Han pasado 19 años desde la guerra que le puso fin al terror de Voldemort. Harry está felizmente casado con Ginny y tienen tres hijos, de los cuales dos asisten a Hogwarts. Severus Snape murió en el ataque de Nagini, tanto James como Albus tendrán i...
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—¡Lily!
—¿Sí? —le cuestionó a su padre con aire inocente.
—¡Papá te ha dicho que no debes decirlo! —recriminó el Slytherin.
—¡¿Por qué no si el es mi-
—¡Lily!
—¡Papá!
—No en los pasillos, además no sabes si al profesor...
El intento de Harry de advertir a la niña que no sabía si aquel título podría desagradarle a Snape, fue cortado por la quimérica carcajada que vino de este mismo, tan profunda y grave, pero su mirada al retornar se hallaba humedecida; era algo que Harry jamás olvidaría, aún así, sin entender bien la razón, provocó que la cristalización propia lo acompañara. Harry guardaba inmensas ganas de soltar toda la angustia que acumulaba momento a momento y llorar de una buena vez, pero al mismo tiempo lo invadió una dicha que fue incapaz de describir, un tipo de conexión.
—Un gustó Lily, es una pena lo de tu apellido. —comentó en tono coloquial.
—Él me agrada.
—Creo que James sí tenía razón.
—Niños, no deberíamos estar en los pasillos manteniendo esta conversación.
—Si gustan podríamos ir a las mazmorras, a mis dormitorios. —ofreció el mayor.
—Claro, vamos allí.
Minerva había dispuesto en todo ese tiempo que las habitaciones de Snape permanecieran intactas, junto con su despacho, aunque por obvias razones no pudo hacer lo mismo con el laboratorio, ya que al inicio del ciclo siguiente fue ocupado por un nuevo profesor, quién se había maravillado por lo meticuloso y surtido del lugar. Tanto a ella como al resto de los profesores, aún después de tantos años, extrañaban a su huraño compañero, al cual sentía que no supieron apreciar en medio de su sacrificio.
Los dormitorios estaban continuos al despacho que Harry tan bien había conocido durante sus detenciones, habían pasado años desde que puso un pie allí, pero al entrar y por un instante dejo de ser profesor para volver a entrar en la piel del alumno. Era exactamente igual a como lo recordaba, los elfos recibieron órdenes de no mover absolutamente nada de su lugar de origen, solo el aroma lo hizo volver en sí, olía distinto y estéril, el lugar ya no estaba impregnado en el aroma amaderado con una indescriptible mezcla de pociones. Snape se posicionó tras el escritorio, en un pomposo marco de acabados barrocos, que contrastaba con lo austero del despacho, por su parte los Potter se sentaron uno al lado del otro, justo frente a él.
—¿Ya estamos lo suficientemente alejados? —espetó la niña.
—Ya. —afirmó el Auror, tras una fluorita con la varita, impidiendo que su conversación fuese escuchada por oídos extraños.
—Bien. —la pequeña pelirroja se acomodó al filo de la silla, había visto el rostro del hombre en los periódicos que su padre guardaba, pero esto era distinto, podría dejar de verlo a través de fotografías como lo hacía hace meses. Luego de que James y Albus supiesen la verdad había sido su turno. Ginny la había opoyado con manos entrelazadas mientras Harry pronunciaba las palabras, la niña no podía creer que tenía frente a sí a quien respondería a la pregunta que rondaba incesantemente en su interior—. Entonces...¿puedo llamarte papá?