Han pasado 19 años desde la guerra que le puso fin al terror de Voldemort. Harry está felizmente casado con Ginny y tienen tres hijos, de los cuales dos asisten a Hogwarts. Severus Snape murió en el ataque de Nagini, tanto James como Albus tendrán i...
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¿Qué significaba todo eso?
—Imposible.
—No ha hecho movimientos. ¡¿Puede ser verdad?! —cuestionó visiblemente emocionado.
—Quédate aquí. —murmuró al tiempo que guardaba su varita y tomaba el pergamino de manos de su hijo.
—Te acompañaré.
—¡No! —la voz le salió lo suficientemente fuerte como para que el león se sobresaltara en un respingo, sintiendo una pesadez desconocida que no supo identificar como el flujo nervioso de la magia del mayor—. Quédate aquí y espera a Albus, no quiero que salgas hasta que regrese.
—Está bien...
∆
Los pasos del Auror surcaron furiosos los pasillos, hasta encontrarse en lo más alto de esa Torre en donde Albus comenzaba a guardar sus libros.
—Necesito que me dejes a solas con el profesor Snape, James está esperando por ti en mi salón. Quédate allí hasta que vaya por ustedes. —la vista siquiera descansó en el niño, quién se sintió repentinamente fuera de lugar, no sabía que había sucedido, pero su instinto le aconsejaba guardar silencio, no era el momento propicio para un planteo. Ello sumado a que el cambio en el ambiente lo estaba asfixiando, había leído sobre eso hacía apenas una semana, pero estaba seguro que era a lo que el libro describía como "flujo inconsciente de magia desprendida por magos sumamente poderosos", además cuando le preguntó a Snape, éste le confirmó que su padre era capaz de tener esa reacción, y que pronto debería comenzar a trabajar en escudos protectores.
—¿A qué debo su apacible visita, Potter?
—¿Qué significa esto? —preguntó apenas desapareció el niño, mientras abría el mapa señalando el nombre del espía.
—¿No está algo mayor para jugar con eso?
—Responda. —la compleja figura en el centro de la habitación que asemejaba planetas chirrió ante el nuevo flujo mágico.
—No tengo porqué darle explicaciones.
—¿Está vivo? —la primer esfera perdió su forma al hundirse uno de los anillos.
—No del todo, y no es asunto suyo. —sabía que los destrozos provocados no eran adrede, pero la magia era un reflejo de su dueño, quien captaba generalmente la atención.
—¿Cómo es eso?
—¿Debo repetirlo?
—¡Nos ha estado mintiendo.
—No.
—¿Cómo puede negarlo?
—No estoy muerto ni vivo. —se defendió ante la acusación previa.