, después de todo lo que habíamos vivido juntas?

Ella no respondió de inmediato, solo seguía sollozando. Me senté a su lado y traté de calmarla.

—Solo... solo necesitas descansar, estás borracha —le dije, intentando dar sentido a lo que sucedía. Pero ella me miró con los ojos hinchados y, finalmente, sus palabras salieron de sus labios como una confesión que no podía guardar más.

—Me acosté con él... me acosté con Lyanno.

En ese momento, el mundo se desmoronó. Mi mente no podía procesar lo que acababa de escuchar. Me quedé en shock, mirando a Gabriela, incapaz de reaccionar.

Mi corazón dio un vuelco y algo en mi pecho se rompió de una forma tan profunda que me costaba respirar. Gabriela, mi mejor amiga, mi hermana, había sido capaz de hacerme esto.

Había traicionado mi confianza de la forma más dolorosa posible.

—¿Qué? —musité, con la voz quebrada, sintiendo una oleada de lágrimas recorrerme. —¿Por qué lo hiciste, Gabriela?

Ella lloraba con más intensidad ahora, como si esa confesión la hubiera roto también. Sus palabras no eran suficientes para calmar el huracán de emociones que se desataba dentro de mí.

Todo el dolor que había intentado evitar durante tanto tiempo regresó con más fuerza, pero esta vez no venía de Lyanno. Venía de ella, de la persona en quien más confiaba, de la que se suponía que nunca me traicionaría.

—Lo siento tanto... No sé en qué estaba pensando, no sé cómo pasó... —susurró, pero su disculpa no alcanzaba. No alcanzaba para borrar el daño.

Entre nosotros || Lyanno Donde viven las historias. Descúbrelo ahora