Capitulo 59

259 15 1
                                        

Cuando la puerta se cerró detrás de él, un vacío inmediato me envolvió. El sonido de la cerradura me cortó el aliento, y me dejé caer al suelo, derrotada.

Mi espalda golpeó el frío de la madera, pero ni siquiera sentí el impacto. Estaba completamente vacía, un nudo doloroso se instaló en mi pecho, y la rabia, la tristeza y el cansancio se mezclaban en una tormenta que ya no sabía cómo controlar.

Mi cabeza estaba a punto de estallar. Las lágrimas comenzaron a acumularse, amenazando con desbordarse de mis ojos, pero antes de que pudieran caer, algo dentro de mí se despertó.

Esa voz, esa pequeña y débil voz interior que siempre había intentado ignorar, me gritó que lo detuviera, que no dejara que esto fuera lo último.

Me levanté, tambaleándome ligeramente, sin pensar, solo dejándome llevar por un impulso que ni yo misma entendía.

Él estaba a punto de marcharse, caminando por el pasillo con esa actitud de quien ya lo ha intentado todo y sabe que no hay nada más que hacer.

Y, sin embargo, ahí estaba yo, casi rendida, pero luchando por no dejar ir lo que quedaba de mí, lo que aún sentía por él.

Corrí tras él. No sabía si era una idea sensata, o si estaba a punto de cometer otro error, pero mi cuerpo, mi alma, me pedían hacerlo. Lo alcancé justo cuando puso su mano en la perilla de la puerta.

Tomé su brazo con fuerza, como si, al tocarlo, pudiera aferrarme a algo real, a algo que aún tuviera sentido.

Me puse frente a él, y nuestra mirada se encontró de nuevo, aunque esta vez ya no era tan desafiante ni tan cargada de rabia. Fue algo más vulnerable, casi como si ambos estuviéramos al borde de rompernos.

No podía dejarlo ir. No en ese momento. No cuando todo dentro de mí gritaba por un poco de consuelo, por una mínima muestra de cariño que me sacara de esa oscuridad que me estaba tragando.

Y sin pensarlo más, me acerqué y lo abracé con fuerza. Era un abrazo que no sabía si era por él o por mí, pero lo necesitaba. Lo apreté contra mi cuerpo, buscando algo de paz, algo de calidez.

Mis brazos lo rodearon con tal intensidad que me dolía, pero no me importó. Solo lo necesitaba cerca, a su lado, aunque sabía que todo estaba roto.

—Quédate... por favor —le susurré contra su pecho, mientras sentía las primeras lágrimas cayendo por mis mejillas. No pude evitarlo, las lágrimas llegaron al fin, tan fuertes que apenas podía respirar entre cada sollozo. —Te necesito, por favor... quédate.

Me sentí humillada. Cada palabra que salía de mis labios me hacía sentir más vulnerable, como si todo lo que había dicho antes, todo lo que había defendido, no tuviera sentido.

Pero en ese instante, todo lo que mi corazón quería era él. Y aunque mi mente me gritaba que no podía seguir en ese ciclo de dolor, mi cuerpo y mi alma no querían soltarlo. No quería estar sola en este caos, no ahora, no cuando todo se sentía tan incomprensible.

Él no me respondió de inmediato. Se quedó inmóvil, como si no supiera qué hacer con mi súplica. Sus manos, al principio tensas, finalmente se relajaron.

Sentí cómo su respiración cambió, se hizo más profunda, como si algo en él también estuviera cediendo. No dijo nada por un largo momento, pero yo seguía allí, aferrada a él, buscando consuelo, buscando algún tipo de respuesta. Lo necesitaba de una manera que ni siquiera yo misma comprendía.

Finalmente, después de lo que me pareció una eternidad, me susurró, apenas audible, en ese tono que siempre tenía cuando estaba perdido, cuando no sabía qué hacer con sus propios sentimientos.

—No deberías estar haciendo esto... —sus palabras eran suaves, pero con un tinte de duda, de temor, como si no quisiera arrastrarme más hacia este caos que habíamos creado juntos.

Pero no me aparté. No quería hacerlo. En ese momento, no me importaba la lógica, no me importaba lo que debía o no debía hacer. Lo único que quería era que me sostuviera, aunque fuera un segundo más. Lo necesitaba, incluso si me estaba destruyendo a mí misma al admitirlo.

—Te lo pido... quédate —repetí, ahora con una desesperación en mi voz, con el alma abierta, completamente vulnerable ante él.

Me sentía rota, pero al mismo tiempo, algo dentro de mí seguía aferrándose a esa esperanza tonta de que, si él se quedaba, todo podría, de alguna manera, solucionarse. Aunque sabía que eso no era verdad.

Él cerró los ojos por un momento, respiró hondo, y finalmente, con un suspiro pesado, me abrazó de vuelta.

Fue un abrazo débil, titubeante, como si él también estuviera atrapado entre lo que sentía y lo que sabía que no debía hacer.

Pero era suficiente.

Era lo que necesitaba en ese momento.

Sin embargo, mientras nos quedábamos en ese abrazo, las dudas seguían rondando mi mente. Sabía que esto no solucionaba nada, que ni él ni yo habíamos sanado lo que estaba roto.

Pero por una vez, en medio de todo el caos, me dejé llevar por lo que mi corazón quería, aunque fuera por un breve momento de consuelo.

En ese momento de absoluto silencio, levanté la vista y allí estaba él, con aquella mirada de tonos castaños, la misma que, años atrás, había logrado enamorarme.

Sin pensarlo, mis labios buscaron los suyos, como si una fuerza invisible me guiara hacia ese instante.

Y cuando finalmente se encontraron, encajaron con una perfección que no parecía de este mundo, como dos piezas de un rompecabezas perdido que habían estado esperando toda una eternidad para reunirse.

El tiempo pareció detenerse, y en ese silencio solo existíamos nosotros, unidos en un beso que hablaba de todo lo que las palabras nunca podrían expresar.

Sentí un temblor recorrer mi cuerpo, un calor desconocido que encendía cada rincón de mi ser.

Mi corazón, en ese momento, se encogió con una mezcla de vértigo y anhelo, como si supiera que acababa de cruzar un umbral del que no habría regreso.

Y entonces lo entendí, como quien despierta de un sueño para encontrarse atrapado en otro aún más profundo.

Era tarde, terriblemente tarde.

Ya me había enamorado.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Dec 08, 2024 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Entre nosotros || Lyanno Donde viven las historias. Descúbrelo ahora