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Ajusté mi fuerza sobre la baranda cuando vi a Oikawa meter un punto por saque, pero cuando lo vi girarse en mi dirección, y guiñarme el ojo, los de la asociación de vecinos tuvieron que sujetarme uno de cada brazo al intentar subirme al fierro que nos separaba de la cancha.

-QUE NO TE AGARRE CABEZA DE PORONGA PORQUE TE PARTO LA JETA AL MEDIO HASTA QUE TE QUEDE MARCADA LA SUELA DE LA ZAPATILLA- vi de reojo como el guardia estaba por acercarse hacia nosotros, así que me alejé un par de pasos, levantando las manos a la altura de mi pecho -Ya, ya me calmé- al ver como se giraba nuevamente, luego de dedicarme una mirada amenazante, volví a acercarme a la baranda, clavando la mirada en la partida.

-Realmente lo vives casi tanto como ellos, Akaihana-kun- el de lentes me miró con una sonrisa ladeada divertida, mientras yo bajaba la visera de la gorra, que se me había subido en el revuelo.

-Podría decirse que los acompañé desde el primer día- debajo de la tela armada, llegaba a verse la amplia sonrisa que le devolvía, al recordar aquellos días.

-Ya veo, Ukai me dijo que tu eras una especie de entrenadora antes de que él llegara- no pude evitar reír suavemente ante sus palabras, con la mirada fija en la cancha.

-Podría decirse, si. Mi padre era jugador profesional cuando yo era pequeña, y llegó a explicarme bastante a fondo toda la técnica. Hoy a día apenas lo recuerdo, fue hace muchos años, pero una vez que lo aprendes, simplemente sabes lo que tienes que hacer frente a una red- pareció que mis palabras dejaron en claro que, hoy en día, él ya no estaba entre nosotros, ya que no siguió comentando nada.

-Esto no va bien- cuando el rubio hizo esa observación, yo ya tenía las uñas entre mis dientes, mordisqueandolas con nerviosismo. Si algo llegara a pasar...

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Me quedé tiesa en las gradas, aflojando mi agarre en la baranda, viendo como la pelota chocaba contra el piso, y escuchando el pitido que indicaba que el Aoba Johsai había ganado. No podía reaccionar, no podía ir a contenerlos, la imágen de como bloqueaban el remate de Hinata se mezclaba con el punto que hice que perdieramos en la final, y no podía salir del estado de shock.

Sabía que tenía que contenerlos, animarlos, pero sentía un tremendo peso en el fondo de mi pecho. Luego de verlos entrenar tanto, dejandolo todo desde temprano en la mañana hasta altas horas de la noche, mejorando una y otra vez, y sin embargo habían perdido. Y como si no fuera suficiente, era el último partido de los de tercero. Ninguno miraba en mi dirección, y lo agradecía, ya que todavía no sabía que cara poner ante la situación.

Me despedí de los de la asociación de vecinos con la mirada, y salí de ese lugar, encaminandome al lugar donde encontraría a los chicos. ¿Qué les puedo decir?¿"Buen partido"?¿"Hay equipos en la universidad"?¿"Si quieren le rompo todos los dientes a Oikawa"?.

Llegué frente a los chicos, y me quedé tiesa, sin saber qué hacer. Parecieron notar mi presencia porque se giraron hacia mi, y vi como Tanaka y Noya corrían en mi dirección, saltando a mis brazos mientras lloraban desconsolados. Continué caminando, rodeando a cada uno con uno de mis brazos, mientras miraba a Daichi. Tanaka y Noya vieron a Shimizu y salieron corriendo hacia ella, mientras yo mantenía la mirada en el castaño, saltando finalmente a sus brazos, sosteniendolo con fuerza.

Me separé finalmente, dedicandole una pequeña sonrisa y limpiando algunas lágrimas que caían por su rostro, para luego alejarme, mientras todos nos dirigiamos nuevamente al bus. El camino fue silencioso, pero no podía culparlos, ni animarlos. Tenían que lidiar con el sabor amargo que les había quedado en la boca, al menos hasta llegar a la escuela.

Cuando me subí al bus, caminé hasta el fondo, dispuesta a sentarme con Asahi-san, esperando que fuera el más silencioso, hasta que sentí como alguien me agarraba de la muñeca con suavidad, provocando que me girara hacia él.

Me encontré con los ojos azules de Tobio, aunque él no pudiera ver los míos, y sin necesitar que dijera nada, tomé asiento a su lado. Al ver como me soltaba rapidamente, desviando la mirada hacia la ventana, no pude evitar esbozar una pequeña sonrisa, clavando la mirada en el asiento de en frente. Parecía un niño pequeño, que simplemente necesitaba la compañía de alguien, por lo que me limité a ser eso para él.

Había pasado media hora desde que el bus partió, y aunque él había caído dormido sobre mi hombro al primer minuto, yo mantenía la mirada en la ventana, viendo el exterior pasar con velocidad, aunque mi mente estuviera en otro lado. No podía conciliar el sueño, seguía repasando todo el día una y otra vez, desde la emoción y nervios de todos al principio, hasta como casi me quedé sin voz cantando los puntos en el medio del partido, y como no había vuelto a usarla desde aquel último punto.

De pronto pareció que el bus pasó sobre algún tipo de bache, que hizo que se moviera bruscamente, por lo que por reflejo sostuve la cabeza de Tobio con suavidad, intentando que no despertara del sueño profundo en el que se encontraba. Sin embargo, cuando ya había vuelto al ritmo normal, mantuve mi mano en el lugar, comenzando a acariciar su cabello con toda la delicadeza que me era posible. Su cabello azabache era suave y de hebras finas, lo que permitía que mis dedos se deslizaran con facilidad entre ellas. Suspiré, cerrando los ojos y alejando mi mano lentamente, hasta que sentí como me tomaba de la muñeca, volviendo a colocar mi mano sobre su cabeza, mientras yo tenía los ojos abiertos de par en par.

Sonreí de lado e iba a abrir la boca para burlarme de él, hasta que caí en cuenta de que Kageyama Tobio, el chico que parecía no entender que eran los sentimientos, me había pedido inconscientemente que continuara haciendole mimos, y no pude evitar sonreír.

-Es raro- escuché su susurro con voz ronca, y justo cuando iba a contestarle que probablemente se estaba abriendo por lo que había pasado, continuo -A esta altura del viaje ya tendría que tener toda la cabeza babeada y despertarme por tus ronquidos- mi sonrisa se borró de golpe, alejando mi mano y moviendo el hombro para que se levantara, cruzandome de brazos y desviando la mirada.

-Yo no ronco- me quejé en el mismo tono bajo que él, y sentí como me quitaba la gorra con suavidad, lanzandola sobre su mochila y acostando su cabeza nuevamente en mi hombro.

-Si lo haces, pero no me molesta- me giré a verlo con una ceja arqueada, hasta que escuché su respiración pausada, y como parecía recargar su peso sobre mi hombro, y terminé por suspirar, apoyando mi cabeza sobre la suya con suavidad.

¿En qué momento Tobio se había convertido en esta cosa suave que no le molestan las cosas y necesita atención?

red cap | t. kageyamaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora